Fútbol

Un Barça fuera de Champions

Lo del Barcelona de Laporta es susceptible de empeorar. Una derrota en Kiev llevaría al club a una situación insostenible

Xavi Hernández, entrenador del Al Sadd
Xavi Hernández, entrenador del Al Sadd FOTO: NOUSHAD THEKKAYIL EFE

Lo del Fútbol Club Barcelona es para mear y no echar gota. Al punto que, como apunté en este mismo hueco hace una semana, la calificación de El Pupas ha abandonado para siempre al Atleti con ese fenómeno de la naturaleza que es Diego Pablo Simeone para asentarse con todas las de la ley en Can Barça. Y parece que para mucho tiempo. La era Bartomeu fue financieramente un disparate con el ex presidente pagando un 30 por ciento más de lo que apoquinaba el Real Madrid en las mismas demarcaciones: comparen lo que ganaba Ramos con lo que se astillaba al Piqué prerrebajas o lo que se embolsaba o embolsa Casemiro con lo que se mete en la butxaca Busquets. Por no hablar de la diferencia entre los 75 millones de euros anuales netos que percibía Leo Messi en su última etapa con los algo menos de 30 de un Cristiano Ronaldo que ganó cuatro copas de Europa entre 2014 y 2018 frente a la única (2015) de la que puede presumir el argentino en ese mismo periodo. Mientras tenía pasta podía mantener esta ficción salarial fuera de mercado pese a que ni en 2016, ni en 2017, ni en 2018, ni tampoco en 2019, se llevaron una sola Champions.

Los mundos de Yupi se acabaron cuando la pandemia puso a todo hijo de vecino en su sitio. Bueno, a casi todos, a los clubes-Estado les dio igual que les dio lo mismo: cuando tienes de primo de Zumosol a Qatar, Abu Dhabi o Arabia Saudí o a un magnate yanqui u oligarca ruso, la vida es bella porque el chorro de pasta está garantizado.

El destino en forma de pandemia fue implacable con una entidad blaugrana que no había hecho los deberes y clemente con un Real Madrid que siempre gastó lo que la lógica financiera dictaba, ni un euro más. El remate llegó con ese 2-8 frente al Bayern de Múnich de agosto del año pasado, la tragedia deportiva se unió al caos institucional. Resultado: una crisis que nadie hubiera vaticinado en los meses previos al estallido de esa guerra bacteriológica que es el Covid.

Lejos de solucionar las cosas, el fichaje de Ronald Koeman terminó por agravar la coyuntura, con una labor en el banquillo que se puede calificar de inempeorable sin temor a que nos tilden de exagerados. El ilegal a la par que mafiosesco boicot de la UEFA a la SuperLiga acabó por hundir en el marasmo al quinto club más laureado de Europa. La millonada que iba a percibir de un torneo que más pronto que tarde saldrá adelante hubiera servido para emprender una nueva etapa sin apreturas, no con un pedazo de estadio como el que tiene el Real Madrid ni con Mbappés o Haalands, pero sí con una salud económica más que aceptable.

Todo lo que puede empeorar, empeora cuando entras en bucle, y el Barça no es la excepción. A perro flaco, todo son pulgas. El enésimo gatillazo el sábado frente al Alavés, que no lo olvidemos ocupa ¡¡¡la quinta posición por la cola!!!, es lo que nos quedaba por ver. Las cosas no pueden estar peor para el club que preside Jan Laporta. Son los novenos en Liga, lo cual quiere decir que se hallan a cinco puestos de entrar en Champions. Lo nunca visto. Tampoco accederían a la Europa League toda vez que, aunque resolvieran a su favor el partido aplazado frente al Sevilla, se situarían con la misma puntuación que un Rayo que en estos momentos estaría por encima por el 1-0 de hace seis días en Vallecas. ¿Se podía imaginar alguien hace siquiera dos meses que esto llegase a ocurrir algún día al antaño club más poderoso económicamente hablando del mundo?

Claro que todo es susceptible de empeorar: el martes disputarán un match-ball en Kiev. Una derrota ante el Dinamo y serían farolillos rojos del Grupo E de la Champions, con entre cero y casi ninguna posibilidad de pasar a octavos. Tan cierto es que matemáticamente no estarían eliminados como que tendrían que ganar los dos encuentros restantes, rezar y ver si suena la flauta. Vamos, que hablar de un Barça fuera de la Champions esta temporada y la próxima no resulta en este momento procesal una boutade, una broma de mal gusto o un deseo diabólico sino la mismita realidad.

Xavi Hernández, del que tengo el mejor concepto en lo personal y en lo profesional, es la última bala en la recámara. Sólo él puede salvar al club de sus amores en estos momentos. Fue un genio en el campo, está más que acostumbrado a la brutal presión que se sufre en el primer nivel, se sabe la filosofía Barça mejor que nadie, conoce hasta a la última esperanza blanca de la cantera y es un excelente conductor de grupos amén de un más que aceptable relaciones públicas. Que los culés crucen los dedos porque si el recurso falla, bien porque el emir Al Thani le prohíba rescindir su contrato, bien porque llega y también se estrella, la crisis será aún más duradera de lo que parece. Y, ciertamente, con la basura de Liga que nos ha dejado Tebas o hay rivalidad Madrid-Barça o el dinero televisivo cogerá el petate y se irá a otra parte. Y caeremos en un agujero negro del que tardaremos 10, 15 ó 20 años en salir.