Motociclismo

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El cuento de hadas de Danilo Petrucci en MotoGP

Danilo Petrucci celebra su triunfo en el podio
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Danilo Petrucci (Terni, 1990) reconocía que iba a necesitar verse hoy en los periódicos para creerse lo que hizo ayer en Mugello. En el templo del motociclismo italiano, él fue el ídolo inesperado. Donde todo el mundo esperaba a Rossi o Dovizioso, apareció el chico de pueblo que nunca antes había ganado una carrera en el Mundial. Su historia contradice a las típicas de los campeones de MotoGP. No fue un piloto precoz de esos a los que los patrocinadores van a buscar a la puerta del colegio. Todo lo contrario. Danilo ha llegado a la élite por una puerta más complicada. Las motos le gustan desde siempre, eso sí, y reconoce que no se imagina su vida haciendo otra cosa que no sea pilotar, pero nunca participó en las categorías de formación del Mundial. No pisó Moto3 ni Moto2 y mientras sus ahora rivales iban quemando las etapas lógicas, él soñaba con sacar la oposición de policía y ejercer si llegaba el caso.

Practicaba el enduro y el ciclismo, pero los circuitos le quedaban lejos, casi tanto como el glamour de un «paddock» donde se ha sentido extraño en muchas ocasiones. No ha nacido allí, ha llegado ya crecidito y sin perder a los amigos del colegio del pueblo de la región de Umbría de donde procede. En Terni es la única celebridad, algo que no le molesta demasiado, aunque tenga que hacerse unas fotos antes de sentarse a comer. Se toma con distancia y humor las cosas de la fama, como cuando una aficionada le llevó al circuito a un recién nacido que se llamaba Danilo en su honor.

A los 22 años, cuando algunos ya han sido campeones varias veces, él debutó en MotoGP con una moto de las menos competitivas de la parrilla. Llegaba a la élite, sí, pero las perspectivas no eran demasiado buenas. Jugaba en desventaja por todo, aunque seguramente le puso una sonrisa, como hace en todas las circunstancias. Ayer, en Mugello, su historia se convirtió en un cuento de hadas y no le quedó más remedio que llorar como un niño pequeño.

En el día de la República, en Mugello, conduciendo la Ducati oficial, que es la novia de todos los «tifosi», y superando en el mano a mano a Márquez y Dovizioso. Así, en ese escenario, consiguió su primera victoria en MotoGP a los 28 años y tapando la boca de todos aquellos que decían que no tenía nivel para subirse en esa moto. Pues todos a callar y los jefes de la fábrica de Borgo Panigale ya pueden empezar a preparar el contrato de renovación que se ha ganado. Estaba presionado por las dudas que le rodeaban después de relevar a Lorenzo en el equipo oficial. Su inicio de curso no había sido bueno y ya se había hablado de la posibilidad de repescar a Bautista de Superbikes para quitarlo de en medio.

Ahora les va a costar, porque su nombre está entre los que han sido capaces de ganar una carrera con Ducati, una lista, por ejemplo, en la que no se encuentra Valentino Rossi. Para las aspiraciones mundialistas de la marca hubiese sido más provechoso que venciese Dovizioso, pero en la pizarra le pusieron siempre el mensaje de que siguiese apretando. Nada de órdenes de equipo, nadie se veía capaz de evitar que el patito feo se convirtiese en un cisne. Ni siquiera le molestó a Dovi, todo lo contrario, al que el propio Petrucci agradeció que le haya desvelado secretos para ir rápido con esta moto «que ningún piloto le cuenta a otro». «Me ha ayudado mucho este invierno. Me ha adoptado en su casa como si fuera su hermano. Esta victoria es para él», aseguraba Petrux con la humildad que le hace ser querido por todos.

«Ya tengo lo que deseaba y ahora voy a ayudar a Andrea para que sea campeón del mundo», continuaba volviendo a ese segundo plano en el que se siente más cómodo, como en el huerto que alguna vez tuvo en su pueblo o en ese sofá desde el que veía a los que ahora son sus rivales y a donde volverá para mirar las carreras cuando todo acabe.