Rekupera: cuando la maña vale más que la fuerza para echar a los okupas

La compañía recupera viviendas habitadas de forma ilegal con una técnica no violenta alejada de las que emplean otras empresas del sector

Pintadas realizadas por colectivos okupas
Pintadas realizadas por colectivos okupasLa Razón

Contaba en un reportaje de LA RAZÓN Xavier Fernández, un belga afincado en Barcelona dueño de dos viviendas en alquiler, que vive «con terror» el lapso de tiempo que transcurre entre que un inquilino abandona uno de los inmuebles y llega otro nuevo por el miedo a que le ocupen de forma ilegal la casa. La ocupación es, junto con el impago de las rentas, la gran preocupación de los caseros españoles, según un reciente informe realizado por Fotocasa y la Agencia Negociadora del Alquiler (ANA). Recuperar una vivienda habitada ilegalmente y por la que no se paga una renta se ha convertido en un tortuoso camino judicial que puede durar años. Y ante esta disyuntiva, han comenzado a proliferar compañías especializadas en la desocupación de inmuebles. Algunas de ellas emplean métodos que rozan -si no traspasan- la ley. Por eso, cuando Juan Víctor Mainer se planteó en septiembre la creación de Rekupera, siempre tuvo claro que no sólo era importante conseguir el fin, recuperar la vivienda, sino también la forma de hacerlo, sin violencia.

«Yo soy un fiel defensor de la propiedad privada y cuando me planteo crear la empresa, lo que veo es que el modus operandi de las clásicas empresas de desocupación roza la ilegalidad», explica. Por eso, él pensó en alternativas. La primera técnica que puso en práctica era sencilla: contratar un vigilante de seguridad. La operativa era muy simple. Cuando los okupas salían de la casa, el guardia tomaba posiciones para impedirles la entrada a su vuelta y negociar luego su salida. Siempre actúa en ocupaciones que no están judicializadas porque «si ya hay constancia de que hay okupas, cualquier impedimento a su entrada se puede volver en nuestra contra», añade.

Posibles problemas

Durante un tiempo, operaron con este sistema consiguiendo buenos resultados. Pero a finales del pasado año, la compañía se vio obligada a cambiar. «La Policía nos explicó que nuestro modus operandi estaba bien, pero que al prohibir el vigilante la entrada a los okupas, podíamos incurrir en un delito de coacción que, además, podía rebotarle al Ministerio del Interior, que es el que autoriza esos servicios”, explica.

Tras la advertencia, Mainer se puso a buscar «resquicios legales» para sorprender a los okupas «in fraganti», que es la vía para desalojarlos sin problemas. Lo que tenía claro es que había que hacerlo sin usar métodos violentos y la solución por la que optó fue por la de «poner dificultades» a los okupas para que no entren de nuevo en las viviendas cuando salgan de ellas, pero sin vigilantes. Ahora utilizan «medios técnicos» que eviten su entrada y que prefiere no desvelar para no dar pistas.

La recuperación de las viviendas no suele llevar más de dos o tres horas, relata Mainer, que asegura que tardan bastante más en planificar la actuación, de dos a tres semanas, que en ejecutarla. Una vez que los okupas se presentan en la vivienda y no pueden entrar, salen a escena Mainer y su equipo para mediar con los okupas. «No somos más de tres», explica. Y son persuasivos sin violencia. «Yo mido algo más de 1,60 y peso menos de 60 kilos, así que mucho no puedo intimidar», añade en tono irónico. Cada vez que van a intervenir, avisan a la Policía Nacional o la Guardia Civil. «Hay un momento al final del proceso en el que nos juntamos nosotros, los dueños de la vivienda, los okupas y las Fuerzas de Seguridad», relata. Los agentes le hacen ver en esos momentos a los okupas los riesgos legales que corren si siguen en la casa y «al final, se acaban marchando», explica.

Hasta ahora, Rekupera ha logrado sus objetivos siendo fiel a su máxima de «recuperación sin violencia» y sin que se hayan interpuesto denuncias contra ellos. Como remata Mainer, lo suyo es un trabajo de persuasión en el que, como dice el refrán, más vale maña que fuerza.