Cultura

Roca Rey el grande vuelve y Manzanares despeja incógnitas

El peruano cortó una oreja de una interesante corrida de Victoriano del Río en la Feria de Fallas

Diego Urdiales fue cogido por el cuarto
Diego Urdiales fue cogido por el cuarto FOTO: Litugo / Nautalia

Miramos al cielo por si llueve y nos planteamos la suspensión, pero pocas inclemencias imposibilitan más el toreo que el viento. Ayer azotó en Valencia desde por la mañana. Desapacible. Violento. Frío. Asqueroso. A las cinco levantó capotes y muletas como bestia. El toreo así era una quimera. Al menos todo aquello que no sea a la defensiva, en busca de librarse, de zafarse de un posible percance por quedarse al descubierto. Diego Urdiales abrió plaza y fue el primero en padecerlo. Frío pelón en los tendidos hacía. El toro apretaba en el engaño, quería ir tras él, aunque luego le faltaba ritmo y se paraba en mitad del lance. Era exigente animal de Victoriano del Río, porque si algo le costaba era despegarse de la muleta. Urdiales intentó encontrar la armonía en la faena a pesar de las dificultades, que eran una montaña.

A plomo, sin esperarlo, de espaldas, en un descuido, recién acababa una tanda del cuarto fue cuando el animal cogió a Diego. Qué feo todo. Daba la sensación de que pesaba un quintal por lo inesperado, por la forma de caer, por el espesor del momento y la fragilidad del torero. El animal se guardaba todo. No era sencillo estar delante porque se mostraba siempre a la espera, sin entregarse y así hasta el final. Diego aguantó el tipo con no pocas dificultades y lo mató maltrecho.

El segundo se le cruzó un par de veces por el pitón derecho en la muleta a Manzanares marcándole feo. Era un tú o yo de esos innecesarios. Antes lo defendió con el capote y no volvió la cara con la muleta. Poco a poco fueron entendiéndose, llevándose mejor en una faena de largo metraje que hizo sonar un aviso antes de perfilarse. Tragó y sumaron. Quería todo por abajo el animal y por ahí las cosas lucieron de otro color, porque añadimos la torería de Manzanares, que la tuvo. Y retuvo.

El quinto tuvo también sus cosas buenas. Era franco, repetidor, había que empujarlo de mitad de muletazo en adelante, pero agradecido. Manzanares lo vio y quiso emprender viaje juntos. Fundió una faena de altibajos, pero queriendo siempre, buscando reunirse, con el toreo acompasado y una historia de verdad. Y entre tanto algún destello de esos que tiene respuesta directa en el público, porque llena la escena sin necesidad de más. Con la espada, con la que no suele fallar, no estuvo fino. Incomprensible, pero ya había pasado antes. El toreo le fluye de otra manera. La espada se arregla.

Roca Rey con el tercero
Roca Rey con el tercero FOTO: Litugo / Nautalia

Roca Rey se puso en mitad del ruedo para comenzar la faena del tercero. Era una consecución de desafíos, el primero al viento y el segundo a la huracanada embestida de toro que se venía con todo, como un tranvía. No buscó refugio Roca jamás, ni a los papelillos que le indicaban dónde estaba más protegido. En el mismo centro quiso hacer faena y por debajo de la pala del pitón acababa los derechazos con media muleta hundida en la arena. Diestros y naturales. Tocó el corazón de la gente y lo estrujó en las arrucinas tan cerradas, tan pegadas al cuerpo que eran inverosímiles. Roca volvía por sus fueros, a poner el corazón en la boca, a incendiar los tendidos, a dar un poco más sin pensar, a jugársela otra vez, a ponerle los muslos y la barriga. El cuerpo (y el alma) al servicio del toreo. La espada entró a la primera, demoró el descabello. Era triunfo gordo que quedó en un trofeo.

Movilidad y buen tranco tuvo el sexto con ese punto de mansedumbre cantada, pero con faena por hacer. De rodillas la comenzó. No fue tan compacta, pero sí tuvo su sello y esa capacidad de conectar con el público por los caminos de la emoción que se había disipado en los últimos tiempos. Ocurrían cosas ahí abajo que trepaban al tendido. La bendición de lo imprevisible. Roca Rey el grande había vuelto y Manzanares había despejado incógnitas. 2022 apunta alto.

Ficha del festejo

Valencia. Quinta de la Feria de Fallas. Se lidiaron toros de Victoriano del Río y dos de Toros de Cortés, 3º y 5º. 1º, movilidad sin ritmo, exigente; 2º, incierto pero agradecido; 3º, bravo y bueno; 4º, reservón; 5, noble y de buen juego; 6, bueno y rajado. Casi lleno.

Diego Urdiales, de rioja y azabache, estocada, tres descabellos (saludos); estocada, descabello (saludos).

José María Manzanares, de teja y oro, pinchazo, estocada (saludos); tres pinchazos pinchazos, estocada (saludos).

Roca Rey, de rosa y oro, estocada, tres descabellos (oreja); estocada, cuatro descabellos, dos avisos (ovación).