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Los increíbles números en defensa del Real Madrid de Zidane

Sergio Ramos, durante el partido ante el Atlético
Sergio Ramos, durante el partido ante el Atléticolarazon

No quería Zidane que un tropezón en el derbi le estropeara lo que había edificado en los dos últimos partidos. Le gusta al francés que se diga que su equipo es sólido y, por tercer encuentro consecutivo, lo fue. También se blindó el Real Madrid en el Wanda, como había hecho en el Sánchez Pizjuán y en casa ante Osasuna.

Tres partidos consecutivos sin recibir gol, algo que nunca había sucedido con el francés en el banquillo. Y, además, sin dejar que el equipo rival tenga grandes oportunidades y casi ni chute entre los tres palos. Una vez han disparado a Courtois y Areola desde la derrota en París. Fue Savic, cuando el partido de ayer ya agonizaba, el que cortó una racha de más de 250 minutos. Algo impensable en este Madrid, que en los últimos años convivía con naturalidad con los tantos en contra y sabía que tenía que marcar al menos dos para llevarse el triunfo.

Desde lo del PSG, los blancos se han fortificado en torno a la intensidad, el trabajo defensivo y la concentración. Las líneas separadas por las que Di María hizo una escabechina en el Parque de los Príncipes se han juntado con pegamento del bueno. Zidane lo celebra como algo básico para poder competir por los títulos. «Es muy importante que no te rematen, porque es lo que te da la vida. Si seguimos así defensivamente, trabajando juntos y siendo solidarios, las ocasiones en ataque llegarán. Hay que seguir así», decía ZZ satisfecho por la transformación de los suyos.

«No es sólo la intensidad. Vimos a un equipo muy fuerte. Más que no encajar goles lo que me gustó fue no conceder ni una ocasión. Esto es importante», insistía Zidane, que incluso alababa el sacrificio de Bale, más enchufado que nunca en ambas áreas. «Él ayuda mucho en fase defensiva y esto se nota, el equipo está más cómodo cuando defendemos todos», cerraba explicándolo en francés, para que el argumento quedase más claro.

A Zidane le gusta este Madrid con pies de plomo. Su perfil como entrenador tiene mucho de su paso por Italia como jugador. Ha cogido muchas cosas de Lippi y Ancelotti para su libro de estilo. Siempre recuerda que hay que estar bien atrás, porque adelante tiene futbolistas que pueden desequilibrar. En Sevilla no necesitó muchas ocasiones para acertar en una, muy parecida a la que tuvo Benzema en el Metropolitano, pero respondió bien Oblak para evitar que el plan de ZZ hubiera salido redondo otra vez fuera de casa. La mutación es cosa del trabajo colectivo, aunque ha coincidido también con el regreso de Sergio Ramos tras su sanción en Champions.

En el derbi, el Madrid corrió sin el balón y se defendió con él, ganando el dato final de posesión de pelota. Le faltó presencia arriba, porque Benzema entró poco en acción y Hazard todavía está aterrizando. Lo intentó el belga, que todavía no ha conseguido mostrar su lado determinante. Mientras muestra su mejor versión, el Madrid se blinda.