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«En Cataluña, si apoyas a la selección española eres un no catalán»

España vuelve a Barcelona en marzo, 18 años después de la última vez que jugó allí. Aficionados que acudieron a ese partido, quieren un estadio lleno de banderas

La selección española de Luis Enrique jugará en Cornellá en marzo de este año
La selección española de Luis Enrique jugará en Cornellá en marzo de este año FOTO: Julio Muñoz EFE

Hacía frío en Montjuic, pero se soportaba. Era el 18 de febrero de 2004 y antes de llegar al estadio para el amistoso entre España y Perú, los aficionados españoles miraban con cierta envidia la fiesta que estaban montando los hinchas peruanos, que celebraban felices poder ver a su selección en España, en Barcelona. Fueron unos 7.000. El resto de aficionados eran españoles, que no eran muy conscientes o no querían pensar, que iban a tardar 18 años en poder volver a presenciar un partido en directo de la selección cerca de sus casas. Porque en marzo de 2022, el grupo de Luis Enrique jugará contra Albania en Cornellá tras casi dos décadas sin pisar Barcelona. En medio, entre 2002 y el próximo marzo, todo este tiempo que no ha sido especialmente tranquilo en eso de las identidades y nacionalidades.

Rubén tenía entonces 18 años y por teléfono recuerda el trayecto con su familia en metro hacia el barrio del estadio, que no le pillaba lejos, y su paseo hasta el campo, con el ruido de la fiesta de los peruanos y la tranquilidad y las cervezas que tomaban los aficionados españoles. Iba con la bandera de España y aunque ya significaba algo, no era lo mismo que ahora, cuando seguro que se cruza con alguien que se va a ofender o enfadar. Con 36 años, en 2022, va a volver a ver a la selección, porque es muy futbolero y quiere presenciar a quien considera su segundo equipo o más. Ha ido al campo del Espanyol, ha ido al Camp Nou para ver perder a su Real Madrid por 3-0 y ha estado en el Bernabéu, cuando los Ultrassur dominaban la zona sur del estadio. Coincidió con alguno de ellos en unos baños en un Real Madrid-Espanyol. «Putos catalanes», iban diciendo los aficionados ultras que Florentino Pérez consiguió echar del estadio madridista. Pero Rubén no se cortó: «¿Qué problema tenéis contra los catalanes?». «¿Eres del Espanyol»?, le preguntaron y Rubén, como madridista catalán, siguió crecido: «¿Tengo cara de ser del Espanyol?».

El fútbol es una forma de acentuar una identidad, de crear masa y encontrarte con los tuyos. De ahí que el Barcelona presuma de ser más de un club, «el ejército desarmado de Cataluña», decía Vázquez Montalbán. De ahí, también, que poder ver a la selección española en estos tiempos sea tan importante para muchos catalanes. «El rival nos da igual, queremos que se llene el estadio de banderas España y que se note que estamos ahí», asegura Javier Megino, presidente de Cataluña Suma y que hace 18 años estuvo también en Montjuic, celebrando que España jugaba en su casa. «Esto es como cuando viene tu grupo de música preferido a Barcelona. Tienes que darlo todo. Es verdad que sí se ha enrarecido todo desde aquel día contra Perú, pero entonces, ya tenían los cartuchos preparados. Lo que es una barbaridad es que hayan pasado 18 años de la última cita de la selección. Por su peso en España, por ser la segunda gran capital, en Barcelona deberíamos haber visto más partidos de la selección».

La última vez que la absoluta jugó un partido oficial en Barcelona fue el 12 de octubre... de 1975, cuando se jugaba la clasificación para la Eurocopa de 1976. España ganó a Dinamarca por 2-0, con goles de Pirri y Capón. Sí es verdad que, entre medias, en 1992 y en el Camp Nou, se vivió el éxtasis de la final de los Juegos Olímpicos.

La selección olímpica campeona estaba formada por jugadores de menos de 23 años. «Yo fui a ese encuentro con un amigo independentista, que iba con la estelada, un poco para provocar, pero fue tan electrizante, que acabó emocionado con la victoria y la medalla de oro de España», cuenta Sergio, que también estuvo en el choque contra Perú, porque es socio del Espanyol y cuando llega la selección, «hay que ir como anfitriones que somos».

Y por eso no va a faltar a la cita de marzo. Porque va siempre y porque el asunto ya no es meramente deportivo: «No hay muchas oportunidades de ver tantas banderas españolas y va a ser una pequeña fiesta», asegura. «Es un tema casi de militancia, después de todo lo que ha pasado, después de que cualquier símbolo nacional haya desaparecido de Cataluña, tenemos que ir a ese encuentro a celebrar que viene nuestra selección a que la veamos».

Ese partido de España contra Perú era amistoso y le sirvió a Iñaki Sáez, entonces seleccionador, para ir probando jugadores para la Eurocopa que se iba a disputar ese verano. No fue un gran encuentro, se puede decir incluso que fue un adelanto de lo que pasaría después en la competición, por la que España pasó con mucha pena y sin ninguna gloria. Perú dominó la primera media hora, se adelantó, pero sin hacer mucho, la selección remontó pronto, con goles de Etxeberria y Baraja. «Estaba cerca de los goles, pero me acuerdo que hice acopio de los banderines españoles que te daban», recuerda Javier. En la segunda parte hubo muchísimos cambios y la posible emoción del encuentro se diluyó sin remedio.

No le importó mucho a Javier, que fue con toda la familia, como piensa ir en marzo para el choque contra Albania, otro rival sin demasiado nombre: «La clave es que la Federación tiene que ser consciente de que hay que llenar el estadio, tenemos que demostrar que podemos hacerlo y para eso tiene que ser un partido accesible al público: que el precio de la entrada no sea desorbitado y no suponga un esfuerzo brutal en la economía de los hogares». Y espera que todo vaya con normalidad. «Vivimos una situación de pseudo riesgo y la campaña que a lo mejor hace el separatismo puede ser tan exagerada que puede crear problemas», sigue Javier.

Los hinchas de la selección quieren que sea una fiesta y que trascienda el partido de fútbol, que reivindique sus sentimientos, que les dé una visibilidad que no tienen en muchas ocasiones. Futbolísticamente hablando, nunca. «Ese partido de marzo significa que la selección vuelve a casa. Es evidente que es algo más que un acontecimiento deportivo, es también político. Que sea un amistoso o que sea contra Albania tiene un interés relativo», confirma Sergio. Como él es del Espanyol, ya está acostumbrado a ciertas miradas: «En Cataluña si no eres nacionalista y no eres del Barcelona eres automáticamente sospechoso. En un momento dado que me llamen facha porque me gusta la selección ya no me importa. Por lo visto, ser de la selección es ser un tío que no quiere a Cataluña, te hace ser sospechoso de todo lo malo, eres un no catalán».