Bruselas quiere frenar la compra china de empresas europeas

Propone vetar las adquisiciones por parte de compañías extranjeras subvencionadas

Weekly EU commissioners meeting in Brussels
Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión EuropeaEtienne Ansotte/European Commiss / DPA Etienne Ansotte/European Commiss

Bruselas saca las uñas. El ejecutivo comunitario ha propuesto hoy un mecanismo para poder vetar e incluso revertir inversiones y compras de empresas europeas por parte compañías de terceros países que reciban subsidios estatales. Bruselas no pone nombres ni apellidos, pero a nadie se le escapa que el ejecutivo comunitario pretende con esta propuesta poner sobre el radar las práctica anticompetitivas llevadas a cabo por China.

En un mundo cada vez más globalizado, muchas voces habían alertado de que el apretado corsé que impone la Comisión Europea a las ayudas públicas dentro del mercado común chocan con la libertad de otras empresas extranjeras que paradójicamente acaban operando en el territorio europeo y gozando de mucha mayor laxitud. “La economía de Europa está abierta y estrechamente relacionada con el resto del mundo. Para que esto siga siendo una fortaleza, debemos permanecer vigilantes”, ha asegurado la comisaria de Competencia Margrethe Vestager.

Según la expresión preferida por Bruselas se trata de “nivelar el campo de juego” para que las empresas europeas no compitan en desigualdad de condiciones dentro de su propio territorio. Tras la pandemia, esta necesidad parece más acuciante que nunca, ya que existe el temor de que una nueva crisis económica acabe dejando en manos extranjeras sectores estratégicos europeos, tal y como sucedió en 2010.

Con este objetivo, la Comisión Europea propone atacar en tres frentes. En el primero, Bruselas podrá imponer multas o medidas correctivas a aquellas empresas de terceros países que reciban ayudas públicas por valor de 200.000 millones de euros durante tres años, consecutivos si se demuestra que estos subsidios perjudican al mercado común. En el segundo, el ejecutivo comunitario también quiere imponer un sistema de vigilancia ex ante para que cualquier adquisición de una empresa europea por parte de una compañía extranjera que reciba subsidios públicos pueda ser vetada por Bruselas, al igual que sucede actualmente con ciertas fusiones dentro del mercado común.

En este ámbito, la Comisión Europea propone un umbral para que este sistema de vigilancia sólo tenga que activarse cuando la adquisición suponga un determinado umbral que puede fijarse a través de un determinado porcentaje del derecho de voto de una sociedad que facture un mínimo de 100 millones de euros. Una tercera pata aboga por la limitación del acceso a las licitaciones puestas en marcha en territorio europeo, de tal forma que las empresas extranjeras se vean obligadas a informar de la ayuda económica que reciben por parte de terceros países cuando opten a los concursos públicos.

Esta propuesta presentada hoy está abierta a consultas hasta septiembre. Se espera que en 2021 el ejecutivo comunitario presente la propuesta legislativa que deberá recibir el visto bueno de las capitales europeas para que pueda convertirse en una realidad.

Esta ofensiva de Bruselas se produce después de que Francia y Alemania hayan presionado al ejecutivo comunitario en los últimos meses para una reorientación de la política de Competencia con el objetivo de poner en marcha los denominados “gigantes europeos” que puedan luchar en igualdad de condiciones con los competidores globales. La gota que colmó el vaso para el eje París -Berlín se produjo después de que Bruselas vetara la fusión entre la empresa francesa Alstom y la alemana Siemens que tenía como objetivo la puesta en marcha de un gigante ferroviario europeo. Bruselas decidió boicotear esta operación, ante el peligro de que supusiera la subida de los precios en el sector y los consiguientes perjuicios para los consumidores.

Antes de la pandemia, el ejecutivo comunitario ya había iniciado una reflexión sobre este tema que no es vista con buenos ojos por porte del Gobierno de Pedro Sánchez. Según fuentes diplomáticas españolas, la puesta en marcha de “campeones europeos” encubre las pretensiones de Berlín y París de poner en marcha “campeones franceses o campeones alemanes”. A pesar de este paso de la Comisión Europea, las limitaciones a la entrada de empresas extranjeras no significa que las restricciones a ciertas fusiones de compañías europeas cambien de rumbo.

Esta propuesta del ejecutivo comunitario también puede marcar la senda de las relaciones entre Bruselas y Pekín justo cuando las dos partes intentan negociar un acuerdo de inversiones antes de finales de este año. Los Veintisiete intentan establecer una vía intermedia dentro de la Guerra Fría entre Estados Unidos y China, a pesar de que en el último año las peticiones de Bruselas a Pekín sobre competencia desleal, propiedad intelectual, apertura de su mercado de licitaciones o respeto a los Derechos Humanos hayan caído en saco roto. El próximo lunes se celebra una nueva cumbre entre los países europeos y el gigante asiático.