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El jeque Nasser Al Attiyah, a tiros en el desierto

El jeque qatarí, bronce olímpico en tiro en Londres 2012, sumó su tercer Dakar por delante de Nani Roma, segundo con Mini.

  • Nasser Al Attiyah posa junto a su Toyota después de coronarse en el Dakar 2019 ayer en Lima
    Nasser Al Attiyah posa junto a su Toyota después de coronarse en el Dakar 2019 ayer en Lima

Tiempo de lectura 2 min.

18 de enero de 2019. 01:09h

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José Manuel Martín 18/1/2019

En el Dakar, detrás de la competición, hay mil historias que conviven cada atardecer cuando los motores se apagan. En los campamentos después de cada especial conviven pilotos de todo tipo y condición. Los hay aficionados, profesionales, viejas glorias de otras modalidades, aventureros con una ilusión y... jeques. Al menos uno, Nasser Al Attiyah, que ayer se coronó en la categoría de coches por tercera vez. Son las estrellas que más brillan en su extenso palmarés en rallies de asfalto y «off road» y que incluye una medalla de bronce olímpica en tiro al plato en la modalidad de skeet. La consiguió en los Juegos de Londres, porque además de darle al volante y a los pedales, Nasser es un gran tirador y ha representado a Qatar en seis ediciones de los Juegos, desde Atlanta 1996 a Río 2016. A sus 48 años recién cumplidos, la sonrisa es su seña de identidad. Se trata de un tipo alegre, optimista y al que la condición de jeque le viene por ser el primero del emir de Qatar, Tamim Bin Hamad Al Thani. Evidentemente, Nasser no tiene problemas de financiación para sus proyectos deportivos y todo los premios que consigue con sus triunfos los destina a fines benéficos.

De hecho, no necesita ganar para repartir dinero. En 2014, cuando competía en el Dakar para el equipo Mini, donó algo más de 100.000 euros a un proyecto solidario que se encargaba de construir viviendas para la gente sin hogar en Suramérica. Es, sin duda, el mejor embajador de Qatar en el mundo y está convencido de que la imagen de su país irá mejorando gracias a gente como él. Para la afición española fue el enemigo en algún momento por sus luchas cuerpo a cuerpo con Carlos Sainz. En 2010, ambos vestían los colores de Volkswagen y protagonizaron el desenlace más ajustado de la historia del Dakar. El madrileño se impuso a su compañero de equipo por sólo 2 minutos y 12 segundos, después de un esprint rueda con rueda en las últimas etapas.

No se arrugó Al Attiyah al medir su velocidad con un bicampeón del mundial de rallies y lo hizo sin perder la sonrisa en ningún momento. Su rivalidad se ha convertido en un clásico de la carrera en los últimos tiempos y sus nombres han servido para mantener la atención mediática de una prueba que no pasa por su mejor momento. Ayer se terminó la edición más corta en cuanto a etapas, sólo diez, y que sólo ha transcurrido por territorio peruano. Un bucle lleno de dunas en el que Al Attiyah ha resistido mejor que los otros favoritos, que no se han salvado de los imprevistos y los accidentes. Él ha optado por un plan conservador y se ha aprovechado de su conocimiento extremo del paso por las dunas. «Dame arena y soy feliz», ha dicho alguna vez este experto en conducir por el desierto. En 2019 le ha dado a Toyota la primera victoria en el Dakar y ya se ha ofrecido para ser el maestro de Fernando Alonso en el arte de superar las montañas de arena. El asturiano podría correr en 2020 y Nasser sería su instructor en el desierto.

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