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«En mil pedazos»: Adicción a la vida

  • «En mil pedazos»: Adicción a la vida

Tiempo de lectura 4 min.

13 de septiembre de 2019. 03:07h

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Carmen L. Lobo 13/9/2019

Directora: Sam Taylor-Johnson. Guión: S. Taylor-Johnson y Aaron Taylor-Johnson. Intérprete: A. Taylor-Johnson, Charlie Hunnam, Billy Bob Thornton. EE UU, 2018. Duración: 113 min. Drama

«Días de vino y rosas», «Drugstore Cowboy», «Living Las Vegas», «Mañana lloraré», «El hombre del brazo de oro», «Días sin huella»... Con mayor o menor fortuna, el cine ha sentido siempre cierta debilidad por las historias de esos hombres y mujeres abocados al infierno de las drogas, por seres cuya adicción han acabado por destruirlos, o casi. De hecho, en diciembre aterriza en España «Judy», la esperadísima película con Renée Zellweger en el papel de la Garland, otra víctima mortal de los estupefacientes, durante los últimos y desastrosos años de su vida. «En mil pedazos» se suma ahora a esa larga lista de títulos para presentar la historia de James Frey (de hecho, la cinta se basa en la obra homónima escrita por el propio autor y bloguero estadounidense), que durante los primeros minutos del filme nos muestra hasta qué punto estaba literalmente matándose (ahogando el hígado, destrozando los riñones, el corazón...) con el consumo de crack y alcohol sobre todo cuando su hermano decidió ingresarlo en un centro de desintoxicación basado en los famosos «Doce pasos». Porque ni uno derecho podía dar ya Frey. En honor a la verdad, el arranque acoge las escenas más brutales, más duras (con un Aaron Taylor-Johnson desnudo y pasado de rosca que sufre un aparatoso accidente mientras sigue colgado; al cabo, otro más en una vida llena de peleas, de mujeres abandonadas, de hematomas, de arrepentimientos provocados por el continuado abuso) en una producción que, sin embargo, paulatinamente va perdiendo fuerza, intensidad y nervio. Rodeado de otros tipos tan enganchados como él mismo, (con especial mención a Leonard, que encarna de manera muy histriónica y estrafalaria Billy Bob Thornton), y una joven indefensa que intenta salir también de ese mundo, Frey rechaza cualquier tipo de ayuda en un principio aunque paulatinamente, gracias al amor que siente por esa joven, decide intentarlo y vivir los años que le quedan sobrio. El mayor problema reside en que la película se torna en exceso repetitiva, monótona y elige un ritmo más parecido al de un telefilme de esos que, si mientras lo emiten te quedas dormido, no pasa nada porque hay docenas iguales. Parece mentira que, con lo que ha llovido, las historias de aquellos pobres enfermos encarnados de manera magistral por Jack Lemmon, Lee Remick, Frank Sinatra, Ray Milland o Susan Hayward posean más verdad, más averno y dolor que la que nos ocupa. Quizá en aquellos años los espectadores aguantaban más y mejor la realidad.

Lo mejor

Billy Bob Thornton en la piel de un estrambótico drogadicto; quizá sea porque en el pasado quizá abusó de alguna sustancia

Lo peor

Da la impresión de que se queda muy corta al reflejar el infierno que vivió James Frey durante sus años de adicción a las drogas

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