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Raphael: "Mi gran noche está por llegar"

  • Foto: Gonzalo Pérez
    Foto: Gonzalo Pérez

Tiempo de lectura 4 min.

13 de julio de 2019. 10:53h

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Ángel N. Lorasque 13/7/2019

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Los años no pasan por Raphael (Linares,1943) a la misma velocidad que para el resto de los mortales. Los suyos tienen «tempo» propio y sigue respirando una juventud que muchos veinteañeros anhelan. De hecho, lo primero que hace cada mañana es dar los buenos días a sus fans por Twitter. Llega a la entrevista con una cazadora vaquera y camisa desabrochada dignas de un «millennial». Y por supuesto sus inconfundibles botines de tacón. Le espera un verano movidito con su gira del disco «RESinphónico», que se ha convertido en una auténtica sensación.

¿Por qué todo lo que toca lo convierte en un éxito? ¿Tiene miedo que en algún momento deje de gustar lo que hace?

Al público le ha encantado, durante los conciertos se entusiasma y acaba al máximo, como yo. Da mucha alegría cuando aciertas con lo que haces. No sé cuál es la clave, yo soy disciplinado y trato de cumplir. Es más, antes de comenzar una gira siempre me hago una revisión médica. Hay quien lo ve raro, yo lo encuentro decente. No quiero engañar. A tus seguidores no se les puede ir con cuentos chinos. Siempre está el riesgo de no acertar, hay que asumirlo, aunque a mí no me ha pasado.

Su «tourné» finalizará en diciembre en Madrid, donde siempre le gusta «poner la guinda». Recalca que es inconformista, «siempre estoy maquinando, nunca estoy del todo satisfecho, noto que falta algo, pero eso es lo que me impulsa a seguir creando», confiesa. Inspecciona con atención Barrutia y el 9, el bar en el que hemos quedado para tomar unas cañas, bueno, él una manzanilla (infusión) porque no prueba el alcohol, mientras echamos la vista atrás.

Saltó a la fama tras ganar el Festival de Benidorm, que era como el «Operación Triunfo» de la época. ¿Se habría presentado a un «reality» si comenzara ahora su carrera?

El «OT» de antes era la radio. Yo cantaba por teléfono en las emisoras y con diferentes nombres para poder repetir. Creo que no me presentaría a estos «realities» de música, siempre he ido a contracorriente y sigo haciéndolo, los años no me han cambiado.

Que es un revolucionario no hay duda...

No hago las cosas revolucionarias aposta, es como me salen. He tenido productores que me decían que si realmente me gustaba lo que hacía, yo les decía que sí, es más, que me enloquecían. Ellos desconfiaban y luego los temas han sido todos números uno. Siempre defenderé en lo que creo.. Lo que hay que evitar es dejarse llevar por los cantos de sirena.

También es festivalero, el Sonorama le abrió a nuevos públicos. ¿Se siente más cómodo entre jóvenes?

No he sido yo el que ha ido en busca del público joven, son ellos los que me han descubierto y no por oídas de sus padres. Un día puse un tuit en el que decía que me seguían porque sus padres lo hacían y ellos me contestaron: «Qué padres ni qué nada. A mí, mis padres no me dicen lo que tengo que hacer ni escuchar». Yo siempre estoy rodeado de gente joven, mis grandes amigos son los amigos de mis hijos, soy una persona muy normalilla y ellos se sienten cómodos conmigo y yo con ellos. Además, así sé lo que se mueve en las nuevas generaciones que unas están bien y otras no tanto.

¿Y en sus cascos también suena «trap» como en los de los jóvenes?

Yo no uso cascos, tengo que escuchar la música como lo hago en directo. Solo no la disfruto. No encuentro chiste a ponerse cascos. Es más, en directo tampoco los uso, soy el único artista que no lo hace. Una vez, en el Carnegie Hall de Nueva York, me aconsejaron hacerlo y a la tercera canción tuve que quitármelos. No podía soportarlo. Me quita el contacto con la gente, yo estoy aquí para compartir y escuchar al público, no para aislarme. Dirán que estoy loco, pero así soy yo.

¿Cuál ha sido su gran noche?

Ésa está aún por llegar, al igual que la peor. Siempre habrá alguna que supere a las pasadas. Lo que sí sé es que «Mi gran noche» está ya por la tercera o cuarta vida, así que imagínate.

¿Qué les canta a los ocho hijos de sus tres hijos (así se refiere él a sus nietos para evitar la palabra prohibida)? Una nana de Raphael debe ser la bomba como para dormirse mientras usted les deleita...

La verdad que ejerzo muy bien con los hijos de mis hijos, los cuales me llaman Raphael, que es como oyen que la gente se dirige a mí. Tengo mi mes sagrado de vacaciones porque, afortunadamente, mi familia me reclama. Hacemos planes normales: playa, piscina, cenas fuera de casa...

¿Por qué cambió Málaga por Ibiza para su retiro estival?

Fue después de mi trasplante. Mi fotógrafa, que ya no está en este mundo, me lo recomendó. «Aquí no te molestará nadie», me decía. Bueno, nadie.... (se ríe). Yo la verdad es que nunca huyo, voy siempre de frente, pero también se agradece que respeten tu privacidad. Allí todos saben lo que como y bebo en cada restaurante, son muy atentos, pero te dejan tranquilo.

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