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Jorge Volpi: «La verdad ha sido secuestrada por completo»

Publica «Una novela criminal», basada en el caso real de un secuestro en México que acabó enfrentando a los gobiernos de Sarkozy y Calderón

  • Jorge Volpi
    Jorge Volpi / Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 4 min.

13 de marzo de 2018. 00:12h

Comentada
Goyo G. Maestro 13/3/2018

No hay un ápice de ficción. Es todo pura investigación basada en entrevistas y la disección de miles de folios del expediente de un caso que conmocionó a la sociedad mexicana la década pasada. Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) ha reconstruido en su nueva novela la detención por secuestro de una pareja formada por un mexicano y una francesa. Todos en el país pensaba que eran culpables, pero la investigación de Volpi desmonta la versión oficial. El caso estuvo plagado de irregularidades policiales y dio la vuelta al mundo hasta convertirse en un conflicto diplomático entre los presidentes Calderón y Sarkozy. Florence Cassez, la francesa que buscó en México un futuro mejor, fue finalmente liberada. Su pareja Israel Vallarta sigue en prisión en México pese a que no existe aún una condena en primera instancia. Sobre «Una novela criminal», ganadora del Premio Alfaguara, Volpi asegura que está hecha «con el rigor del periodismo pero con unos recursos narrativos que provienen de la literatura».

¿Cómo describiría a la pareja protagonista de su novela?

–Ella era una chica francesa de provincias tratando de escapar de una situación opresiva en busca de desarrollo profesional que no tenía en Europa. En México parecía que se le abría un mundo de posibilidades mayores cuando conoció a Israel, un joven igualmente ambicioso. Los dos mantienen una relación muy pasional y turbulenta, y en medio de esa relación ocurre esa detención en la que son acusados de ser secuestradores.

¿Comparte la visión de muchos que dicen que México es un estado fallido?

–No. México tiene varios problemas que necesita resolver de manera urgente. Eso no significa que el Estado sea fallido en todas sus instituciones, pero una de las más importantes, que es la Justicia, no funciona. Por otro lado tenemos instituciones culturales, universitarias y de salud que funcionan.

–¿Sigue siendo el secuestro una industria en México?

–El secuestro fue la principal preocupación de seguridad ciudadana antes de 2006. Después, cuando empieza la guerra contra el narcotráfico, el secuestro se convierte en algo menos visible porque el homicidio y las desapariciones se hacen más visibles.

–De México se da una imagen de violencia generalizada. ¿Está distorsionada?

–Cuando me fui a vivir a San Sebastián en 2005 muchos amigos mexicanos me decían que no fuera allí porque me iba a ocurrir algo. Los medios sobresimplifican siempre. El paralelismo entre México y el País Vasco de hace 15 años es semejante. En México hay zonas muy violentas e inseguras, y zonas que son tan pacíficas como San Sebastián.

–¿Cuál fue el momento más difícil de este libro?

–Fue cuando terminé una primera versión. Se la di a leer a amigos y lectores confiables y todos me dijeron que era ilegible. Así que me tocó reescribirlo.

–Hay escritores que hacen siempre el mismo libro. ¿No es su caso verdad?

–Siempre intento plantearme desafíos distintos. Pero al terminar el libro me di cuenta de que el tema central es el mismo que «En busca de Klingsor», con el que gané el Premio Biblioteca Breve hace 19 años. Estos dos libros hablan de la búsqueda de la verdad y la posibilidad de acceder a ella o no.

–¿La búsqueda de la verdad es ahora más fácil o difícil?

–La respuesta que da este libro es que, debido a cómo se manipuló el caso por la Policía, no podemos aspirar a una verdad, y eso es lo terrible de nuestra época, la verdad ha sido secuestrada por completo. En México pasa muchísimo, como no hay confianza en la justicia, la policía y las autoridades judiciales manipulan el caso. Ahora está pasando en otro nivel. Estamos en periodo electoral y el Gobierno ha manipulado la Procuraduría General de la República para acusar de corrupción a uno de los candidatos opositores.

–¿Es optimista ante estas elecciones?

–No se puede ser demasiado optimista, pero espero que haya una reforma drástica en el sistema de justicia, que ya empezó en 2008. La clase política hasta ahora no ha sido capaz de abordar las grandes reformas del Estado. Más que tener confianza, los ciudadanos tenemos que presionar para que lo hagan.

–¿Es el candidato Andrés Manuel López Obrador, el mejor situado en las encuestas, un peligroso populista?

–Esa es otra simplificación más. López Obrador sí que tiene una vertiente dogmática, intransigente y autoritaria peligrosa, pero ya le vimos gobernar la Ciudad de México y lo hizo con moderación y pragmatismo. Es una exageración enorme hacer creer que se parece a Chávez o Maduro. Probablemente no sea un político liberal, pero tampoco uno rupturista que vaya a destrozar las instituciones mexicanas que de por sí no funcionan.

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