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Alberto Fernando Graziano: «Lo mío con Boca es una relación de sangre»

Es el nieto de uno de los fundadores del club xeneize, creció en La Bombonera animando al equipo de su vida y ahora vive en El Escorial.

  • Alberto Graziano muestra el carné de su abuelo. Socio número 15 y fundador de Boca Juniors
    Alberto Graziano muestra el carné de su abuelo. Socio número 15 y fundador de Boca Juniors

Tiempo de lectura 4 min.

08 de diciembre de 2018. 00:28h

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José Manuel Martín 8/12/2018

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En una esquina del distrito de Chamberí se encuentra el lugar de reunión de la peña que Boca Juniors tiene en Madrid. En mitad del bullicio de banderas y de cánticos, un señor que no va vestido de hincha saca del bolsillo una pequeña cartera de cuero. Al abrirla se anima a contar su historia, que arranca en 1905, año en el que se fundó el club de sus amores, y termina, de momento, mañana en el Santiago Bernabéu con la final de todos los tiempos. Un partido que, como otros muchos aficionados, Alberto Fernando Graziano no esperaba ver desde la grada. Vive desde hace cuatro años en El Escorial junto a uno de sus hijos y dos de sus nietos (todos bosteros, por supuesto), así que cuando escuchó que la Libertadores se decidiría en Madrid no lo podía creer. «Sinceramente fue una cosa que nos alucinó a los hinchas de Boca. Queríamos ir a verlo a Argentina, muchos no podíamos por problemas de dinero o por asuntos laborales. Luego de la suspensión pensamos que se jugaría en un país limítrofe y, al saber que sería en España, seguro que íbamos a ir allá donde fuese. Está muy bien para nosotros y es una pena para los seguidores de allá», asegura el nieto de uno de los fundadores de Boca Juniors. Su abuelo materno fue Luis Fernando de Harenne, que en los libros de la historia auriazul aparece como futbolista en la alineación del primer partido del club. Ganaron los xeneizes (4-0) ante el Club Atlético Mariano Moreno, dando comienzo a una pasión que no entiende de siglos ni de generaciones. «Se me pone la piel de River (gallina) al rememorar todo esto», confiesa Alberto emocionado, pero sin olvidar la eterna rivalidad con su rival de mañana y de siempre. Son muchos recuerdos, muchos goles y muchos ídolos, todos teñidos del azul y oro que lleva en el corazón. De ese color, con la equipación oficial, le vistieron sus primos cuando celebraba su quinto cumpleaños (ahora tiene 69). «Mi madre y mi tía me habían vestido todo de blanco, muy elegante para mi fiesta y acabé vestido de Boca. Todavía conservo la foto y es uno de los mejores recuerdos de mi vida», reconoce.

Su vida está ligada a la de Boca Juniors incluso antes de tener uso de razón para hacerse hincha de un equipo. «Lo mío con Boca es una relación de sangre. Pasé todas las etapas de mi vida en La Bombonera. Cuando era pequeño iba a la zona infantil, luego al fondo, donde te subías en la alambrada y tocabas el bombo. Más tarde pasé a la zona de socios, más tranquila, y terminé en platea mirando el fútbol con calma». Creció viendo partidos de Boca y al hablar de ídolos se le acumulan los nombres. «Si tengo que quedarme con un jugador, Paulo Valentín, un brasileño que le hacía los goles a Carrizo y era un delirio, un goce total verlo a él, o a Ángel Rojas. De los más modernos, a mí Palermo me encantaba. Le ponía garra y pasión, lo que nosotros llamamos huevos. Futbolísticamente hablando, Maradona está arriba del todo y luego viene el resto», matiza. Le gusta el equipo actual, el del Mellizo Barros Schelotto, que antes de técnico fue figura xeneize. «Fue un gran jugador, le debemos mucho. Le daba los pases a Palermo en aquel Boca que le ganó la Intercontinental al Madrid en 2000. Yo se lo recuerdo todavía a muchos de mis amigos acá en El Escorial», bromea. Su cabeza va y viene de ese Buenos Aires antiguo al Madrid actual en el que descansa tras una vida de trabajo y desearía que todo el mundo pudiese alguna vez ver fútbol en La Bombonera. «En mis tiempos, el día de partido comenzaba comiendo un choripán en la esquina junto a la puerta, donde Kike el Carnicero. Veías pasar la locomotora soltando todo el vapor y te metías en la cancha gritando con la bandera. Sentías desde la tribuna el sonido de las canciones. Y claro que late ese estadio. ¡Cómo se mueve! Yo le rezaba a la Virgen de Luján para que no se cayera la tribuna».

Boca nació como un equipo de barrio, del que tomó su nombre, en el que jugaban los chicos de por allí y ha crecido hasta convertirse en un fenómeno mundial, con hinchas en todo el planeta. De muchos sitios van a llegar estos días a Madrid para intentar llevarse la Libertadores 2018, la Champions de Suramérica, que es más valiosa todavía por tener enfrente a River, el enemigo de siempre.
Alberto sueña con que el gol del triunfo lo marque Carlitos Tévez, «un chico de origen humilde que se lo merece por todo lo que nos dio».

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