El Tour se libra del Covid y de otros dramas

Christian Prudhomme, el director de la carrera, da positivo y cumplirá una cuarentena de siete días. Entre los equipos «sólo» hubo cuatro contagiados de cuatro equipos diferentes

El ciclismo no vivía con tantos nervios el resultado de unos análisis desde que el 5 de junio de 1999 el Giro descalificó a Marco Pantani por una elevada tasa de hematocrito. El «Pirata» era líder y lo mandaron a casa antes de comenzar la penúltima etapa. Al enterarse de la noticia, rompió el espejo de la habitación.

Había miedo en el pelotón por revivir una situación tan dramática. Pero ni era la penúltima etapa, ni el Tour estaba ganado para nadie ni hubo positivos entre los corredores. Así que nadie tuvo que romper un espejo. De las 650 pruebas que se hicieron, sólo hubo cuatro positivos en la «burbuja» del pelotón y ninguno de ellos ciclistas. Auxiliares del Ineos, del Mitchelton, del Cofidis y del Ag2R dieron positivo, sin más consecuencias que la obligación de abandonar la carrera para los cuatro. La vida sigue y el ciclismo, también, superada la amenaza de expulsión que pesaba sobre los equipos si había dos positivos entre cualquiera de sus miembros, fueran ciclistas o no.

Sí resultaron positivos un miembro de la organización y el director de la carrera, Christian Prudhomme, que abandonó el Tour de manera momentánea para seguir una cuarentena de siete días. Volverá para la semana decisiva, después del último día de descanso. Su lugar, mientras tanto, lo ocupará el ex ciclista Françoise Lemarchand.

El positivo de Prudhomme preocupa más en el Gobierno francés que en la carrera. El primer ministro, Jean Castex, siguió la carrera en directo el pasado sábado, con mascarilla pero en el coche del director. Era una visita con ánimo tranquilizador, para hacer ver la normalidad de que Francia disfruta un año más del Tour a pesar de todo. Pero Castex se ha visto obligado a someterse a una prueba para comprobar si está infectado.

Prudhomme vive fuera de la burbuja que rodea a los corredores, que se mueven en grupo del hotel a la carrera y de la carrera al hotel, sin apenas contacto con el mundo exterior. Los equipos tendrán que someterse a una nueva prueba el próximo lunes, en la siguiente jornada de descanso y la amenaza de expulsión sigue vigente para los equipos en el caso de que tengan dos contagiados.

«Había miedo a algún positivo, pero vemos que se están haciendo las cosas bien. Hay que seguir así hasta el final», reconoce Mikel Landa. Se aplaza el drama una semana, pero pudo haber alguno más después en la etapa que terminaba en la isla de Ré, el lugar donde la selección española de fútbol se concentró para disputar la Eurocopa de 2016. Un lugar de vacaciones de los de rebequita por la noche por si refresca. El viento, en septiembre, se convierte en una amenaza para los ciclistas en forma de abanico.

Se cortó el pelotón, pero no se quedó atrás ninguno de los favoritos. El problema vino después, con una caída que afectó a Pogacar, a Nairo Quintana y a Supermán López, entre otros. El esloveno continuó la carrera como si nada, sin ponerse nervioso. «El día ha sido realmente agresivo desde la salida. Cuando se hicieron los abanicos estábamos tirando al frente y luego cuando me caí los compañeros me esperaron y pude volver al pelotón», decía Pogacar.

«Ha sido un día de mucho estrés desde el principio, por lo que contento de estar delante. Ha sido un día tenso, no me ha dado tiempo ni a beber», aseguraba Mikel Landa al final de la etapa. Era un día para sobrevivir y, de momento, todos viven. De ganar el Tour ya habrá tiempo en las dos semanas que quedan.

Los sustos provocados por la velocidad, el viento y las caídas dejaron paso a un esprint en el que esta vez no quiso involucrarse Wout Van Aert, el ciclista de moda, que ya ha ganado dos etapas en la carrera sin necesidad de ser un especialista de la velocidad. Era una pelea para los más rápidos, para los que pelean por el maillot verde de puntos. Lo vestía Peter Sagan, que busca su octavo triunfo en la categoría. Un maillot que está dispuesto a discutirle el irlandés Sam Bennett, que se impuso en el esprint. El ciclista del DeCeuninck se impuso al eslovaco y al australiano Caleb Ewan y recupera el maillot verde que vistió en las primeras etapas. «Siempre tenía tres sueños: ganar la Milán-San Remo, la etapa de los Campos Elíseos y los mundiales», dice. Ahora cambia el triunfo el último día en París por el maillot verde.