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Ruth Beitia: «Trabajo porque creen en mí»

  • Ruth Beitia frente al espejo, con ropa de calle, del trabajo de ahora, la indumentaria que lleva a la Universidad para dar clases o al parlamento de Cantabria. Una mujer admirable
    Ruth Beitia frente al espejo, con ropa de calle, del trabajo de ahora, la indumentaria que lleva a la Universidad para dar clases o al parlamento de Cantabria. Una mujer admirable

Tiempo de lectura 4 min.

08 de marzo de 2018. 00:17h

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8/3/2018

Alejada «profesionalmente» del tartán, Ruth Beitia es profe, abreviatura que sirve para la profesora y el profesor. Da clases de atletismo (CAFID, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) en la Universidad del Atlántico, en Santander, su tierra; estudia psicología en la UCAM y aún tiene tiempo para acudir regularmente a colegios de Cantabria para compartir sus experiencias con la chavalería. Hoy, jueves 8 de marzo, Ruth trabaja: «Es que no quiero ser protagonista en un día tan especial. No quiero ser abanderada de nada. Sé que a las mujeres nos queda camino por recorrer, que hay que mejorar, pero también soy consciente de que se le da demasiada importancia a determinadas cosas. Soy Ruth, soy mujer y trabajo porque la gente confía en mí». Como cuando se disponía a saltar el listón, Ruth coge carrerilla... Prosigue. «Soy partidaria de la igualdad verbal porque somos personas. Personas. Ni hombres ni mujeres. Cierto que hay cosas que nos diferencian, por supuesto. No me atrevo a decir que las mujeres podemos hacer al ciento por ciento lo que hacen los hombres, por aquello de la fuerza; pero casi».

La huelga del 8-M... «La defienden ciertos sectores que... no sé, no sé. En política y en deporte, ¿faltan más políticas, más directivas, más entrenadoras? Probablemente, sí. Pero si no hay más mujeres quizá sea porque ellas no quieren. Y no pretendo generalizar». Ruth Beitia es diputada del PP en el Parlamento de Cantabria. Es política. Y es deportista. «A ver, nunca he tenido problemas por ser mujer. Doy clases en la universidad. Soy una profesora más y no hay diferencia salarial con mis compañeros. En mi deporte tampoco la hubo: atleta. Otra cosa es el fútbol, el femenino y el masculino, como algún otro deporte, donde las diferencias económicas son ostensibles. Pero ésa es otra historia». Desde el momento en que no habla de mujeres ni de hombres sino de personas, en el credo de Ruth la igualdad debería ser «normalidad», «e igualdad verbal. Me explico: hay corazón, no corazona; hay cerebro, no cerebra. Somos personas. Tengo la sensación de que si se habla mucho de esto, la brecha se amplía. Retiran una obra de Arco y se habla más de la obra. Normalidad es la palabra. Y trabajadoras. Así rendimos homenaje a las mujeres que abrieron brecha en la sociedad con el deporte, por ejemplo. Ellas rompieron barreras y las diferencias se acortan trabajando».

Trabajo, brecha salarial, techo de cristal... ¿Y la violencia de género? «Hay mujeres con cáncer de mama y hombres con ‘‘cáncer de mama’’. Sí, también los hombres sufren violencia de género. Seamos iguales, seamos normales, seamos personas». Ruth es la quinta persona de una familia numerosa (tres hermanos y dos hermanas): «Mi madre dejó de trabajar al casarse y el deporte ha sido la conciliación familiar. Mi padre trabajaba de sol a sol, y cuando el sábado por la tarde cerraba la ferretería nos llevaba a las competiciones deportivas. Ahora los abuelos se hacen cargo de los nietos porque trabajan los dos, la pareja. Lo que se gana por un lado... Y como la mujer es más ‘‘cuidadora’’ que el hombre, asistir a una reunión a las siete de la tarde para ella es complicado. Por eso hay que valorar el trabajo y pensar, por encima de todo, en la persona. Somos personas». Pues sí.

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