Fútbol

El falso fusilamiento de Ricardo Zamora

La noticia de su muerte el 15 de agosto de 1936 se publicó en varios medios. Realmente murió en septiembre de 1978

Ricardo Zamora
Ricardo ZamoraArchivo

Ricardo Zamora murió dos veces. La segunda, la oficial, en septiembre de 1978. La primera, hace justo 85 años, el 15 de agosto de 1936 en Madrid, “fusilado” menos de un mes después del inicio de la Guerra Civil española. No fue verdad, aunque por muy poco no se convirtió en una horrible realidad.

El que fuera portero del Real Madrid, Barcelona y Espanyol, estuvo a un paso de unirse a una lista de nombres conocidos que perdieron su vida tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 que desembocó en un conflicto que duraría hasta abril de 1939. Gracias a la aparición de un “ángel”, Zamora no siguió el camino de personalidades como Federico García Lorca, Pedro Muñoz Seca o Ramiro de Maéztu, fusilados durante la guerra.

Sin embargo, aquel tórrido verano de 1936 comenzó bien para Zamora, que celebró un título importante en el Madrid (con el orden republicano instaurado en 1931, se dejó el "Real" por el camino). El 21 de junio ganó en Valencia la Copa de la República al Barcelona (1-2) el día en que decía adiós a su carrera. Se despidió con una parada increíble a Josep Escolà que pasó a la historia y con la que volvió a estar a la altura de su apodo: "El Divino".

La ideología de Zamora

Pero Zamora, entre celebraciones y despedidas, no podía imaginar que poco más de un mes después iba a iniciar una serie de desventuras que estuvieron a punto de costarle la vida en medio de la locura de la Guerra Civil.

Considerado para muchos monárquico y católico por escribir una columna en el diario Ya (de tendencia conservadora), Zamora estaba en Madrid cuando se inició la contienda. La capital quedó en zona republicana y al igual que en las llamadas nacionales, los asesinatos indiscriminados se sucedieron durante el conflicto. En Madrid, sobre todo en los primeros meses hasta que después fueron controlados con mayor o menor acierto por el Gobierno.

A priori, Zamora no tenía nada que temer. Héroe de los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 en los que España logró una medalla de plata e icono de la modernidad en su época, intentó pasar desapercibido. Pero dos hechos mostraron que su ideología política era una incógnita. Meses antes, en febrero, durante un partido en Montjuic que España disputó frente a Alemania, molesto con el gesto de los jugadores germanos, que levantaron el brazo cuando sonó el himno del III Reich, alzó el puño cuando escuchó el republicano.

Ya en junio, en Valencia, durante la cena de celebración tras ganar la Copa de la República, Zamora tomó la palabra y concluyó con un “Viva Valencia, el Madrid y España”. Un periodista gritó “y viva la República también” y Zamora no se sumó. Al final, parecía no estar adscrito a ninguna ideología. Eso, en un futuro le trajo problemas por partida doble y a los pocos días del inicio de la Guerra Civil fue detenido por las milicias para acabar en la cárcel Modelo de Madrid.

Tiempo después, su hijo, Ricardo, narró como fue su paso por la cárcel: “Una vez detenido, había un miliciano que cada día recitaba varios nombres. Eran individuos a quienes se llevaban y no volvían a sus celdas. En las listas apareció varias veces mi padre. Cada vez que pronunciaban su nombre, el susto era tremendo. Sin embargo, ocurría que cada comisario encargado de pasar lista, lo incluía porque quería conocerle”.

Noticias falsas del pasado

Sin embargo, pese a esa anécdota, Zamora no estaba fuera de peligro. Fuera de la cárcel, la rumorología sobre su estado era variada. Muchos afirman que el diario ABC publicó que apareció muerto en una cuneta en los primeros días de la contienda. Al revisar la hemeroteca del periódico, esa publicación aparentemente no existe. Pero sí que le dieron por muerto en otros medios. En concreto, en dos franceses, “L’Echo” de París y “L’Auto”, que después evolucionaría hacia “L’Equipe”.

La Agencia EFE encontró en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Francia ambos ejemplares. Y no hay duda, "liquidaron" a Zamora. L'Echo de París, dedicó una columna en su portada con una foto del portero del Real Madrid y con un párrafo escueto:

Ricardo Zamora, el famoso futbolista español, según informaciones en Praga del entrenador Plattkó (ex técnico del Barcelona), que se encuentra actualmente en España, fue fusilado en Madrid por los comunistas por haber mantenido relaciones con los monárquicos”.

En la edición del mismo día, el 15 de agosto, L'Auto, en su tercera página, sentencia al portero con un titular contundente: "Zamora est mort (Zamora ha muerto)". En el texto, no hay datos sobre cómo falleció, pero sí un pequeño obituario a modo de despedida.

“La noticia nos ha llegado, tan abrupta como seca: Ricardo Zamora ya no está. Fue probablemente el mejor portero de los últimos diez años. Se ganó su reputación en los campos de todo el mundo y seguía siendo el mejor portero de España, a pesar de tener más de treinta años”, comienza el texto.

"Aunque ya se había 'retirado' del deporte activo en varias ocasiones, la Federación Española de Fútbol tuvo que recurrir a él con frecuencia para la selección nacional. Y justo la temporada pasada tuvo que defender los colores de España. En Francia, donde tuvo la oportunidad de presentarse a menudo, se le recordará como un hermoso atleta con un juego muy espectacular, pero también muy seguro en su elegancia. También era un gran animador, y el fútbol ha perdido mucho en el día de hoy", culmina.

