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Retorno al bipartidismo

Las derechas caen 0,6 puntos, pero el cambio de ciclo no peligra

Urnas llenas de papeletas en las pasadas elecciones de 2019
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En cuatro semanas asistiremos a un cambio de ciclo político. Feijóo podrá iniciar la derogación del sanchismo y en el PSOE estallará la rebelión para abolir el sanchismo que ha convertido el partido en una organización autocrática y sin debate. Y, consecuentemente, perdedora. Los sublevados del PSOE a partir del 23-J deberán tener presente que tendrán dos serios obstáculos, similares al «búnker» que dificultaba la maniobrabilidad de Adolfo Suárez en 1976; se trata del Grupo Parlamentario Socialista, que estará integrado por fieles a Sánchez, nombrados a dedo contra la opinión de las federaciones provinciales y regionales, y por otro lado los afiliados que ostentan el poder asambleario de elegir al candidato a la presidencia del gobierno de la doce potencia mundial; en 2017 Sánchez fue restablecido como secretario General del PSOE por 73.898 votos de los afiliados, mientras que Susana Díaz y Patxi López sumaron 73.264 votos. El futuro de España en manos de 140.000 personas en un país con casi 48 millones.

En las últimas semanas los medios al servicio del sanchismo han logrado que el protagonimo mediático pasase de Bildú a PP-Vox, la exitosa campaña del 28-M basada en «Que te vote Txapote», queda neutralizada por una doble sobreactuación basada por un lado en la advertencia a los votantes izquierdistas abstencionistas del «peligro» que supone el entendimiento entre PP y Vox, y el intento de desmovilizar al votante del las derechas por la pelea entre PP y Vox en Extremadura.

Prueba de ello es que, sin que peligre la mayoría absoluta del PP con Vox en el Congreso de los Diputados, las derechas en su conjunto han retrocedido en los últimos siete días 0,6 puntos porcentuales y su expectativa de escaños ha pasado de 183/187 a 182/186. A estas alturas del proceso irreversible de derogación del sanchismo estos cambios son minios y no deben impedir el triunfo de Feijóo el 23J.

El PP tiene a su favor que ha captado a 1,4 millones de votantes naranja, a 0,8 millones de votantes de Vox, a otros tantos del PSOE y 0,5 millones de nuevos electores, a lo que debe unir una dato cualitativo de la máxima importancia, es el único partido que logra que más del 95% de los que le votaron en 2019 vuelvan a hacerlo ahora.

Por otro lado, el PSOE consigue atenuar su caída por los 752.000 votos que recibe de los que en 2019 votaron opciones hoy integradas en Sumar. Pasaría del 28,0% de 2019 al 25,9% actual. No obstante, debido a la reunificación de las derechas y a la Ley D´Hondt, perdería entre 21 y 23 escaños. Por otro lado, su socio Sumar bajaría del 15,3% de 2019 al 13,1% ahora, cayendo de 38 a 31/33 escaños. No consiguiendo su principal objetico; superar a Vox y constituirse como tercera fuerza política nacional. Por lo que es plausible hablar abiertamente de pinchazo de la «burbuja» Sumar al haber fracasado en su intento de «ilusionar» a una izquierda decepcionada con Unidas Podemos, aunque se la espolee día y noche con el mensaje del miedo a Vox o con fantásticas y chulísimas promesas electorales que cada vez engatusan a menos. Este nuevo Podemos «light», que quiere pasar página de su terrible paso por el Gobierno de España, no es más que la vieja y conocida estratagema del PCE, de disfrazar de ovejita al feroz lobo.

Ante el descenso en expectativa de voto de los partidos alternativos al bipartidismo, la suma PP y PSOE obtendría hoy el 60,2% del voto, frente a únicamente el 48,8% en las anteriores elecciones generales, lo que supone un avance en su conjunto de 11,4 puntos porcentuales, a pesar de la caída en 2,1 puntos del PSOE.