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Locura por las entradas para ver el River-Boca en el Bernabéu

Tras la primicia de «Jugones» los socios del Madrid agotan los tickets disponibles para ver la final de la Copa Libertadores. Un partido histórico para olvidar el bochorno

Hinchas de Boca en las calles de Buenos Aires antes del partido de ida de la final de la Libertadores
Hinchas de Boca en las calles de Buenos Aires antes del partido de ida de la final de la Libertadoreslarazon

Tras la primicia de «Jugones» los socios del Madrid agotan los tickets disponibles para ver la final de la Copa Libertadores. Un partido histórico para olvidar el bochorno.

«Si alguien puede limpiar el nombre de esta final es el Real Madrid y el Santiago Bernabéu», decía Solari la semana pasada. La misma opinión tiene la Conmebol, que decidió jugar el partido en este templo del fútbol como el mejor cierre a un bochorno de los que hacen época. Todos los miedos que había en Argentina se cumplieron, o mejor dicho, se superaron. El propio presidente de la Nación había apuntado visto una oportunidad de mostrar al mundo el avance de la sociedad argentina, al organizar un evento de repercusión planetaria. Visto lo visto, lo único que ha exportado el país ha sido vergüenza y sonrojo, porque únicamente el choque de ida en La Bombonera se pudo disputar con normalidad. La vuelta fue un caos desde que el autobús de Boca fue apedreado y con un ambiente tan crispado era imposible completar la final en suelo albiceleste.

«Es un honor para el madridismo y para nuestro estadio, recibir la final de la Libertadores y el Superclásico con los dos clubes más grandes de Argentina. Ojalá que un estadio con nuestra historia ayude a poner un buen cierre a esta final tan complicada», insistía Solari, al que este partido le toca muy de cerca en el corazón. Él jugó en River y es argentino, por eso admite que ha perdido un poco de pasión respecto a lo que suceda, tocado todavía anímicamente por ver a su país fracasar ante los más violentos.

Un océano de distancia

Le duele al técnico del Real Madrid que haya que poner un océano de distancia como garantía de que nada volverá a pasar. La Conmebol había pensado en Asunción, la sede del organismo, y también Doha, donde los jeques ponían 14 millones de dólares sobre la mesa sólo para empezar a negociar. Después, le pagarían el viaje a cuarenta personas por club además de poner a su disposición todas las comodidades imaginables.

Cuando todo parecía abocado a los Emiratos Árabes surgió el nombre del Bernabéu, adelantado en primicia por el programa «Jugones» de La Sexta. Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol, escribió a Florentino Pérez para preguntar si estarían dispuestos a acoger la superfinal y todo empezó a cuadrar. El equipo local juega ese domingo día 9 en Huesca, así que el recinto estaba disponible y faltaba consultar a la Delegación del Gobierno y a las autoridades locales para saber si el plan de seguridad era factible y se podía establecer en tan poco tiempo. Todo fueron síes y llegó el anuncio oficial.

Desde entonces se desató la locura por tener una entrada y poder vivir in situ un partido tan histórico como inesperado en Madrid. El club blanco puso ayer a la venta un cupo de 7.000 entradas para sus socios a las 8 de la mañana y volaron literalmente con colapso de la web incluido. River vendió 20.000 para sus hinchas no residentes en Argentina y tienen otras 5.000 más para los aficionados locales. Boca dispone del mismo cupo y las venderá entre martes y jueves. Nadie se lo quiere perder.

La reventa roza los mil euros

Al mismo tiempo que la Conmebol y River ponían a la venta las entradas para el partido, en Internet ya se podrían entrar boletos de reventa que rozaban los mil euros de precio, cuando el precio oficial oscilaba entre los 80 y 180 euros. La fórmula más habitual es la de casi siempre: anunciar un par de bolígrafos a 850 euros los dos y de paso, regalar las entradas para un River-Boca irrepetible. Y eso, a una semana exacta del choque, la inflación llegará según se acerque el momento, ese que parecía que nunca se produciría.