Fútbol

Euro 2020: Suiza gana a Francia (3-3) en un partido monumental tras el fallo de penalti de Mbappé

Los suizos serán el rival de España, el viernes en San Petersburgo. Benzema hizo dos goles, pero el partido llegó, tras 120 minutos a los penaltis. El del PSG, el único que erró

Entrenamiento de la selección francesa en Bucarest
Entrenamiento de la selección francesa en BucarestROBERT GHEMENTEFE

Hubo un momento en el partido en el que Francia estuvo con un pie en el abismo y el otro acercándose. Como no se vería hasta el penalti de la tanda de Mbappé. Perdía 1-0 y le habían pitado un penalti en contra.

Hubo también un rato bastante largo en el que Suiza estuvo cerca del barranco, con un pie ya en el aire y el otro siguiéndole. Cuando menos lo esperaba, le pasó por encima un vendaval francés y lo más fácil, en ese momento, era salir corriendo y retirarse con dignidad.

Ni Francia se dejó arrastrar al vacío ni Suiza se dejó llevar por el vendaval. Así que lo que se vivió fue un partidazo, con noventa minutos casi calcados a lo que había sucedido antes con España. Un partido para la memoria de la Eurocopa, un monumento al fútbol, para enganchar a los que, dicen, ya no atrae, despistados por las redes, Netflix, Spotify o Tinder. Nada de eso distrajo sin embargo de lo importante, el fútbol, un partido emocionante, con idas y venidas y en el que podía pasar de todo. No hay serie, música ni cita mejor que un buen encuentro de selecciones de eliminatoria y que se va a los penaltis.

Fue tenso, divertido, emocionante y agotador, con los futbolistas doloridos y agotados (menos Kanté, que no conoce el cansancio y que podía seguir jugando). Se pudo decidir en cualquier momento, como en el último tiro de Coman al larguero cuando ya los noventa minutos se terminaban. Pero no lo hizo. El espectáculo debía continuar harta los penaltis.

Francia mostró sus virtudes y sus defectos, su fuerza volcánica cuando ataca y sus problemas para defenderse, pese a su potencia en el centro del campo. Sus virtudes son abrumadoras: un Pogba como mediocentro, con su derroche físico, pero con una calidad que le permite dar, desde la línea que divide el campo, los pases que hacía Iván de la Peña y meter uno de los goles de la Eurocopa; con Griezmann en plan capitán general del ataque por todos lados, como liberándose del Barcelona; con Mbappé haciendo de las suyas, pero sin gol y con Benzema, en plan Benzema, delantero centro decisivo, que se va con cuatro goles y, encima, se acercó a Lloris para darle un consejo antes del penalti en el que se le iba la vida a su selección.

Había levantado dudas la selección de Deschamps y no las terminó de resolver contra Suiza, porque es verdad que nunca se sale de los partidos, pero tampoco despega a los rivales cuando puede hacerlo. Es como si les diese siempre una oportunidad para volver, como si le diese pereza matarlos. Eso le sucedió con Suiza, a quien en ese arrebato de furia y fútbol le había remontado el gol de la primera parte.

A veces todo cambia en un instante y a veces más que el fútbol es la rabia o un impulso inesperado. En el descanso, Deschamps cambió la defensa para cambiar todo el equipo. Había empezado con Lenglet acompañando a Varane y Kimpembe y el desarrollo del primer tiempo y el tanto de Seferovic le demostraron su error. El defensa del Barcelona se dejó ganar la posición, no pudo saltar y puso a su equipo en un brete. Así que Deshcamps le dejó en el banquillo y volvió a la defensa de cuatro, con Rabiot en la izquierda, donde no halla solución el entrenador francés. Pero antes de ver si daba resultado, se encontró con un penalti en contra. El VAR se lo confirmó al árbitro. Ahí estaba todo. Si Suiza hacía el segundo, la desconexión francesa parecía inevitable.

Pero Lloris, con los consejos de Benzema, apareció para sujetar a Francia con vida y peor, enfada. El partido cambió radicalmente y Suiza no supo donde meterse. Los delanteros franceses se encontraron como no había sucedido antes y no había manera de pararlos. Marcó Benzema dos veces y luego Pogba.

El partido se había acabado.

Pero es que esto era un partidazo. Suiza se recompuso, cuando nadie lo esperaba y el segundo tanto fue como el penalti parado por Lloris. Le abrió la puerta de la esperanza y le llevó al tercero. Pasó la prórroga como pasa un suspiro. Y en los penaltis, qué más se puede pedir a un guión de Óscar, falló Mbappé.

Inolvidable.