El Rey en Barcelona

La Escuela Judicial es la institución en la que los opositores que han obtenido plaza de juez, desarrollan una formación teórico-práctica durante unos meses, antes de ejercer su elevada y sensible responsabilidad de administrar justicia. Tiene su sede en Barcelona, en el hermoso entorno de Vallvidrera, en una de las laderas del monte Tibidabo, que domina la Ciudad Condal. La Generalitat del momento celebró con particular satisfacción la decisión de su ubicación barcelonesa, que se consideró como un significativo gesto de aproximación hacia la realidad catalana por parte de un poder del Estado, y algo muy propio de un país territorialmente descentralizado como España.

Desde entonces –hace ya 23 años, coincidiendo con los Pactos del Majestic– el acto de entrega de los despachos de los nuevos jueces se realiza en una solemne ceremonia presidida por SM el Rey, como Jefe del Estado y en nombre de quien «se administra justicia», según el artículo 117 de la CE.

Hasta aquí todo puede calificarse de normal y positivo, pero se han cruzado por el camino el Procés, el calendario judicial, y un Gobierno con excesivas dependencias políticas hacia los juzgados y condenados por sedición, entre otros delitos. Con Torra al borde de la inhabilitación definitiva por el TS, los presupuestos dependiendo de ERC y de los indultos y la reforma de la sedición en el Código Penal, el Estado de Derecho aparece colocado en almoneda. Y el Rey no puede ir a Barcelona.