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Los cortocircuitos del mercado de la electricidad

El sistema peninsular dispone actualmente de un parque de generación sobredimensionado

  • El precio de la electricidad se encuentra profundamente distorsionado por las sobrecargas
    El precio de la electricidad se encuentra profundamente distorsionado por las sobrecargas

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30 de enero de 2017. 11:58h

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30/1/2017

Costes de compensación a los sistemas extrapeninsulares, primas a las renovables, coste del bono social, anualidades del déficit de tarifa acumulado, contratos de interrumpibilidad. El precio de la electricidad está profundamente distorsionado por múltiples y variadas sobrecargas que lo encarecen de forma permanente y estructural.

El principal problema del mercado eléctrico es que «se aplican reglas pensadas para la competencia donde no la hay, lo que no quiere decir que haya que eliminar el sistema marginalista». Jorge Morales considera que el segmento marginalista sólo debería aplicarse en aquellos segmentos donde haya competencia, no en cualquiera. «Y la mayor parte de segmentos no tiene competencia, como las nucleares o las renovables, que entre las dos copan el 60% del mercado», agrega. Pedro Mielgo, por su parte, asevera que la competencia en el mercado resulta poco eficaz para la formación de precios.

El sistema eléctrico peninsular dispone de un parque de generación sobredimensionado, que fundamentalmente se debe a la falta de orden y control en el desarrollo de dos ciclos de inversión en paralelo que se produjeron en las décadas de 2000 y 2010, cuando se construyeron 25.000 MW de ciclos combinados de gas al tiempo que se hizo una llamada a la inversión en renovables. «Esto encarece el precio de la electricidad». Asimismo, Mielgo piensa que el diseño del mercado mayorista es mejorable, aunque se trata de una cuestión sin solución evidente en el corto plazo.

Pedro Moraleda, analista de Energía y «of counsel» de Olleros Abogados, añade como problemas de fondo el déficit estructural y la alta variabilidad de precios. El primero tiene causa política, ya que la factura eléctrica se mantuvo artificialmente baja en el pasado y no fue suficiente para cubrir los costes del sistema. Y, aunque ya se encuentra en vías de solución, ha dado lugar a una deuda acumulada cuya amortización supone una carga económica importante. La oscilación de los precios, en cambio, se debe a la alta cuota de renovables, que resultan bastante «intermitentes».

Durante 2016, condiciones climatológicas favorables a las renovables permitieron un coste del kilovatio hora en el mercado mayorista de 40 euros, inferior a la media europea. Pero la situación cambió, casi repentinamente, en noviembre y diciembre, cuando no quedó otra alternativa que recurrir al gas y al carbón, cuyas contribuciones estuvieron bastante por encima de su media anual y cuyos precios en el mercado internacional están muy altos. «La consecuencia es que ha aumentado un 50% el coste del kilovatio hora generado en estos meses». Moraleda puntualiza que contar con un alto porcentaje de fuentes renovables no es, ni mucho menos, una desventaja, pero que hasta que se desarrollen sistemas de almacenamiento efectivos, «tenemos que ser conscientes de nuestra dependencia del clima y estar preparados para pagar una factura más alta en momentos desfavorables». Rajoy, por su parte, fio a la lluvia y a la entrada de la energía hidráulica en el mix la bajada de la tarifa eléctrica tras las últimas subidas.

El recibo de la luz en España está entre los cinco más caros de la eurozona. De las estadísticas de Eurostat para 2015 se desprende que el orden de consumidores domésticos con factura más alta de Europa fue: Dinamarca, Alemania, Irlanda, Italia, España y Portugal. Sin embargo, desde un punto de vista normativo, los países operan de forma conjunta para la fijación de los precios y emplean el mismo algoritmo. De hecho, mientras que en nuestro país el precio medio en 2016 fue de 39,67 euros por MWh, en Italia ascendió hasta los 42,78, según fuentes del sector. El jueves pasado, sin ir más lejos, el mercado mayorista italiano registraba 110 euros MWh, al igual que el suizo, mientras que el español marcó 87,88 euros MWh.

En el último trimestre de 2016, Francia, Portugal y España marcaron en el mercado mayorista los precios más altos de Europa por las interrupciones nucleares y escasa aportación de las renovables. En cualquier caso, «los precios mayoristas no suelen tener relación con los precios pagados por los consumidores, debido a los recargos que cada país añade a la factura eléctrica», asegura Moraleda.

Impuestos

La luz está gravada con el IVA, el impuesto especial a la electricidad, la tasa genérica a la generación, otras de ámbito nacional y otras más que se han creado en algunas comunidades. Los impuestos, en su conjunto, suponen más del 20% del precio final de la factura eléctrica.

Uno de los problemas del mercado eléctrico que más grave repercusión tiene en los consumidores es que la factura eléctrica se ha convertido en una especie de cajón de sastre donde cabe todo. Además del 21% de IVA, el consumidor paga el 5,11% sobre la electricidad suministrada en concepto de impuesto especial, que no es un impuesto finalista destinado, por ejemplo, a incentivar el ahorro o a la promoción de renovables, sino que se trata de otro instrumento recaudatorio.

Moraleda revela que el coste de la electricidad para un consumidor doméstico tipo no suele superar el 30% del importe total de la factura. El resto, más allá de impuestos, son costes de transporte y distribución, subvenciones a las renovables, amortización de deuda, ayudas a territorios extrapeninsulares..., algunos de los cuales deberían excluirse de la factura. No obstante, uno de los conceptos más perversos es la tarifa por electricidad contratada. «No tiene sentido que muchos consumidores domésticos, tras la subida de esta tarifa en agosto de 2013, paguen más por la potencia contratada que por electricidad efectivamente consumida». El experto de Olleros Abogados sostiene que la factura actual del consumidor doméstico ofrece pocos incentivos para el ahorro y, en el caso específico de segundas viviendas, es un claro aliciente para dar de baja el contador.

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