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Atlético 1-Barcelona 1 | Un muro para Messi

  • Diego Godín despeja el balón ante el argentino del FC Barcelona, Leo Messi.
    Diego Godín despeja el balón ante el argentino del FC Barcelona, Leo Messi.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de octubre de 2017. 00:31h

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Domingo García Madrid. 14/10/2017

Los aspersores no se activaron en el descanso sobre el césped del Metropolitano, pero tampoco se activó el fútbol del Barcelona que hiciera correr la pelota. El equipo de Valverde intentaba esconder su falta de precisión con las arrancadas de Messi en solitario igual que los jardineros del Atlético intentaban parar los desperfectos de la hierba aplastando las zonas que quedaban levantadas. El argentino se sentía igual de incómodo que cuando juega con su selección, como si nadie entendiera su juego.

El Atlético sí entendió lo que necesitaba para ganar el partido, asfixiar a su rival, no dejarle que moviera la pelota con comodidad y tirarse a morder cuando la tuviera. Marcó Saúl a los 20 minutos, fiel a su estilo. Sus goles no suelen pasar con indiferencia y éste, tampoco. Un disparo con la derecha desde el borde del área que fue a morir al rincón de la portería de Ter Stegen. Para entonces, el guardameta del Barcelona ya había tenido que detener tres intentos de Griezmann. Los disparos del francés fueron creciendo en intensidad y precisión, pero todos acababan de la misma manera. Primero, una vaselina que el internacional alemán atrapó sin dificultad. Más tarde, un remate con la derecha que despejó Ter Stegen con las manos y, para terminar, un mano a mano que el portero azulgrana despejó con el pie. Parecía imposible superarlo, hasta que apareció Saúl con su pie derecho para desmentirlo.

Messi quiso salir a jugar más lejos del área para generar el fútbol que no crecía en los pies de sus compañeros. Pero era él quien corría y no la pelota. Con el paso de los minutos, el Atlético se fue refugiando en los bordes de su área y apenas quedaban espacios libres por los que hacer pasar la pelota. Al Atlético tampoco le servía para otra cosa que no fuera resistir. Cuando recuperaba la pelota a sus jugadores les quedaban muchos metros por delante y en las cercanías del área se hacía enorme la presencia de Umtiti y de Piqué.

El Atlético era un muro al borde de su área que hacía perder naturalidad al juego del Barcelona. Cuando Busquets se encontraba con el balón en esa posición tenía que ponerse a pensar porque no se le ofrecía ninguna solución intuitiva. A pesar de todo, el Barcelona fue aproximándose al gol. Casi siempre a través de Messi, aunque fue Luis Suárez el primero que probó las manos de Oblak. El esloveno respondía siempre. También cuando era Leo el que probaba. Y donde no llegaban sus manos llegaban los palos, como sucedió en una falta al borde del área. La agilidad del portero rojiblanco obligaba a Messi a extremar la puntería. Pero siempre por el lado equivocado.

Con los cambios, el Atlético fue cediendo metros y el Barcelona fue arrimándose al gol. Gaitán sustituyó a Correa y Thomas, a Carrasco. Para la salida en velocidad, el Cholo sólo dejaba a Griezmann al borde de la línea del centro del campo. Los demás tenían que sudar en el fondo para contener al Barcelona.

Al equipo de Valverde no le quedaba más remedio que luchar contra su naturaleza. Y empezaron a florecer los centros desde los costados. Casi siempre, a las cabezas de los defensas rojiblancos. Hasta que Luis Suárez cazó un remate de cabeza a centro de Sergi Roberto desde la derecha. Era el premio a la insistencia, sobre todo.

Como suele suceder, la respuesta de Simeone fue intentar estirar a su equipo. Quitó a Gabi y entró Torres. El Atlético, por fin, ya tennía una referencia, alguien que acompañara en las carreras a Griezmann. Pero no quedaban muchas oportunidades para echar a correr. Y al Barcelona seguían quedándole ganas de buscar la victoria. Especialmente a Luis Suárez, que se animó después del gol. Aunque fue Messi el que tuvo la última oportunidad, una falta al borde del área que terminó en las manos de Oblak. Fue el momento que eligió Mateu Lahoz para pitar el final del encuentro.

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