Muy violentos y con formación paramilitar: así son los ultras de fútbol que combaten en Ucrania

En el país, con el fútbol parado, los ultras han encontrado su sitio en los “batallones de la libertad”, en Italia reclutan mercenarios para Putin y en Rusia se suman al club de la “Z”

Ucrania, en la voz del presidente Volodimir Zelenski, llamó a los hombres a luchar y numerosos deportistas de élite no lo dudaron. La dramática situación que viven los civiles en Ucranianos deja cada día cientos de relatos de atletas que tuvieron que dejar todo lo que tenían y más y partieron sin nada en el primer transporte que encontraron para dejar su tierra. Otros, como el ex tenista ucraniano Sergiy Stakhovsky (fue 31° del mundo en 2010), Yuriy Vernydub, entrenador del Sheriff Tiraspol o el ex campeón del mundo de boxeo Vasyl Lomachenko se alistaron en el ejército.

El deporte incluso ha tenido que lamentar sus primeras víctimas en combate. Dos futbolistas ucranianos perdían la vida en los primeros días de invasión rusa. Se trata de Vitalii Sapylo, de 21 años, y Dmytro Martynenko, de 25. Vitalii Sapylo, jugador del equipo juvenil del Karpaty Lviv, perdió la vida durante una batalla cerca de Kiev después de unirse al ejército como comandante de tanque. Dmytro Martynenko, jugador aficionado del club regional FC Gostomel, murió junto a su madre cuando las fuerzas rusas bombardearon el bloque de apartamentos en el que vivía.

El Batallón Azov y F. C. Metalist Járkov

Sin embargo, no solo los deportistas han decidido empuñar un fusil. Con el fútbol parado, Zelenski también ha reclutado soldados en las hinchadas de los clubes de fútbol, de corte hooligan y neonazi, ahora convertidos en “combatientes de la libertad”. Con formación paramilitar ya saben lo que es estar en guerra. En 2014, ultras ucranianos fueron incorporados al Batallón Azov, un grupo de ultraderecha. Nació durante el conflicto de 2014 con la autorización del Ministerio del Interior para la formación de grupos de civiles armados destinados a luchar contra las fuerzas separatistas prorrusas, algunas de ellas también señaladas como neonazis, que finalmente se quedaron con el control de los territorios de Donetsk y Lugansk.

De hecho el batallón Azov tiene como raíz al Sect 82, sector de hinchas del Metalist Kharkiv (F. C. Metalist Járkov), que en 2014 ocupó la sede del gobierno de Jarkov (Kharkiv). Del Sect 82 nació un grupo policial con “tareas específicas”: el Cuerpo del Este. Los mismos que ahora han conformado milicias armadas para defender a su país de la invasión rusa.

También fueron claves en el Euromaidán o la Revolución de la Dignidad, nombre dado a una serie de manifestaciones y disturbios heterogéneos de índole europeísta y nacionalista de Ucrania que en su clímax derrocaron al presidente Víktor Yanukóvich, del prorruso Partido de las Regiones en 2014.

El batallón Azov y el “Ejército de la Patria” son conocidos en nuestro país por la polémica suscitada por el futbolista Roman Zozulya, que fue tachado de “nazi” por los ultras del Rayo Vallecano, que incluso frenaron su fichaje, por apoyar a los paramilitares ucranianos en la guerra contra los prorrusos en el Donbass.

Mercenarios italianos al servicio de Putin

Pero la relación de los ultras con la guerra entre Rusia y Ucrania viene de lejos. De hecho, el referente número uno de los hombres de Putin en Italia para reclutar mercenarios dispuestos a luchar contra los ucranianos es según los investigadores Andrea Palmeri. Apodado “el generalísimo” y líder ultra del Lucchese en 2018 se sumó al bando prorruso para luchar contra Ucrania. También estarían relacionados con él, Gabriele Carugati conocido como «Arcangelo», de Varese, y Massimiliano Cavalleri, conocido como «Spartacus», de Brescia. Todos ellos se encargaban de captar a jóvenes para combatir frente a los batallones ucranianos.

En 2020, salió a la luz que agentes encubiertos ucranianos intentaron secuestrar a Andrea Palmeri, pero fallaron. Condenado el pasado mes de septiembre por haber entrenado a varias personas para hacerlas luchar junto a las milicias prorrusas en el este de Ucrania y hacerlas participar “en acciones predestinadas y violentas destinadas a cambiar el orden constitucional o violar el derecho territorial y la integridad del gobierno ucraniano”, pesa sobre él una orden de detención internacional. Según medios italianos, sigue en la autoproclamada República Popular de Lugansk y asegura que solo realiza tareas humanitarias, algo de lo que dudan en Kiev.

Propaganda rusa

Sus nombres forman parte de la propaganda rusa en redes sociales en la que también participan activamente otros de los grupos ultras, entre ellos uno de los más temidos de Europa: los del Spartak de Moscú. Grupo de triste recuerdo en nuestro país ya que en 2018 sumaron a su negro historial una batalla frente a los radicales de Herri Norte que acabó con la muerte de un ertzaintza en Bilbao.

Al contrario que los hooligans ingleses, son carne de gimnasio y no acostumbran a ingerir alcohol, al menos antes sus «batallas», algo que los convierte en más eficaces y peligrosos.

Muy violentos, xenófobos, ultraderechistas y expertos en artes marciales siguen métodos de entrenamiento paramilitar. Sus peleas en los bosques de las afueras de Moscú son conocidas en las redes sociales, trasladando el caos por allí donde pasan.

El hooliganismo ruso lleva años destacando por su violencia. Ha superado hace tiempo al turco, al balcánico, al polaco y por supuesto al inglés. Los ‘Gladiators Firm 96′, liderados por Vasily ‘El Asesino’, y ‘Fratria’, dos de las facciones ultras más peligrosas de Europa, ya protagonizaron graves incidentes en la Eurocopa de Francia de 2016,con violentas batallas campales por las calles de Marsella.

«Fratria» tiene su origen en 2005 y es el grupo más numeroso y organizado. Destacan por el uso de bengalas en los estadios y por sus mosaicos con mensajes del tipo ‘Ganar o morir’. Cuentan con unos 10.000 miembros. Suelen actuar en pequeños grupos para dificultar su detención. El éxito individual en las peleas permite a cada individuo ascender dentro del grupo, siendo los más violentos los que alcanzan mayor estatus.

Las técnicas y modo de vida de estos ultras quedó reflejada en la película Okolofutbola, un filme dirigido por Anton Bormatov que cuenta de la mano de sus protagonistas el entramado mundo hooligan en Rusia.

Ahora, estos grupos alientan la guerra en internet inundando sus redes de la propaganda rusa y formando parte del ya denominado club de la “Z”.