74 horas y 26 minutos: el rastro perdido del terrorista de las Ramblas

Tres semanas de juicio no arrojan pistas sobre dónde estuvo y qué hizo Younes Abouyaaqoub desde las 20:07 del día del atentado hasta las 22:33 del 20 de agosto, un paréntesis en blanco en su huida

T. Nieto

El autor material del atentado de las Ramblas fue durante cuatro días el terrorista más buscado de España, pero dónde estuvo y qué hizo Younes Abouyaaqoub en la mayor parte de ese tiempo sigue siendo una incógnita. Su pista se pierde durante 74 horas y 26 minutos, desde las 20:07 de ese 17 de agosto de 2017, donde se le sitúa en el aparcamiento de un supermercado en el término municipal de Sant Just Desvern (Barcelona), hasta las 22:33 del 20 de agosto, cuando es grabado por las cámaras de vigilancia de una gasolinera de la también localidad barcelonesa de Cervelló, ya con una ropa distinta a la que llevaba el día de la masacre. Entre ambos lugares, apenas 24 kilómetros, quince minutos al volante.

¿Qué hizo Abouyaaqoub durante esos tres días? ¿Intentó pedir ayuda? ¿Dónde se refugió? Son preguntas para las que sigue sin haber respuesta y que, a tenor de los testimonios que se han escuchado en las tres primeras semanas del juicio que se celebra en la Audiencia Nacional, continuarán huérfanas de certezas. «En ese intervalo no se sabe qué hace y no podemos ubicarlo», admitió ante el tribunal que preside el magistrado Alfonso Guevara uno de los mossos que participó en la reconstrucción de la huida del terrorista que asesinó a 14 personas e hirió a otras 131 con su furgoneta en Las Ramblas.

«Es bastante tiempo, sobre todo teniendo en cuenta que no llevaba dinero encima –apuntan fuentes de las acusaciones personadas en el procedimiento–. Por eso es difícil entender que en esas 74 horas no haya necesitado ayuda de nadie, cuando estaban buscándole día y noche por tierra, mar y aire».

Varios testigos han explicado en la vista oral cómo Abouyaaqoub –a quien alguno recuerda aferrado al volante con las dos manos e incorporado hacia delante durante su acometida mortal por el centro del paseo– huyó a pie por el mercado de la Boquería, donde incluso se cruzó con varios agentes. El atentado se produjo a las 16:52, pero tras escapar de las Ramblas a las 18:21 apuñala mortalmente a un hombre en la Diagonal, en los aledaños de la zona universitaria, y huye en su vehículo, un Ford Focus, embistiendo en su carrera minutos más tarde, a las 18:45, un control de los Mossos e hiriendo a tres agentes.

Nada se sabe de él hasta más de una hora después, cuando se localiza el Ford Focus en el aparcamiento de un Caprabo situado en el número 104 de la carretera Reial de Sant Just Desvern. Las cámaras de vigilancia le graban bajando del coche y abandonando el lugar de forma apresurada. Lleva, todavía, la misma ropa, ese jersey a rayas que han identificado varios testigos en la sala. Dentro del coche, el cadáver de su última víctima, cuyo móvil deja de emitir señal a pocos metros de ahí.

Desde ese momento hay «un salto en el tiempo de tres días», constatan esas mismas fuentes que aventuran que, posiblemente, el terrorista «se escondió en algún sitio, porque me cuesta creer que durmiese a la intemperie».

Younes Abouyaaqoub, en la casa de Alcanar donde los terroristas almacenaron los explosivos

«Resulta irrelevante para la investigación», aseguran fuentes jurídicas, que añaden que «si durante la instrucción se hubiera demostrado que alguien le ayudó a esconderse o a intentar huir, estaría sentado en el banquillo». No obstante, muestran su «extrañeza» por el hecho de que Abouyaaqoub pudiese «deambular durante horas por el centro de Barcelona con un jersey a rayas sin ser detenido».

«Se trata, sobre todo, de completar el relato de hechos, pues la relevancia penal se circunscribe a que alguien lo ayudara a esconderse sabiendo que era el autor de los atentados, por lo que habría incurrido en un delito de encubrimiento o, incluso, de colaboración con organización terrorista», matizan.

