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La memoria de Herrerín, el ejemplo para el Real Madrid del futuro

  • El Bernabéu guardó un minuto de silencio en memoria de Agustín Herrerín
    El Bernabéu guardó un minuto de silencio en memoria de Agustín Herrerín /

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Tiempo de lectura 2 min.

22 de abril de 2019. 18:33h

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José Manuel Martín 22/4/2019

Después de cincuenta años ligado al club, Agustín Herrerín se marchó para siempre. El delegado del Real Madrid las últimas dieciocho temporadas falleció la semana pasada y el domingo se guardó un minuto de silencio muy emotivo antes del partido ante el Athletic. Mucho antes, el 20 de octubre pasado, recibió un homenaje que sonó a cierta despedida, porque su salud estaba empeorando. Entró al campo junto a Sergio Ramos y Marcelo, y recibió una camiseta firmada por todos sus futbolistas. El público se rompió las manos aplaudiendo y él, emocionado, lanzó un grito a la grada antes de marcharse lentamente y con ayuda por el túnel de vestuarios. "¡Vamos!", mientras agitaba sus manos temblorosas, pero con el madridismo intacto a pesar de los años.

Su grito no hizo que el Real Madrid jugara bien ni ganara esa tarde. Perdió contra el Levante, confirmando el olfato de Herrerín, que se temía lo peor y quiso levantar el ánimo de un equipo que con Lopetegui iba en caída libre.

Todos los futbolistas que le conocieron se acordaron de él tras su fallecimiento. Era un cómplice de todos ellos, incluido Zidane, que se acercó al tanatorio para decirle adiós. El francés puede utilizar ese madridismo ejemplar de Herrerín para la reconstrucción que va a acometer en cuanto acabe este curso. El espíritu de ese delegado que ahora va a mirar los partidos desde el cielo es el que deberían aprender los futbolistas que lleguen nuevos este verano. Es una manera fácil y rápida de entender lo que signfica el Real Madrid y ponerse su camiseta. Es compromiso, dedicación, fidelidad, pasión e identificación, el "pegamento" ideal para la plantilla que debe volver a ganar.

Pogba, Hazard, Rodrygo... los que lleguen, pueden mirarse en Herrerín para acelerar su adaptación y emocionarse al saltar al terreno de juego como hizo él cuando Cristiano Ronaldo le hizo posar con toda la plantilla sujetando el Balón de Oro. Ese trofeo era de Cristiano, pero también de Herrerín, que vigilaba desde fuera para que todo estuviera perfecto en el Bernabéu.

Su último grito sobre el césped, aquel día 20 de octubre en el que casi se despidió, podría ser un símbolo de lo que debería ser el Madrid de Zidane el próximo curso. Herrerín lo mirará desde el cielo y si la cosa no va bien volverá a gritar para despertar al equipo.

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