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Vuelta a San Juan

Óscar Sevilla, un colombiano de Albacete

Con 46 años, es el alma del Team Medellín en la Vuelta a San Juan. “Me siento español, pero en Colombia he encontrado un gran cariño en todos los aspectos”, dice

Óscar Sevilla, con la camiseta de Team Medellín en la Vuelta a San Juan
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Si alguien no conoce a Óscar Sevilla y lo escucha hablar por primera vez nunca pensaría que nació en Ossa de Montiel (1976) en la provincia de Albacete. Habla con acento y expresiones colombianas después de catorce años viviendo en aquel país.

«Me siento muy español, España y Ossa de Montiel son mi tierra, mi casa, pero en Colombia he encontrado un gran cariño en todos los aspectos, en lo deportivo, en lo personal, en lo emocional», explica. «Llegué a Colombia por casualidad, para una carrera con el equipo Rock Racing, de Estados Unidos», y ya no se marchó.

Volvió a España para correr el campeonato nacional, pero regresó para instalarse en Colombia junto a Yvone, su mujer. Ella es colombiana. «La había conocido en Suiza hacía años, pero me reencontré con ella allá. En ese momento vivía en Santa Mónica, con el equipo Rock Racing. Seguí corriendo dos años con ellos, tengo casa en España, pero me quedé en Colombia sin pensarlo. No planeé las cosas, fue un día, me gustó el cariño de la gente, cómo se vive la vida, aunque hay cosas por mejorar. Pero ningún lugar es perfecto y hay más cosas positivas que negativas, el cariño de la gente, el valor que le ponen a la vida en cosas sencillas», afirma el ciclista español.

«Nosotros somos más pesimistas, uno siempre tiene que aspirar a mejorar su estilo de vida, es bueno mejorarlo, pero sin ser desagradecidos. A veces no valoramos lo que tenemos en el día a día. En Colombia he aprendido eso de mucha gente, gente muy humilde, no pobre, pero muy humilde, que disfruta la vida mucho más que gente que tiene mucho más dinero que ellos, porque valoran esos momentos», explica.

En Colombia encontró su casa y se planteó incluso nacionalizarse colombiano. “En 2012 o 2013 estaba en mi mejor momento, ganaba la Vuelta a Colombia, Clásicos, andaba muy fuerte, me veía muy bien y quería devolverle a Colombia esa acogida y correr con la camiseta de Colombia un Panamericano, un Mundial... Pedí la nacionalidad pero no fue fácil, hubo papeleos que no lo hicieron posible y a día de hoy no he insistido más”, cuenta.

Los colombianos encontraron en él, un maestro. «Muchos me lo han dicho y para mí es una felicidad, llegué a Colombia y cambié un poco el ciclismo a nivel de entrenamiento, de logística, de manera de correr, de profesionalidad...», dice. Un ejemplo de esos cambios es la introducción de la bicicleta de contrarreloj en el ciclismo colombiano, que todavía tiene una asignatura pendiente en la pelea contra el crono. “Me acuerdo de una contrarreloj de 25 kilómetros, más o menos, con un repecho final de cuatro kilómetros tendidos. Pero una contrarreloj como las que hemos corrido siempre, con bicicleta de contrarreloj, con mis ruedas, con todo, y un director de equipo me dijo un dicho colombiano, “te vas a enterrar”, no vas a poder con la bici. Mi experiencia me decía que sí, me podía enterrar porque tuviera un mal día, pero era la bici adecuada y le metí al segundo como dos minutos y medio. La diferencia es que ellos corrían con bicis normales, no que yo fuera más fuerte que ellos. A partir del año siguiente todo el mundo corría con bici de contrarreloj”, relata.

Ayudó también Sevilla a cambiar la mentalidad del ciclismo colombiano. “Les hice ver que todos somos humanos, que a todo el mundo le duelen las piernas, que tienen que aprender otras cosas, otras culturas, desmadrarse en el sentido de separarse de la teta de la mamá. Ahora se ha mejorado mucho y creo que les ayudé a dar ese empuje”, cuenta.

Creo que les he dado un paso más de ilusión, de profesionalidad, a los auxiliares también. No es que lo hicieran mal, pero simplemente copié lo que había aprendido en Europa. Los desayunos, la comida. Pensaba cómo pueden ser tan buenos con lo que comen. Comían para desayunar buñuelos, que son como churros, cosas grasientas y fue cambiarles un poco para que comieran más limpio, más sano, que no bebieran tanta gaseosa”, añade. “Poco a poco, porque no puedes cambiarles de la noche a la mañana todos los hábitos. Y luego entrenar, porque para ganar hay que entrenar, esto no es gratis y el sacrificio tiene premio. Enseñarles a entrenar y el uso de la tecnología, con los vatios, el pulsómetro. Recuerdo que me criticaban muchos directores, “eso son modas”, decían. Y hay muchos que me lo agradecen en privado. O muchos que me llamaban porque tenían al día siguiente una etapa en una carrera grande y me decían “Óscar, ¿tú qué harías?”. Eso me enorgullece igual que ahora en el Team Medellín me enorgullece poder formar a los corredores más jóvenes”.

Su labor en el Team Medellín, el equipo que ha fichado a Supermán López, el ganador de la Vuelta a San Juan, va mucho más allá de montar en bicicleta. “En el equipo no sólo hago la labor de corredor sino también de buscar carreras, preparar a los muchachos, el entrenamiento, decidir qué carreras van a correr, elegir qué corredor va a estar en cada momento de forma. Eso me divierte, eso me mantiene vivo y quizás en otro equipo no lo podría hacer. No solamente corro, también estoy pendiente de muchas cosas externas a montar en bici pero vinculadas al equipo, material, ruedas. Ahora viajamos a los Nacionales de Colombia y me ocupo cómo viajamos, qué hotel. Hago un poco de todo y eso me da mucha vida porque no me deja caer en la monotonía. Y luego el ambiente que hay en Colombia de ciclismo. Montar en bici en Colombia es un placer”, explica Óscar Sevilla.

Y no se plantea regresar a España. “No creo, primero por el clima. Yo recuerdo entrenar en invierno en Ossa de Montiel y no me gustaba, lo hacía obligado. Iba tapado, eran hora y media o dos horas y miraba el reloj como que tenía que cumplir un horario. Aquí me divierto”, dice. Y mientras siga divirtiéndose, seguirá montando en bici. “Ahora corro por pasión, no por necesidad, corro por amor a este deporte y no quiero que se convierta en una obligación, al contrario. El día que llegue ese momento, chao”.