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«Una habitación propia»: Todavía un paso detrás del hombre

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Tiempo de lectura 2 min.

15 de diciembre de 2017. 00:49h

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Raúl Losánez.  15/12/2017

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Autora: Virginia Woolf. Director: María Ruiz. Intérprete: Clara Sanchis. Teatro Galileo. Madrid. Hasta el 14 de enero.

Es probable que incluso Clara Sanchis, protagonista y productora de este montaje, esté sorprendida por la larga vida que están dando a su criatura los programadores –ha pasado dos veces por el Teatro Español y ahora ha recalado en el Galileo– y, por supuesto, el público –el día que yo vi la función, incluso en un espacio tan complicado como es Galileo para atraer espectadores, apenas había butacas vacías–. Y llama la atención este moderado éxito porque no es una obra precisamente comercial. Se trata de un monólogo dirigido por María Ruiz a partir de una suerte de ensayo ficcionalizado de Virginia Woolf sobre la situación de la mujer en la sociedad que toma como protagonista a la propia escritora británica en un momento de la Historia en que se impone el sufragio universal y empiezan a abrirse, de manera irreversible, las puertas al conocimiento y la libertad para el sexo femenino. Tomando como punto de partida los propios padecimientos de Woolf, por razón de su sexo, en una universidad en la que se dispone a dar una conferencia junto a otros escritores sobre la literatura y las mujeres, la obra muestra el pensamiento de esta avanzadísima escritora y analiza de manera crítica una sociedad que, incluso en los libros, ha mostrado siempre «la verdad» bajo una perspectiva, como ella misma dice, «masculinizada». La estructura del monólogo es quizá algo confusa en el planteamiento, de manera que cuesta un poquito no tanto seguir el razonamiento del personaje como ubicar su presencia de una manera puramente física. ¿Está ella ocupando el espacio real del teatro, o el de una sala del colegio masculino en el que supuestamente debe dar la conferencia y al cual está haciendo referencias? ¿A quién se dirige realmente? ¿En virtud de qué? Y la verdad es que hubiera sido una delicia jugar con ese doble nivel de representación si se orientase un poquito más al espectador para percibirlo como tal. En cualquier caso, soslayando esas imprecisiones dramatúrgicas, uno va poco a poco en su butaca dejando que sea la propia argumentación de la protagonista lo que se imponga en su cabeza por encima del contexto. En este sentido, la función va ganando paulatinamente a medida que avanza hasta llegar a su contundente final, sembrando el camino de ideas poéticamente hermosas, filosóficamente bien armadas y dramáticamente demoledoras acerca de las dificultades para alcanzar una emancipación intelectual cuando, de facto, se restringen las provisiones materiales para que ese intelecto pueda siquiera sobrevivir.

LO MEJOR

Hay un precioso y preciso uso del piano para ilustrar el estado de ánimo de la protagonista

LO PEOR
Que en los primeros compases cuesta entrar en profundidad en la historia

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