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Nadal pierde y preocupa: cae ante Shapovalov y se marcha de Roma cojo

El balear, que jugó un gran primer set, termina cediendo ante el canadiense (1-6, 7-5 y 6-2) en los octavos del Masters 1.000 italiano, la última prueba antes de Roland Garros

Rafa Nadal, sudando en su partido de octavos de final de Roma contra Shapovalov
Rafa Nadal, sudando en su partido de octavos de final de Roma contra Shapovalov FOTO: Alessandra Tarantino AP

En el Masters 1.000 de Madrid un periodista se preocupó por Nadal después del partido de octavos contra Goffin, que terminó ganando: le vio cojear. «No te preocupes», le respondió Rafa. «Si me vieras todos los días no te preocuparías, porque muchos voy cojo. Tengo una lesión crónica e incurable en el pie izquierdo», explicó. El dolor viene y va y en el partido de octavos de final de Roma contra Shapovalov vino para quedarse. Lo que había empezado de maravilla terminó en derrota y preocupación: 1-6, 7-5 y 6-2. Se notaba en su cara, en los gestos extraños, en el momento en el que en el tercer set se apoyó donde tiene las toallas y se quedó ahí recostado mirando al suelo. Se notaba también en sus movimientos, notablemente limitados. No del todo, pero sí, quizá, para dar la mano a su rival y hasta la próxima. Pero decidió aguantar en pista a ver qué pasaba, como sucedió en el Open de Australia contra el mismo tenista canadiense, que no supo rematar a Rafa cuando le había dado un golpe de calor y el español lo aprovechó y salió de ahí para después conquistar el título en una final brillante ante Medvedev.

No se repitió la historia. Nadal podía moverse pero le costaba arrancar. Y el fogoso Shapovalov esta vez hizo lo que debía para vencer en un parcial definitivo que no tuvo mucha historia y sí cierta agonía del manacorense. Se va Rafa del Masters 1.000 italiano con una duda más en su cabeza, una grande y derivada de la otra que le afecta estos días. La fisura en una costilla le cortó una temporada que había empezado como un tiro, y llegó además en el momento del curso que suele ser más importante para el tenista que ha ganado 20 Grand Slams, la gira europea de tierra batida. Ha estado seis semanas casi sin entrenar en pista. Al estar tanto tiempo parado por la costilla esa lesión crónica en el pie izquierdo es una incógnita y tiene que volver a adaptarse a la exigencia. La esperanza que tiene es que conoce la dolencia y sabe que otras veces igual que ha venido se ha ido (más o menos) o le ha dejado competir, como el pasado enero en Australia. Es más, se la diagnosticaron en 2006 y ha conseguido hacer una carrera larga para convertirse en uno de los mejores tenistas de siempre.

Y eso que todo había comenzado de manera impecable para el español en un primer set en el que se encontró con un Shapovalov que sacó de forma fantástica, pero él restó todavía mejor. Devolvía la pelota fuerte y profunda y el canadiense empezó a desesperarse. No podía estar haciéndolo mejor para conseguir tan pobre rendimiento. La paciencia no es su gran virtud. Juega con riesgo y eso le hace cometer muchos fallos, pero esta vez eran errores no forzados/forzados, porque la pelota de Nadal tenía mucho bote e iba larga y eso hace que siempre se golpee en posiciones incómodas. En el segundo set pudo romper de inicio Rafa y si lo hubiera conseguido quizá se hubiera lanzado a por un cómodo triunfo. Pero aguantó Shapovalov, hizo duro el partido y el pie del español no resistió.