El sorprendente Mohamed Katir: no es la marca, es el puesto

Marroquí nacionalizado español en 2019, pulverizó el récord de España de 1.500 de Fermín Cacho, pero deslumbra sobre todo por los rivales a los que ha sido capaz de derrotar

Timothy Cheruiyot y Mohamed Katir celebran la gran carrera que hicieron en Mónaco
Timothy Cheruiyot y Mohamed Katir celebran la gran carrera que hicieron en MónacoGONZALO FUENTESREUTERS

Igual que aquella frase con la economía, ¡estúpido!, que ayudó a Bill Clinton a ganarle a George Bush las elecciones de 1992, el año en que Fermín Cacho fue campeón olímpico, en la desposesión del soriano del récord nacional de los 1.500 metros convendría fijarse en el puesto, no en la marca. Los 3:28.76 de Mohamed Katir el viernes pasado en el mitin Herculis de Montecarlo borraron de las tablas al referente por antonomasia del atletismo español y su plusmarca de 3:28.95 vigente desde 1997. Sin embargo, y con ser meritorio este tiempo, lo verdaderamente asombroso fue que entrase en meta a la estela de Timothy Cheruiyot, el campeón del mundo, y le ganase el embalaje a toda la selecta clientela que no tuvo más remedio que mirarle el dorsal.

La reunión monegasca fue un recital de marcones en las carreras de más de 800 metros en adelante, tanto en hombres como en féminas. Otro más. El desarrollo de unas zapatillas mágicas, algo parecido a lo que ocurrió en 2009 en las piscinas con los bañadores de poliuretano, ha propiciado progresiones de infarto. Las pruebas de selección olímpica de Estados Unidos, Kenia o Etiopía, sin liebres, han dejado cronos estupefacientes. En el estadio Louis II, con marcadores de ritmo humanos y lumínicos, se sucedieron las plusmarcas. En el 1.500 de Katir, ocho de los nueve primeros clasificados batieron su récord personal, todos menos Jakob Ingebritsen, que se quedó a cuatro décimas de su primado europeo.

El prodigio noruego, tercero, fue uno de los derrotados por Katir, igual que el australiano Stewart McSweyn –batió el récord de Oceanía– o el laureado Marcin Lewandowski –fijó una nueva plusmarca polaca–. El tiempo de 3:28.76, todo lo espectacular que se quiera, hay que contextualizarlo en el marco de los avances científicos. Ganar a estos galgos, todos ellos beneficiarios de un material parecido, es otra cosa. Es, ni más ni menos, que postularse para el podio olímpico... pero el español de origen marroquí no correrá los 1.500 metros en Tokio, sino los 5.000. ¿Por qué?

Santiago F. Ferrete, antiguo cuatrocentista y entrenador de atletismo, explica que Katir «no es un corredor hábil en las carreras tácticas. En Río, el campeón olímpico fue –el estadounidense Matthew– Centrowitz con 3:50. Para ganar en un escenario así necesita una velocidad terminal que no tiene» este chico de 23 años nacido en Marruecos y criado en Región de Murcia desde su primera infancia. «La elección del 5.000 es mucho más coherente, aunque se trate de una prueba más abierta con presencia masiva de corredores del África ecuatorial. Ahí, va a tener la opción de imponer él el ritmo que le interesa si percibe que sale una carrera táctica. Para optar al podio, es obligatorio bajar de trece minutos. En el Campeonato de España, Carlos Mayo le sacó veinte metros en los últimos ciento cincuenta y en Tokio se va a medir con gente mucho más rápida que Mayo», explica.

Porque Mohamed Katir se presentará en los Juegos con el cuarto tiempo acreditado de todos los participantes en 5.000 gracias al 12:50.79 que marcó en Florencia el 10 de junio, pulverizando el récord de España de 12:57.25 que tenía Alemayehu Bezabeh desde 2010. Para Ferrete, estas plusmarcas «tienen bastante lógica considerando la revolución del material del último año, que ha derruido todas las referencias anteriores para construir un orden nuevo. En el medio del atletismo, Katir no es un desconocido. Lleva tiempo brillando en el circuito nacional, aunque no se nacionalizó hasta finales de 2019 y por eso el gran público pensaba que era otro marroquí más de los que se ganan la vida por los mítines de Europa. En cuanto se puso la camiseta rojigualda, los medios y los aficionados menos expertos empezaron a hacerle caso. Pero de recién llegado, nada. La gente que lo veía entrenar en las concentraciones avisaba de lo fuerte que venía».