«En la investigación no se ha determinado nada ni se le puede ubicar en esas horas. No hay ninguna cámara que lo grabe», se resignan las fuentes consultadas. «La distancia entre ambos puntos es poco más de veinte kilómetros, que pudo recorrer caminando a una media de unos siete u ocho diarios, pero seguramente lo haría campo a través, porque no creo que se arriesgara a atravesar poblaciones», aventuran.

¿Pudo recibir ayuda?

Aunque el instructor y el secretario de los atestados ya han comparecido como testigos ante el tribunal, dentro de unos días lo harán de nuevo en calidad de peritos, aunque no se espera que esa pericial de inteligencia pueda esclarecer qué hizo Abouyaaqoub durante esas 74 horas. «Resulta algo extraño que durante todo ese tiempo no tuviera ninguna ayuda, porque se le estaba buscando las 24 horas del día, pero no se ha arrojado ninguna luz al respecto», ratifican fuentes de las acusaciones. Además, acentúan, «en esos tres días nadie llama diciendo que lo ha visto, y eso que su cara había salido en todas las televisiones».

Tres días, dos horas y 26 minutos después, el terrorista es nuevamente localizado. Son las 22:33 del 20 de agosto y se le graba en la parte trasera de una gasolinera de la población de Cervelló hurgando en un contenedor e intentando abrir la puerta de un camión. Se ha cambiado de ropa y viste camisa y pantalones claros y calzado deportivo negro.

A partir de ahí, al autor del atentado de Las Ramblas ya sí se le sigue el rastro hasta que es abatido por los Mossos en Subirats al día siguiente. Ese mismo día 21, a las 10:11 está en una gasolinera Shell en la N-340, en el término municipal de Sant Cugat de Sesgarrigues (Barcelona), adonde llega desde unos viñedos próximos. Veinte minutos más tarde, a las 10:30, agrede a una mujer que se encontraba dentro de su coche en el parking de un Carrefour en un polígono industrial de Sant Pere Molanta (Olérdola), en la comarca barcelonesa del Alto Penedés. Al no poder robarle el vehículo, Abouyaaqoub huye.

Pero no se fue muy lejos, pues a las 10:42 las cámaras de vigilancia de la empresa Gerosa, situada en ese mismos polígono, le graban corriendo.

Reconocido por una mujer

Son las últimas horas de Younes Abouyaaqoub y, a juzgar por su comportamiento, las más desesperadas. En algún momento antes de la una del mediodía, entra en una masía de Sant Pau d´Ordal. Su dueña se encuentra forzada la puerta de la vivienda, una ventana abierta, varios objetos fuera de su sitio y un bote de jabón que no era suyo en el jardín. Sobre todo le sorprende ver que la masía vecina, donde no vive nadie desde hace cuatro años, tiene el portón del balcón abierto.

Son las 15:25 cuando otra mujer reconoce a Abouyaaqoub –quien nuevamente se ha cambiado de ropa pues ahora viste una camisa a cuadros y un pantalón anaranjado– internándose en unos viñedos situados en la parte trasera de una gasolinera de Sant Sadurní d´Anoia.

Tres cuartos de hora más tarde, a las 16:11 de ese 21 de agosto, los Mossos le localizan en un camino rural del término municipal de Subirats. Cuatro días después, su huida ha terminado.

Al ver a los agentes, se dirige hacia ellos al grito de «Allahu Akbar» (Alá es el más grande), portando un cinturón de explosivos que resultó ser falso. El terrorista es finalmente abatido al hacer caso omiso a las indicaciones de los agentes. Junto a los seis proyectiles y 27 vainas percutidas diseminadas a su alrededor, queda esparcida también la incógnita de qué hizo y dónde estuvo en esas 74 horas en blanco durante su huida.

La «cara de satisfacción» cuando se cruzó con un mosso

El terrorista se cruzó con un mosso en plena huida. El agente relató al tribunal que cuando se encontraba en el mercado de la Boquería vio «a un hombre de origen árabe con un polo a rayas y gafas de sol» que miraba la angustia y el desconcierto de los viandantes en Las Ramblas «con cara de satisfacción o de sobreexcitación». Se dirigió hacia él, recordó en su declaración y sus miradas se cruzaron. «Se para, me paro y nos quedamos mirando unos 5 o 10 segundos». Pero había perdido de vista a sus compañeros y fue a su encuentro para comenzar a desalojar el mercado. Cuando horas después le mostraron la fotografía de Abouyaaqoub no dudó. «Era él».