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Bernardo Aja, el fotógrafo fisgón

Casa de América acoge una exposición del artista en la que retrata la decadencia de antiguas familias acaudaladas de Hispanoamérica.

  • La serie «EntreMuros» reúne fotografías en blanco y negro
    La serie «EntreMuros» reúne fotografías en blanco y negro

Tiempo de lectura 2 min.

11 de enero de 2019. 03:37h

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G. P..  11/1/2019

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Ver trabajar a Bernardo Aja, un cántabro que ha hecho gran parte de su carrera en Hispanoamérica, es una gozada. Él tiene claro lo que quiere, dirige a los protagonistas, los coloca una vez, los vuelve a colocar, los mira, piensa, se ensimisma. Y dispara. Por fin. Y lo hace muchas veces en blanco y negro, como en la serie bellísima que ahora presenta en Casa de América, «EntreMuros», que ha viajado ya por el mundo y que ahora recala en Madrid. Aja, de apellido efímero, tan corto como un disparo de cámara, gasta parte de su vida en México, un país que es un oasis de imágenes que retratar, un vergel de rostros que piden a gritos sin decir una palabra salir de una anonimato que, no obstante, nunca abandonarán. Durante mucho tiempo fue la sombra de Fujimori, se convirtió en su fotógarfo de confianza, su retratador oficial. Y le siguió por medio planeta. En Perú comenzó a construir esta galería que ha traído a la capital.

Desde 1999 el artista ha abierto la puerta de salones y salitas, ha husmeado con su cámara en el interior de las otrora grandes residencias de Cuba, Filipinas, México, Portugal, hoy casas venidas de menos a más. Él mismo define lo que podría ser un trabajo casi de antropología. Y defiende que detrás de esas imágenes, ni hay trampa ni hay cartón ni hay actores que interpreten nada: «Todos los personajes que aparecen son reales, no hay ciencia ficción. Aunque pueden parecer marcianos, son normales; sin embargo, están dentro de una coyuntura cultural y una realidad más o menos ajena, pero que existe», dijo ayer. Aunque pueda parecer imposible, ahí están los Aliada para dar testimonio, una familia cuyos miembros llevan cientos de años sin cambiar de apellido y viviendo en la misma casa limeña. Una institución.

Sin perder detalle

Hay que mirar estas imágenes con detenimiento, cada rostro, cada detalle, saberlos ver, porque esconden mucha historia. Como la del aparador que ilustra esta página y los objetos que lo adornan. O esa pared repleta de dibujos de actrices de Hollywood a la moda. El perro y su amo, ambos sentados en un sofá que parece estar a punto de perder las tripas, ambos de perfil, ambos en una pose tan distinguida. O los niños tumbados en un suelo de damero. O la pareja que se da la mano en lo alto de una escalera, los dos tapados con una gasa (son varias las figuras tapadas, una de ellas, un hombre de rasgos asiáticos, hasta con un plástico) en lo que es una de las señas del artista, su juego con la luz y las texturas. Otra de las características de Aja es la teatralidad, ese beber y vivir del surrealismo de la literatura hispanoamericana, «tanto que casi lo puedes tocar», señala. Y en mente su ya nuevo trabajo, «Agnosis», protagonizados por de-saparecidos en México.

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