Más fusiones para sobrevivir: los cinco grandes bancos cierran 1.873 oficinas en un año

El Gobierno da por hecho que habrá más uniones tras la de CaixaBank y Bankia. Las principales entidades han prescindido de 7.252 empleados en doce meses

La pandemia del coronavirus no ha dejado títere con cabeza. De un manotazo, ha colocado a la economía española en las postrimerías de la postguerra civil. Ningún sector ha resultado ser inmune a la recesión en la que se haya el país, con un desplome del PIB histórico y un consumo frenado en seco, que ha tenido su fiel reflejo en la concesión de préstamos hipotecarios y de consumo. El impacto de Covid-19 ha sido de tal magnitud que ha hecho temblar los propios cimientos del sistema económico actual. De hecho, los economistas pronostican un modelo económico postcovid diferente al actual, un mundo más digitalizado y robotizado.

En este escenario, el sistema financiero no permanece ajeno a esta revolución tecnológica acelerada por el confinamiento sufrido por la población durante el pasado estado de alarma decretado el 14 de marzo por el Gabinete de Sánchez y por los actuales confinamientos puntuales como consecuencia de los rebrotes en esta segunda oleada de Covid-19. Es indudable que la banca exclusivamente digital, sin oficinas físicas y apenas plantillas, compite en coste con la tradicional, a la que la pandemia la ha cogido en pleno proceso de reconversión tecnológica. Por si fuera poco, la caída de los tipos de interés sin precedentes en la historia ha mermado sus beneficios.

En este contexto, el Gobierno espera nuevas fusiones, después del enlace bendecido la semana pasada entre Caixabank y Bankia. Tanto el Ejecutivo español como el Banco Central Europeo coinciden en considerar “ineludible” las concentraciones de las entidades financieras de la Unión Europea. El BCE apuesta por un menor número de entidades en el panorama europeo y más digitalizadas. Se trata de ganar peso y, así, poder garantizar la solvencia futura. Por eso, diversas fuentes gubernamentales consultadas por este diario no descartan en los próximos meses nuevas operaciones de este tipo. Bien se podría tratar de una fusión liderada por una gran entidad de otro Estado miembro con una de menor tamaño española o a la inversa o bien entre entidades españolas.

En ese sentido, el BBVA mantiene un discreto silencio sobre hipotéticas fusiones dentro o fuera de España. No obstante, su nombre ha aparecido ligado en los últimos tiempos a una operación con el Sabadell. En este sentido, fuentes de la entidad catalana aseguran a este diario que “nuestra prioridad es generar valor para nuestros accionistas. El banco tiene una hoja de ruta para maximizar la rentabilidad y crear valor para el accionista en los próximos años". Por eso "tiene presente cualquier otra posible alternativa estratégica siempre que incremente y maximice esa creación de valor”. Es decir que no cierra la puerta a ninguna operación que incremente el valor para su accionista, como podría ser una fusión.

Mientras el BBVA guarda silencio, el Banco Santander descarta estar en una operación de este tipo. Fuentes del Banco Santander aseguran a este diario “no estar preparando nada” ni dentro ni fuera de nuestras fronteras. En España la entidad presidida por Ana Botín cree contar con la “suficiente exposición tras la compra de Popular”. De ahí que considere que no tenga “mucho sentido ganar más peso en España”.

Santander, no con Bankinter

De esta manera, Santander descarta una unión con Bankinter, fusión con la que se ha especulado y rumoreado en los últimos meses. Mientras, Bankinter también cierra la puerta a esta posibilidad. Fuentes de la entidad se remiten a las recientes declaraciones de su consejera delegada, María Dolores Dancausa, para negar esta posibilidad. Según Dancausa, “no estamos pensando en participar en ningún proceso de fusión. Estamos centrados en el crecimiento orgánico y en rentabilizar las inversiones y las recientes adquisiciones”, en alusión a la adquisición de EVO Banco y de su filial financiera especializada en préstamos al consumo en Irlanda, Avantcard (hoy denominada Avant Money), que se cerró el pasado 31 de mayo de 2019. En este sentido, Bankinter desea mantener su camino independiente. De hecho, no ha participado en fusiones y se ha mantenido como entidad independiente desde que se fundó en 1965.

En cualquier caso, el impulso de eventuales concentraciones constituye una cuestión “ineludible” en la agenda del Banco Central Europeo, que en caso de llegar a buen puerto serán estudiadas minuciosamente por la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. Mientras tanto, parece claro que el sistema financiero español continuará su tendencia de reducción del número de oficinas abiertas al público. Como botón de muestra, los cinco grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia y Sabadell) cerraron un total de 1.873 oficinas en España de marzo de 2019 a marzo de 2020 y redujeron sus plantillas en 7.252 empleados.

Después de la fusión de Caixabank y Bankia, que se materializará en marzo próximo, el banco resultante dispondrá de un menor número de oficinas, que conllevará a un adelgazamiento de sus plantillas en unos 8.000 puestos de trabajo. CaixaBank y Bankia suman juntas ahora algo más de 51.000 empleados, 35.500 de la primera y 15.800 de la segunda.

Moneda digital, el gran reto

La banca tradicional aún no ha resuelto el desafío que representa las criptomonedas, que sirven de moneda de cambio sin estar sujetas a ningún tipo de control de la autoridad monetaria. El sistema de pagos digitales tradicional al no ser anónimo garantiza el cumplimiento de requerimientos regulatorios, como el registro de clientes, para prevenir el blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico, del terrorismo y de otras actividades ilícitas. ¿Qué pueden hacer los bancos centrales? Evidentemente, en los próximos meses jugarán un papel clave a la hora de definir el nuevo entorno macrofinanciero: qué dinero digital se adopta y en qué medida este afecta al sistema financiero, tal y como lo conocemos. Así, una alternativa natural a las criptomonedas privadas es que el banco central emita su propia moneda digital. Una stablecoin global enfocada al uso minorista, puede abaratar y facilitar los pagos y las transferencias internacionales al reducir los costes de transacción. Además, puede llegar a usuarios sin acceso al sistema financiero, al permitirles almacenar su dinero y ejecutar transacciones desde su móvil.
¿Qué pueden hacer los bancos centrales? Evidentemente, en los próximos meses jugarán un papel clave a la hora de definir el nuevo entorno macrofinanciero: qué dinero digital se adopta y en qué medida este afecta al sistema financiero, tal y como lo conocemos. Así, una alternativa natural a las criptomonedas privadas es que el banco central emita su propia moneda digital. En estos momentos, los bancos centrales de la UE analiza las fórmulas de creación de una moneda virtual, que podría consistir en abrir cuentas corrientes directamente a hogares y empresas. Para el consumidor, sería parecido al sistema actual de depósitos y transferencias bancarias, con la diferencia de que su cuenta corriente se encontraría en el banco central.
El banco central de Suecia (Riksbank) fue pionero en estudiar la posibilidad de emitir su propia moneda digital, a raíz del desplome del uso del efectivo. Mientras, el resto de bancos centrales estudia, en estos momentos, qué salida tomar en la situación actual y antes de que haya en el mercado más criptomonedas digitales.