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Millennium: La despedida más oscura de Salander

  • Noomi Rapace en el papel de Lisbeth Salander, en la segunda entrega en el cine de la saga «Millennium»
    Noomi Rapace en el papel de Lisbeth Salander, en la segunda entrega en el cine de la saga «Millennium»

Tiempo de lectura 5 min.

27 de agosto de 2019. 08:26h

Comentada
Javier Ors 27/8/2019

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Stieg Larsson fallecía en 2004 y dejaba como herencia literaria tres novelas destinadas a cambiar el rumbo del género negro, comenzando por la originalidad de sus portadas y títulos, que marcaron tendencia. El novelista, un militante antifascista y uno de los mejores conocedores de los movimientos de la ultraderecha europea, había desembarcado en la novela después de una larga trayectoria periodística. Una profesión que le dio los mimbres necesarios para renovar el estereotipo de la pareja de detectives, que bebe de Sherlock Holmes, proponiendo unos investigadores renovados y rompedores: Mikael Blomkvist, un reportero insobornable y de firmes principios y, sobre todo, Lisbeth Salander, su gran hallazgo, una hacker anoréxica, bisexual, que ha padecido abusos sexuales, con un aspecto muy «The Cure» y una inteligencia de muchos octanos. Más que un personaje, una bomba de relojería.

«Los hombres que no amaban a las mujeres» triunfó en las librerías y despertó celos entre escritores como Donna Leon y Henning Mankell, como se deriva de sus comentarios. El libro se convirtió en un fenómeno y vino arropado por sus dos continuaciones, «La chica que soñaba con una cerrilla y un bidón de gasolina» y «La reina en el palacio de las corrientes de aire».

El plan literario de Larsson era más ambicioso y amplio, pero un ataque al corazón, derivado probablemente de esa dieta de cafés y precocinados muy del gusto de sus protagonistas, dejó inacabada la serie. En ese momento tomó el relevo un escritor de éxito, David Lagercrantz, que continuó la serie con «Lo que no te mata te hace más fuerte» y «El hombre que perseguía su sombra», y que ahora la remata y finaliza con «La chica que vivió dos veces» (Destino). «Al comenzar estaba asustado por tener que manejar unos caracteres tan potentes, pero, después, ha sido fantástico para mí. Me he introducido en este universo y, al final, me ha hecho mejor escritor», declara a este diario.

Más de 100 millones vendidos

La saga, una de las más exitosas de la literatura, ha vendido más de cien millones de ejemplares en todo el mundo, y termina ahora en lo más alto, con el duelo más esperado: el enfrentamiento de Lisbeth Salander con Camilla, su hermana y, podríamos decir que su reverso. «En cierta manera es su lado oscuro. Las ambas se enfrentan y puede ser destructivo. Ahora Lisbeth Salander es una persona más fuerte que lucha por algo. Ella va a poder indagar más hondo sobre ella misma. Va tener que defender el mundo y, a la vez, a sí misma. Una de las dos tiene que morir. Las dos son similares, y las dos son fuerzas oscuras destinadas a luchar».

–¿Qué parte de Lisbeth Salander es suya?

–He intentado traerla más a la vida, penetrar más en su personalidad y desarrollar su fondo icónico. Por eso he indagado en los motivos que la mueven. Parte de mi trabajo ha sido responder a las preguntas que habían quedado pendientes sobre ella, como por qué tiene un dragón tatuado en su espalda, por qué tiende a ponerse un escudo. Ella posee una personalidad muy compleja y he tratado de explicarla. No sé si he ayudado a traerla más hacia nosotros, que sea más cercana. En mi último libro he ido directo hacia sus límites. En esta novela es más fuerte que en los anteriores. Y es más mayor que cuando empezó la saga.

–¿Por qué Lisbeth Salander es un icono para los hombres y, sobre todo, para las mujeres?

–Ella siempre será una chica joven y dura. Jamás se convertirá en una mujer de 45 años y tres hijos que cuidar, aunque a lo largo de los libros ella ha madurado, es más adulta y ha entendido más cosas. Creo que atrae porque necesitamos más gente como ella, en el aspecto de personas que estén preocupadas por la justicia y de que se haga justicia. El problema es que tenemos una sociedad rota, donde esa palabra parece no existir. Ese es el problema actual, y lo que los lectores buscamos en Lisbeth Salander: que ansiamos justicia. Personajes como ella dan esperanza a la civilización.

La novela narra la transformación de Lisbeth Salander, sin «piercings» y su agresivo peinado, y una aspecto más parecido a una ejecutiva que a una punk, que mantendrá un duelo con su hermana en una intriga política repleta de misterios, pero influida por los grandes problemas que están marcando la actualidad: las noticias falsas, el auge de los nacionalismos, el incremento de la pobreza y el cambio climático. «Estoy profundamente preocupado por las ''fake news''. Sobre todo cuando su publicación se mezcla con el odio y se basan en la intolerancia. Cuando las ''fake news'' se preguntan de esa manera generan odio y violencia. Ha aumentado la violencia sobre los latinoamericanos en Estados Unidos. Y el problema es que ponen muchas vidas en peligro, aparte de difundir teorías de conspiraciones. Así que creo que sí, que son muy peligrosas. Por eso es muy importante para nosotros, para todos, sobre todo para los periodistas, regresar a contar la verdad. Los buenos periodistas son hoy más importantes que nunca.

David Lagencratz afirma esto, precisamente, en una serie de libros donde la prensa resulta esencial para alcanzar la verdad y acabar con aquellos que juegan sucio, a espaldas de la democracia o usando lo que vulgarmente se llaman sus cloacas o que se aprovechan del descontento general. «Vivimos trágicos momentos en estos días. El nacionalismo y el populismo están creciendo por todas partes. La democracia de nuestros países está bajo amenaza. Algunas de las razones por lo que está sucediendo esto es porque se está descuidando a la gente y se crean grupos de odio y de intolerancia, que están creciendo. Tenemos que volver a la democracia, porque la democracia está dañada. Nunca en mi vida la había visto así».

un manuscrito secreto y blindado

Como suele suceder con superventas de este calibre (hablamos de una liga en la que estarían Dan Brown, J.K. Rowling y algunos más), el secreto se ha cernido sobre el proceso de composición de la novela de David Lagercrantz (en la imagen). Se han desplegado toda clase de medidas de seguridad, como un ordenador sin conexión a internet y un manuscrito secreto con una sola copia para garantizar su lanzamiento simultáneo en 50 países. Son una serie de medidas excepcionales que Lagercrantz ya pudo experimentar en sus anteriores aventuras de Lisbeth Salander y que son más propias de un espía que de un escritor.

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