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La fe de Zlatko Dalic, el entrenador que ha llevado a Croacia a la final

El entrenador que ha metido a Croacia en la final siempre lleva un rosario en el bolsillo para rezar cuando las cosas van mal y asegura que «las individualidades no dan resultado».

  • Modric es abrazado por Dalic tras una victoria de Croacia
    Modric es abrazado por Dalic tras una victoria de Croacia

Tiempo de lectura 4 min.

13 de julio de 2018. 00:14h

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José Aguado 13/7/2018

Si Zlatko Dalic tiene la mano derecha en el bolsillo es que algo no marcha bien. Seguramente esté pasando las cuentas, buscando en la fe el consuelo o la fuerza para superar el mal momento. Se le ha visto varias veces así en el Mundial de Rusia, mientras su selección croata se jugaba la vida en los penaltis de octavos contra Dinamarca, o en los cuartos frente Rusia, o era superada en el primer tiempo por Inglaterra. Se vio en el precipicio y tuvo la fe y la suerte para seguir.

Un país con cuatro millones de habitantes se planta en la final del Mundial para medirse a un clásico como Francia. «Cuando miras las condiciones en las que trabajamos y existimos...», contaba Dalic, el principal responsable del éxito, el hombre que tiene un plan por si la fe no es suficiente: «Ya dije que, para mí, Messi es el mejor del mundo y que Neymar está cerca, pero los equipos que se centraron exclusivamente en las individualidades han vuelto a casa y los otros seguimos, esa es la diferencia. La eliminación de Alemania o Argentina demostró que el fútbol ha avanzado y que con orden defensivo y organización se pueden conseguir éxitos. Las individualidades no siempre dan resultados. Los equipos más compactos y solidarios son los que han avanzado».

Dalic cogió al equipo antes del último partido de clasificación, cuando se lo jugaban todo contra Ucrania. Ganaron, se midieron a Grecia en la repesca y llegaron al Mundial. Fue una solución desesperada, un golpe de mano de Suker, el presidente de la Federación, para cambiar el rumbo de un equipo de grandes centrocampistas, pero que siempre se quedaba un paso detrás de lo esperado. «Croacia ya tenía estrellas hace diez años, pero no era un equipo solidario», aseguraba Dalic. Para salvaguardar esa unidad y su autoridad echó a Kalinic por negarse a jugar unos minutos contra Nigeria. «Es triste lo que ocurrió, pero lo importante es el equipo, no las individualidades y por eso se fue a casa». Ahora todas las decisiones de Dalic parecen buenas.

Su bagaje se reduce al fútbol asiático: «Siempre he trabajado muy duro. No quería quedarme en Croacia y ser un entrenador más, así que viajé. Empecé en un club pequeño y después fui al Al Ain, el más grande de Asia. Siempre creí en mí, así que cuando llegó la llamada del equipo nacional, no dudé. Sabía que teníamos grandes jugadores y lo que podíamos hacer». Consideraba que ya tenía experiencia. «Como jugador pasé por docenas de entrenadores y recuerdo sus métodos. Después ajusté mi forma de trabajar y la he ido modificando en estos doce años. Es agradable aprender de los demás, pero debes construir tu propia forma de trabajar», cuenta. Y lo primero que hizo fue confiar en Modric. Junto a Rakitic era el jugador con más experiencia en la élite, campeón de Europa, uno de los mejores del Madrid y del mundo: «Antes del Mundial es normal que los favoritos a mejor jugador fuesen Ronaldo, Messi o Neymar, pero Modric se lo ha ganado sobre el campo. Por su gran temporada con el Real Madrid y en Europa es el hombre del torneo».

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