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Así está siendo la fiesta de la Selección española

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Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2019. 22:36h

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José Aguado 15/9/2019

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Desde Marc Gasol a Beirán, de Scariolo a Jorge Garbajosa, de Ricky al último de los fisios... el oro de Pekín es cosa de muchos, en realidad de todos. Y eso fue lo que se empeñó en destacar un entrenador más orgulloso que nunca de sus jugadores. «Hemos encontrado una química fantástica porque cada uno de los jugadores ha puesto el nosotros antes que el yo y hemos sido fieles a nuestros valores. Hemos jugado en equipo y cada uno ha llevado su capacidad de sacrificio defensivo al límite de sus posibilidades», explicó el italiano con su séptima medalla al frente del equipo nacional.

Scariolo no se cansó de alabar a sus chicos: «He visto a los jugadores tan concentrados... en el plano defensivo estaban siempre superdetallistas, en el plano ofensivo a veces más o menos. Esta vez estaban tan ocupados en pensar en que iban a jugar contra la mejor defensa, junto a nosotros, del campeonato que se han preparado superbien».

El seleccionador era uno de los que no pensaba precisamente en el oro allá por la primera fase cuando los rivales eran Túnez, Irán y Puerto Rico. Había tenido buenas sensaciones, pero «mentiría si dijera que pensaba en el oro». Para Scariolo, la victoria mundialista tiene «un grandísimo valor» debido a que se ha logrado «en un momento en el que nadie lo esperaba» y se ha alcanzado desde una «supuesta inferioridad» a nivel individual en relación a otros equipos como Serbia o Estados Unidos. «Hemos competido como nadie, como sólo ha hecho Argentina hasta el ultimísimo partido. Haberle ganado a ellos, justo un equipo con un carácter tan fuerte, tan competitivo, da más valor aún a nuestro triunfo porque hemos superado a unos grandísimos competidores», señaló Scariolo.

El vestuario del Wukesong Arena fue una fiesta. Y uno de los más felices era el mayor de los Hernangómez. Su campeonato no ha sido sencillo. Scariolo le ha dado algún toque de atención y su respuesta fue un nivel muy notable en la final. Willy era un hombre orgulloso abrazado a su hermano Juancho y con sus padres en la grada: «Las finales hay que jugarlas, disfrutarlas y, sobre todo, vivirlas, porque nunca sabes cuándo vas a repetirlas. Yo creo que la hemos disfrutado muchísimo, hemos vibrado 40 minutos, han sido dos días con muchos nervios, ganas de que llegase el partido. Pero bueno, campeones del mundo, esto es algo increíble», apuntó. Así cantaban Rudy y Llull.

Marc terminó el partido con premio incluido. No era el MVP, que fue para Ricky, fue el balón de la final. «No sé en cuántas ciudades hemos estado, cuántos viajes hemos hecho, cuántos partidos hemos jugado... Lo que sí sé es que estoy muy feliz. Esta victoria no se puede comparar con lo de 2006. Yo llegué a Japón de rebote, tenía sólo 20 o 21 años y aquí soy el más veterano del grupo y estoy igual de feliz. Ganar hace que al final todo merezca la pena», aseguraba el pívot que después de proclamarse campeón de la NBA es el segundo jugador de la historia que logra el título mundialista.

Otro de los protagonistas indiscutibles del torneo ha sido Rudy Fernández. Su verano no ha sido sencillo. Murió su abuelo, su hermana sufrió un aborto y él asumió la capitanía en un acto de responsabilidad que sus compañeros no se han cansado de agradecerle. Y se ha visto al mejor Rudy posible. El exterior más inteligente del torneo. «Es increíble, no tengo palabras para describir todo lo que estoy sintiendo ahora mismo. Creo que hemos hecho un torneo muy serio desde el principio, sabíamos que era importante el grupo. A medida que ha avanzado el torneo hemos ido a más y se ha demostrado que en los momentos importantes ha sido cuando se ha visto a la mejor selección. Por eso somos merecidísimos campeones del mundo», aseguró a Mediaset.

Ricky ya fue protagonista en el Wukesong durante la final olímpica de 2008. Su mate ante Dwight Howard todavía está en la retina de los aficionados. «Es cierto que tengo muy buenos recuerdos de todos los años, pero este ha sido muy especial a nivel personal y también colectivo por ser el capitán de esta grandísima selección. Estoy muy orgulloso de todos ellos, de todo lo que me han ayudado durante el campeonato y la preparación. Ha sido una gozada poder capitanear este equipo». Y la celebración continuó en el vestuario del pabellón y en el hotel de concentración en Pekín. La fiesta continuará hoy en Madrid. El segundo título de campeones del mundo para el baloncesto español bien lo merecía.

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