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Portazo sueco a Sánchez, que se resigna a ceder a cambio del dinero europeo

El "club de los frugales" insiste en la sostenibilidad de las pensiones y la reforma laboral para conceder las ayudas

Pedro Sánchez se reúne con el primer ministro sueco, Stefan Löfven
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), y el primer ministro sueco, Stefan Löfven (i), comparecen ante los mediosMoncloa Moncloa

Pedro Sánchez vuelve a pinchar en hueso. Tras el varapalo holandés del lunes en su entrevista con Mark Rutte y la relativa frialdad de la canciller Ángela Merkel, el presidente del Gobierno prosiguió ayer su periplo europeo con una cita en Estocolmo con el primer ministro sueco, el socialista Stefan Löfven Pero a pesar de pertenecer a la misma familia política, el líder sueco ha hecho honor a su pertenencia al club de los frugales partidarios de la ortodoxia presupuestaria – formado también por Holanda, Austria y Dinamarca- y ha seguido un guion muy parecido, prácticamente idéntico, al del holandés Mark Rutte. Tanto que el propio Sánchez comienza a preparar el terreno ante lo que se avecina. “Todos tenemos que hacer una esfuerzo para poder llegar a ese acuerdo. Y evidentemente todos tendremos que hacer renuncias para poder llegar a ese acuerdo. Porque lo importantes es que demos esa respuesta común, un acuerdo a Veintisiete es difícil. Por eso es evidente que todos tendremos que ceder en algunas de nuestras posiciones”, aseguró ayer el presidente del Gobierno después de que Löfven volviera a aguar la fiesta sobre las condiciones y características del Fondo de Reconstrucción por valor de 750.000 millones de euros.

El presidente del Consejo Charles Michel presentó este pasado viernes una nueva propuesta con el objetivo de conseguir un acuerdo en la cumbre que se celebrará este viernes y sábado en la capital comunitaria. El péndulo de este nuevo texto gira hacía el Norte y endurece las condiciones que deberán emprender los países más castigados como España o Italia para acceder al dinero europeo. A cambio, mantiene que el grueso del paquete, 500.000 millones de euros, llegará a través de transferencias a fondo perdido no reembolsables y el resto, 250.000 a través de préstamos. Pero este giro sigue sin contentar al club de los frugales que piden más madera.

“Nos parece problemático el volumen y el equilibrio entre las transferencias y los créditos. Ahí estriban las diferencias”, explicó Löfven, al que el volumen del fondo también le parece exagerado. Sobre si será posible alcanzar un acuerdo en esta cumbre o será necesaria una nueva cita el líder sueco se abona a las tesis de Merkel y prefiere no mojarse.

La cumbre se avecina de alta tensión. Ya que prácticamente no hay ningún punto de encuentro entre las dos facciones del Norte y del Sur. Y la capacidad del eje franco- alemán para tender puentes se encuentra diezmada después de que se haya demostrado la alta capacidad de movilización de los países pequeños en la ofensiva desatada contra la vicepresidenta económica española Nadia Calviño para hacerse con el timón del Eurogrupo.

A pesar de que la última propuesta endurece los requisitos para acceder a la ayuda, los países del Norte dejan claro que vigilarán con lupa este punto. Para que no haya dudas, Mark Rutte ha comparecido esta semana ante el Parlamento de su país para explicar con claridad qué entiende Holanda por reformas. Para Rutte no sólo será esencial que los fondos se empleen en la transición verde y digital. “La vía para mejorar la competitividad es la reforma de las pensiones y del mercado laboral. Cuando un colega me dice que quiere gastar el dinero europeo en inversiones verdes yo le contesto: Genial, ¡hazlo!. Pero eso no es una reforma, es una inversión inteligente. Una reforma es siempre en el mercado laboral y en las pensiones”, explicó el primer ministro holandés el martes, un día después de su entrevista con Sánchez, en referencia a las recomendaciones que Bruselas hace de manera periódica a España y otros países europeos en este sentido.

Rutte cree que los análisis del ejecutivo comunitario sobre las economías de los países europeos son correctos, pero desconfía del celo de Bruselas para llevar a cabo esta vigilancia e imponer medidas coercitivas. Por, eso ha acogido con júbilo la propuesta de Michel de que sean las cancillerías europeas las que den la luz verde a los planes de reformas enviados por los Estados. Pero Rutte quiere ir más allá y no se conforma con que la votación sea por mayoría cualificada sino que apuesta directamente por la unanimidad. Esto significa que un solo país tendría derecho de veto. Holanda incluso prevé que se produzca una nueva votación para avalar las transferencias periódicas de los fondos, con el objetivo de que cualquier incumplimiento supongo cortar el grifo del dinero. Un modus operandi muy similar al de los rescates de la pasada década, aunque en principio no vendría aparejado con la visita de los hombres de negro al país.