Después, en la séptima página, “L’Auto” informa del minuto de silencio que llegó a guardar la FIFA por Zamora durante el congreso en el que se eligió la sede del Mundial de Francia 1938: “Al inicio de la sesión, el Sr. Rimet (Jules, tercer presidente de la FIFA) que acababa de ser informado del fallecimiento del internacional español Zamora, pidió que, al margen de cualquier preocupación política, se guardara un minuto de silencio en homenaje a su memoria, lo que se hizo”.

Luego, el 17 de agosto, el periódico español El Mundo Deportivo se hizo eco de esas informaciones y se hacía una pregunta. "¿Ha muerto Ricardo Zamora?". El mismo diario español, el 20 y el 21 de ese mismo mes, aseguraba que "desde Costa Rica", primero, y "desde París", después, desmentían la muerte de "El Divino". Para entonces, en sus incendiarias apariciones radiofónicas desde Sevilla, para intentar contrarrestar los rumores sobre asesinato de Lorca en Granada, el general golpista Queipo de Llano también dio la noticia: "Los rojos han asesinado a Ricardo Zamora".

Hasta el 12 de octubre no apareció la información correcta. La dio El Mundo Deportivo, que aseguró que Zamora comenzó la contienda escondido en Madrid y que fue detenido y puesto a disposición de un Tribunal Popular "en condición de redactor del diario Ya".

Pedro Luis de Gálvez, el poeta salvador

¿Pero cómo escapó de la muerte Zamora? ¿Cómo se libró de los primeros fusilamientos, de las cunetas y de las posteriores sacas de Paracuellos del Jarama? Zamora estaba en la lista de posibles ejecutados y un hombre, fue su salvador: Pedro Luis de Gálvez, poeta bohemio andaluz, autor de “Negro y Azul”, que se cruzó a tiempo en su camino para proteger al portero del Real Madrid.

La figura de Pedro Luis de Gálvez es controvertida. El escritor y periodista Ramón Gómez de la Serna contó en sus "Retratos contemporáneos escogidos" que decidió huir de Madrid durante la guerra el día que vio a Gálvez caminar por la calle con un mono de miliciano, dos pistolas al cinto y un máuser al hombro. Otro periodista, Julián Cortés-Cavanillas, acusó al poeta de la muerte de Pedro Muñoz Seca, con quien compartió celda en la cárcel de San Antón.

Gálvez, capitán de milicias durante la guerra, tenía detrás una leyenda negra que corría por Madrid. Nunca fue probada y fue más fruto de la rumorología y de sus propias bravuconadas que de la realidad. Sí está documentado que protegió a Zamora. Fue el mismo Gómez de la Serna, en un artículo en el diario argentino La Nación, quien describió cómo se comportó el poeta en la cárcel Modelo para que los milicianos no fueran a por el guardameta del Real Madrid.

“He aquí a Ricardo Zamora, el gran jugador internacional de fútbol. Es mi amigo y muchas veces me dio de comer. Está preso aquí y esto es una injusticia. Que nadie le toque un pelo de la ropa. Yo lo prohíbo”, dijo Gálvez antes de abrazar y besar al portero mientras gritaba su nombre en la cárcel.

Finalmente, Zamora, ayudado por el poeta malagueño, se refugió en la embajada de Argentina hasta marzo de 1937, cuando fue evacuado a Marsella en barco. En Niza, se reencontró con José Samitier -su compañero en el Barcelona y el Real Madrid- y alargaría dos años su carrera en el club de la ciudad francesa antes de regresar a España entre los recelos de ambos bandos.

Para los republicanos, era un “ex muerto” que había huido, mientras que para los sublevados, tras afirmar en una entrevista no ser un fascista y que no volvería jamás a Burgos (capital de la zona nacional), era una persona “non grata”. Sin embargo, cuando la Guerra Civil se acercaba a su final, Zamora cruzó la frontera y apareció en San Sebastián. Aunque en un principio fue detenido, luego fue puesto en libertad por la posible repercusión internacional que podría tener el caso.

Mientras, su salvador fue capturado el 1 de abril en Valencia y juzgado y condenado a muerte en 1940. El expediente franquista sobre su procedimiento judicial que se guarda en el Archivo General e Histórico de Defensa, muestra contradicciones entre las declaraciones de aquellos que dijeron haber sido detenidos por Gálvez durante la Guerra Civil.

Finalmente, murió fusilado el 30 de abril de 1940. En el juicio, adujo que salvó a muchas personas, como a los escritores Ricardo León, Emilio Carrere o a nuestro protagonista, Ricardo Zamora. Como prueba, presentó una fotografía dedicada por “El Divino”: “A Pedro Luis de Gálvez, el único hombre que me ha besado en la cárcel”.

No bastó para salvar su vida. Pero, por lo menos, alargó la de Zamora, que falleció a los 77 años un 9 de septiembre de 1978. Su otra muerte, que hoy sería calificada como una “fake news”, sucedió hace justo 85 años, cuando España era un polvorín en el que muchos fueron sacados de sus casas para no volver jamás. Zamora, sí lo hizo.