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Carlos Sainz gana el segundo Dakar de su carrera

A los 55 años y en su última participación, el madrileño pone la guinda a su palmarés con el segundo triunfo en la rally más mítico. «Es una recompensa merecida», asegura.

  • El español Carlos Sainz (d) (Peugeot) celebra junto a su copiloto Lucas Cruz (i) luego de ganar el Dakar 2018 hoy, sábado 20 de enero de 2018. EFE/David Fernández
    El español Carlos Sainz (d) (Peugeot) celebra junto a su copiloto Lucas Cruz (i) luego de ganar el Dakar 2018 hoy, sábado 20 de enero de 2018. EFE/David Fernández / Ap

Tiempo de lectura 4 min.

20 de enero de 2018. 23:47h

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José Manuel Martín 20/1/2018

Carlos Sainz júnior alucina cuando se levanta temprano por la mañana para entrenar y se encuentra a su padre sudando ya en el gimnasio. Con 55 años y un palmarés envidiable podía estar tranquilamente desayunando o incluso todavía en la cama, pero eso no es para él. Reconoce que a su edad la retirada está cada vez más cerca, una sensación que no le ha quitado la pasión por el volante y la velocidad. Todavía prefiere pasar la primera mitad de enero tragando polvo en Suramérica y arriesgando el físico que mirándolo desde el sofá o como comentarista de televisión. Puede que el año que viene sí lo vea desde fuera, al menos esta era su intención antes de partir hacia Lima justo después de las uvas de Nochevieja. Peugeot, su equipo, deja el Dakar, y él, también. La edición de 2018 era su despedida y no ha podido ser más a lo grande. Ayer se confirmaba su segundo triunfo en el «rally raid» más duro y mítico del mundo después de su primera corona en 2010. En medio de los dos éxitos, accidentes muy graves, lo normal en el Dakar según el propio Carlos, una carrera en la «que si te esperas lo peor nunca te equivocas». El destino ha querido que lo deje con la mayor gloria posible y en las mismas pistas de la Córdoba argentina sobre las que ganó su último rally del Mundial de velocidad. «Que haya sido en estos mismos caminos hace que la alegría sea incluso mayor, es una recompensa merecida», decía Sainz nada más bajarse del capó del coche, el lugar en el que se celebran este tipo de triunfos.

Antes de marcharse de Madrid avisaba de que este año el trazado era el más duro desde que se abandonó África y que la paciencia iba a ser una de las claves. No se trata sólo de ser rápido, algo en lo que el madrileño es el mejor entre todos los participantes, sino entender bien la navegación y cuidar el coche. Cada pieza tiene un límite de golpes que puede recibir antes de romperse y hay que saber distinguir los momentos en los que arriesgar. Nadie lo ha hecho más brillantemente que Sainz en este Dakar, ni siquiera su compañero de equipo, el gran Stephane Peterhansel. «Monsieur Dakar» rompió el Peugeot DKR 2018 y se dejó más de una hora y media. Un suceso inesperado que abría las puertas del triunfo a Sainz. Había temor de que el equipo galo diera prioridad a su compatriota en el que caso de que los dos llegasen igualados a las últimas etapas, pero la ventaja era tanta que Sebastien Loeb se convirtió en el escudero de Sainz y Peterhansel se resignó a luchar por el podio. Ahora, el señor del Dakar es Sainz, que se encuentra ante la posibilidad de retirarse de esta carrera con un grandísimo y merecido triunfo.

Sin Peugeot, no hay muchos equipos oficiales que puedan tentar lo suficiente al campeón, pero lo que pueda pensar ahora, todavía con restos de arena en el mono, puede no ser lo mismo una vez los meses pasen y vuelva a sentir la llamada del desierto. La primera intención es dejarlo aquí y sólo probar su talento al volante en alguna exhibición, aunque mejor no apostar. Su carrera es tan impoluta como sus modales, un auténtico caballero del volante, campeón del mundo de World Rally Car con Toyota en 1990 y 1992. Después fue subcampeón otras cuatro veces, las ya famosas del «trata de arrancarlo» y en las que unos troncos o incluso una oveja en Nueva Zelanda se cruzaron en su camino para restarle títulos del mundo.

En el Dakar también tuvo algunos sustos graves cuando estaba líder y con la posibilidad de ganar. En 2009 cayó por un precipicio de más de cuatro metros que no estaba en el libro de ruta y el año pasado se dejó sus esperanzas en un barranco cuando lideraba la general. Nada le quitó las ganas de volver al desierto, empeñado en ganar al menos una vez más. Ayer lo hizo, sin imprevistos en la última especial, en la que no tuvo que hacer otra cosa que disfrutar al lado de Lucas Cruz, su inseparable copiloto las últimas temporadas. Son muchas horas dentro del coche, así que hay que llevarse bien. Carlos pone la velocidad en el binomino, mientras Lucas busca la mejor ruta. Así, durante casi 9.000 kilómetros, 4.500 cronometrados, al final de los que estaba la gloria para el «Señor Dakar».

El hijo más orgulloso

Nada más confirmarse el triunfo de su padre, Sainz júnior colgó una foto antigua de ambos junto a un texto en el que el piloto de F-1 reconocía sentirse el hijo más orgulloso del planeta. Por la noche publicó una carta abierta en la que quería dejar clara «la admiración que tus hijos tenemos por ti como persona y deportista. Como padre eres un ejemplo del que no paramos de aprender cada día», explicaba Sainz hijo, que no había nacido cuando su progenitor ganó sus dos títulos del Mundial de Rallys. La posdata de la carta hablaba sobre los planes de retirada del madrileño. «Todo el mundo se pregunta si vas a colgar el casco (sabes que a mamá esta idea le hace muy feliz). Yo te apoyaré y animaré en lo que decidas».

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