Gregorio Ordóñez: el hombre al que susurraban por las calles de San Sebastián

Gregorio no podía andar 100 metros por las calles de San Sebastián sin que los vecinos le pararan para exponerle problemas o su adhesión

Imagen de archivo del que fuera concejal del PP en San Sebastián Gregorio Ordoñez
Imagen de archivo del que fuera concejal del PP en San Sebastián Gregorio Ordoñez

Gregorio Ordóñez, de cuyo asesinato se cumplen hoy 25 años, era una persona próxima, con la que empatizaban sus vecinos a los que, sin importarle adscripción política o condición, atendía con amabilidad e interés por los asuntos que le planteaban.

Era difícil andar 100 metros por las calles de San Sebastián, de cuyo Ayuntamiento era teniente de alcalde, sin que una, dos o tres personas, le pararan y, en la mayoría de los casos, le expusieran los problemas de carácter municipal que tenían.

Atendía a todos con su afabilidad, interés real, tan lejos de las imposturas de algunos políticos al uso que hoy pululan por el territorio patrio. No llevaba escolta lo que, es de suponer, para muchos le hacía más accesible.

En los tiempos que corrían entonces en el País Vasco a mucha gente no le gustaba estar cerca de agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado, constantemente atacadas por los pistoleros de ETA. A nadie le gustaba estar cerca de un atentado cuando ocurría.

El mensaje que Gregorio Ordóñez transmitía había calado en la ciudadanía. Ante la estrategia de la banda de que los no separatistas, los “españolistas”, debían abandonar el País Vasco, oponía el mensaje de que quienes realmente sobraban eran los terroristas y los que les apoyaban; los separatistas que pretendían desgajar de España esas entrañables tierras, sin las que la historia de nuestra Nación no se puede entender, sobre todo por las grandes figuras que, en todos los campos, habían nacido allí. “Aquí, si sobra alguien, son los terroristas y los que les apoyan”, venía a decir. Y lo repetía machaconamente ha,sta sacar de quicio a los secesionistas.

Ordóñez era una referencia para todas las personas de bien que eran, y son, la inmensa mayoría de los pueblan aquellos territorios.

En el País Vasco se hablaba entonces bajo, casi se susurraba, por el miedo a que te escucharan los chivatos de ETA que proliferaban por todos los sitios. Por eso, la voz clara, sonante, de Gregorio era la referencia. A él le contaban las cosas, se las susurraban en ocasiones, y él las publicitaba para conocimiento general. Era un valiente y un ser excepcional.

Cuando ETA decidió iniciar el asesinato de políticos, José Javier Arizcuren, “Kantauri”, un canalla que mandaba en los “comandos, no dudó en ningún momento en escoger a Gregorio como primera víctima. Y le fue a encargar el atentado a otro tipo, más siniestro que él si cabe, Javier García Gaztelu, “Txapote”, un tipejo sin escrúpulos, de gatillo fácil, pero siempre por la espalda, no fuera que alguien le fuera a contraatacar, si es que la víctima disponía de medios para hacerlo.

Callaron la voz de Gregorio; y dejaron su sanguinaria tarjeta de visita con el anuncio de que habría más atentados contra políticos. El perpetrado en la persona de José María Aznar no tardó en producirse.

No sé lo que diría Gregorio Ordóñez ante lo que ocurre hoy en España. Los que formaban parte del entramado de sus asesinos son hoy “socios” de los que gobiernan en España y Navarra. No lo sé, pero lo supongo. No se puede hablar en nombre de los muertos. Lo que me consta es que los políticos que protagonizan la actualidad política no son de esos a los que paran por la calle para susurrarles, para mostrarles empatía, por más que se rodeen de una “cla” de estómagos agradecidos.

Gregorio, descansa en paz aunque con lo que estás viendo desde allí arriba, donde estés...