Cultura

Coque Malla: «Al escribir siempre he sido muy suicida»

Lanza «El astronauta gigante» caja con 5 discos donde recopila las claves de su carrera, desde Los Ronaldos hasta hoy

Coque Malla
Coque Malla FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

Coque Malla nos recibe en su nave espacial. En un local donde ensaya, imagina, reflexiona, escribe, lee y flotan sus creaciones, que ahora recoge en «El astronauta gigante». El que creció con Los Ronaldos y sigue experimentando en solitario ha lanzado una caja con 5 discos donde recopila su carrera al estilo de un canto al tiempo, una experiencia vital y artística que le ha servido de respiro, recuperación y punto de apoyo para seguir y nunca soltar la guitarra.

¿Se siente un astronauta?

Con el título hago referencia a «Soy un astronauta más» y a «La hora de los gigantes», dos discos que me definen bastante. Siempre me he identificado con esa figura.

¿Prefiere vivir en otro planeta?

Me siento bastante extraño en muchas situaciones, con la mayoría de la gente, porque soy tímido. La idea del astronauta apareció en un momento de soledad. Me había separado de una relación, sobre todo de Los Ronaldos, con los que llevaba toda mi vida, y estaba obsesionado con Bowie o Space Oddity, con la búsqueda existencial. Es una idea poética.

¿Sigue sintiéndose existencialista?

No, ahora estoy en un momento más luminoso, terrenal y mucho más seguro de mí mismo.

¿Por qué un recopilatorio?

Es una cuestión artística, emocional, prosaica y logística. Es un formato perfecto para hacer balance, para que la gente recopile material que seguramente tenía desperdigado, y para yo tomar aire para el siguiente disco con canciones nuevas. «¿Revolución?» y «El último hombre en la tierra» han sido álbumes muy duros de producción. He tomado un respiro, un impás de estos años tan absurdos de la pandemia, para el año que viene pensar en un disco nuevo. Además podré tocar, que es lo que me apetece.

Coque Malla
Coque Malla FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

Hay una tendencia musical a homenajear el pasado. ¿Cree que, tras lo vivido, miramos hacia atrás por temer al futuro?

Puede ser que estemos todos en una etapa de psicoanálisis profundo. No me lo había planteado, pero es posible.

Esa incertidumbre, ¿le hace temer como músico?

Nunca he tenido miedo. Uno hace discos por pura necesidad visceral de contar algo. Recuerdo que durante el confinamiento no me salía escribir sobre otra cosa que no tuviera que ver con lo que nos estaba pasando. Era muy difícil no escribir sobre algo que te invadía.

¿Qué recuerdos almacena en este álbum?

Todo. Están todos los puntos clave del camino, no están todas las canciones, porque no cabrían, sería una caja de 20 discos, pero sí los giros clave. Y luego muchas cosas que nadie conocía, que estaban inéditas y enterradas en discos duros.

¿Cómo ha recuperado a Los Ronaldos?

El trabajo duro lo ha hecho David Bonilla, el director artístico de Warner, que me conoce bien, me respeta y que es un apasionado de la música. Ha hecho un primer filtro y yo luego lo supervisé, quité alguna y añadí otra canción. Pero fue duro, porque hubo que escoger 7 canciones de Los Ronaldos, cuando tienen más de 100.

¿Echa de menos ir en grupo?

Nada. En absoluto. Durante un tiempo sí me sentí perdido sin él. Estuve totalmente invadido por ese sentimiento de familia, y de repente decidí que ese sentimiento desapareciera. Me sentí muy astronauta, solo en el espacio. Ahora hago lo que me apetece y es maravilloso.

¿Se siente más libre?

Sí, es inevitable. Formar parte de un grupo tiene muchas cosas buenas, pero tiene un precio, que es la falta de libertad.

Coque Malla
Coque Malla FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

¿Cómo ha cambiado?

Si vamos al corazón de las canciones el espíritu artístico es el mismo. Soy un artesano del sonido, cuento historias que tengo dentro. No soy como Sabina, sino que escribo de mis mundos interiores, cosa que a veces me aburre. Me gustaría ser más paisajista, ser más capaz de retratar aspectos sociales. Lo que sí ha cambiado es mi forma de cantar, para mejor, afotunadamente. He escuchado muchísima música, y eso es lo que enriquece.

Ahora se escucha más urban que rock, ¿eso le ha influido?

Teniendo mi edad y haciendo estos discos no. El rock no ha desaparecido, sigue estando ahí, aunque en un plano más subterráneo. Soy prudente con eso, porque no escucho urban y juzgarlo sería muy atrevido. Estoy seguro de que hay gente con muchísimo talento haciendo reguetón, rap o trap.

¿Cambiará el panorama?

Esto se va a quedar. La música urbana es lo más gordo que le ha pasado a la música. No lo mejor, porque no conecto todavía con ello, pero sí lo más gordo desde el punk o el grunge.

¿Es más arriesgado escribir sobre lo propio o sobre lo ajeno?

En eso siempre he sido muy suicida, siempre he escrito lo que tenía dentro y se lo he enseñado al mundo. Mi amiga Christina Rosenvinge me decía que nuestro trabajo consiste en enseñarle el culo a todo el mundo para que nos lo pateen. Estamos acostumbrado, tenemos callo ya. Qué imagen más horrible (ríe). Es lo que hay. Arriesgado me parece escribir sobre lo de fuera, porque no lo sé hacer.

Su carrera no solo ha sido musical, sino también visual, ¿refleja en el álbum sus influencias del cine?

Lo que sí aparece relacionado con ello es la brutal influencia que tuvo el cine cuando yo era un niño y lo devoraba con mis padres, que eran grandes cinéfilos. Miguel y yo estamos absolutamente influenciados por esa la cinefilia de nuestros padres. Eso sí que flota en todo el disco, sí que ha influido el cine en mi música. Y también en la manera narrativa de afrontar una canción. Muchas veces mis canciones intento que sean como pequeñas películas, como una banda sonora.

¿Cómo será la gira?

Un follón tremendo. Habrá 10 primeros conciertos, donde vamos a presentar este disco en un espectáculo autobiográfico. Voy a estar solo en el escenario, va a haber mucho texto donde voy a contar mi vida, y visuales, escenografía. Estoy un poco acojonado con eso. Serán especiales, en teatros, y a partir de mayo empezarán los sitios grandes.

¿Es el momento de recuperar esos espacios pequeños?

Sí, este espectáculo tiene que ser en espacio lo más reducidos posibles para que la gente tenga un contacto visual cercano conmigo. Va a haber mucha emoción. Voy a explicar con la palabra muchas cosas. Entonces la gente lo tiene que ver, porque no voy a estar proyectado. Van a ser proyecciones de mi imaginación. Me tienen que ver la expresión. Y por eso tienen que estar cerca.