Fútbol

Las claves de las remontadas del Real Madrid: afición, un balonazo y una patada

El espíritu de las noches mágicas y de miedo escénico se cultivó contra la Real Sociedad para aplicarlo frente al PSG de Mbappé en Champions

El Bernabéu está listo para la remontada en el Real Madrid-PSG de Champions
El Bernabéu está listo para la remontada en el Real Madrid-PSG de Champions FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

El Real Madrid celebra hoy sus 120 años de vida y una parte importante de la leyenda del club se sustenta en las remontadas que desde finales de los setenta, frente al Derby County y sobre todo a mediados de los 80 convirtieron el Bernabéu en un lugar en el que todo era posible. Cuando Valdano se inventó eso del miedo escénico en una revista tan poco futbolera como la Revista de Occidente. Frente al PSG no se puede hablar de remontada porque el resultado de ida no fue escandaloso, pero el nivel del rival y las bajas que ha ido sumando el Madrid estos días han hecho que en el Bernabéu se instale un sentimiento parecido al de aquellos años en los que nada parecía imposible de lograr. Si no llega con el fútbol, que llegue con el corazón.

El conjunto de Ancelotti cumplió con lo que los veteranos cuentan que era un requisito imprescindible para las remontadas: hacer un partido desastroso en campo rival. La diferencia de este Madrid es que tiene a Courtois y así logró evitar una derrota mayor. Pasados diez minutos del encuentro en París, el empate a cero se empezó a considerar un gran resultado. El 1-0 es malo, pero no es terrible y menos ahora que los goles en campo contrario ya no valen más. Cualquier marcador con victoria por un gol del Madrid iguala la eliminatoria.

El choque de ida dejó un sabor agrio en la afición blanco porque esperaban más de su equipo en los partidos grandes en Europa. Pero el paso de los días hizo que se impusiese el optimismo. El Bernabéu va a ampliar aforo para que entren 60.000 personas y todas las entradas, pese a que algunas tenían un precio inasumible para muchos, han sido vendidas. La ilusión por ver un partido grande del Madrid y ver al mejor Mbappé en el Bernabéu, además de Messi y Neymar, han provocado que el campo madridistas presente su primer gran entradón en dos años, desde que empezó la pandemia.

El espíritu de las remontadas

El año pasado, los partidos contra el Liverpool y el Chelsea de las eliminatorias de la Champions fueron en Valdebebas, sin público. Hasta hace poco, en el Bernabeú ha habido restricciones y las obras han obligado a que parte de la grada baja esté tapada. Al público, además, le ha costado volver, como si se hubiera acostumbrado a ver los partidos por la tele y no hubiese nada que le llamase al regreso. Ha llegado el día, sin embargo, la invocación a la remontada es también una llamada para volver a casa, a sentir lo que es el madridismo. Es recordar que la vida puede continuar, pese a que es difícil no ser superados por los hechos históricos y catastróficos que sufrimos.

Reglas de las remontadas

Cumplido el requisito de hacer un partido muy malo en la ida, la primera regla de la remontada era ir creando el caldo de cultivo con el que contagiar a los compañeros y al público. Sin Camachos y en otros tiempos ya, sin concentraciones, el modo de hacerlo fue lo que sucedió el sábado en el Bernabéu: una remontada convincente, un partido mezcla de fútbol y de carácter. Y que luego los jugadores se quedaran un rato saludando al público. «Todo el madridismo cree más después de este partido. Lo de salir al final del partido ha nacido de los jugadores, porque el miércoles la ayuda de la afición es indispensable», explicaba Carlo Ancelotti. Después de quedarse saludando, los jugadores fueron al vestuario y la grada de animación les pidió que salieran. Ya se había gritado el «Sí, se puede» y querían que, con parte del estadio ya vacío, los futbolistas volvieron al campo para pactar simbólicamente la unión que se va a lucir de aquí a que el miércoles termine la vuelta de los octavos de la Champions contra el PSG. Como al principio no les hacían caso, gritaron el nombre de Casemiro, por si el aguerrido centrocampista convencía al resto de compañeros. Debió funcionar porque salieron todos, hasta Gareth Bale, que puede ser el más frío de todos, se unió a la comitiva que se dirigió al fondo sur para cantar con la grada de animación el «reyes de Europa», que tiene pinta de que va a ser el grito de batalla del próximo miércoles. «Es nuestra casa y jugamos con nuestra afición. En todos los partidos están con nosotros y así somos muchos más fuertes», decía Rodrygo después de lo que se vivió el sábado por la noche.

Hay cosas que ya se no pueden hacer en el teatrillo de las remontadas:

Ese Real Madrid no salía a entrenar para que rival se llevase la bronca y saltaba al campo un minuto después que el contrario, para que la diferencia entre los pitos y las ovaciones fuese abrumadora.

Si se encontraban en el camino a los vestuarios, había que ser agresivo, dar miedo y desprender confianza.

Y la dos primeras jugadas del partido eran claves: un balonazo, que hiciese ruidoso, rabioso, para encender los ánimos de la grada

T una patada al rival y cuando se fuese al suelo, echarle la bronca por tirarse. Eran otros tiempos y hay situaciones que ya no se permiten. Pero lo importante, el espíritu de entonces, renació el sábado.