“Solo el emérito sabe su fortuna”

El anterior Monarca mantenía una «zona de sombra» en todo lo relacionado con sus negocios que quedaba fuera del alcance hasta de sus colaboradores más cercanos en Zarzuela

El rey Juan Carlos durante la entrega de la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al Teatro Real.
El rey Juan Carlos durante la entrega de la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al Teatro Real.JuanJo MartínEFE

La segunda y, por el momento, última regularización fiscal de Don Juan Carlos ofrece una instantánea más del inquietante alcance de las irregularidades económicas que caracterizaron el último tramo de su reinado. Precisamente uno de los puntos que más preocupación ha causado siempre en Zarzuela es no conocer el alcance real de sus negocios. Ésta era una zona de su actividad sobre la que al anterior Monarca mantenía un absoluto secreto que incluía a sus más cercanos colaboradores. Se puede afirmar que lo que ha provocado la crudeza de los desmarques con los que se ha querido separar los dos reinados tras la transición se debía, más que a las turbiedades que se sabían, a la inquietante sensación de no conocer su alcance total: «Sólo Don Juan Carlos conocía sus cuentas». De hecho, este diario ha podido confirmar que, años antes de la abdicación, colaboradores de Don Juan Carlos que ya han abandonado Zarzuela intentaron atajar hasta en dos ocasiones la «zona de sombra» que rodeaba al Monarca sin que sus bienintencionados consejos tuvieran eco alguno.

La misión, poco menos que imposible en estos momentos, es seguir diligentemente todas las pesquisas, localizar las irregularidades y subsanarlas utilizando métodos que cierran la puerta a procesos penales en el Supremo, como ha sucedido esta semana. No se descarta que la Fiscalía del Alto Tribunal escenifique un duro reproche a Don Juan Carlos si finalmente se llega a proceder al carpetazo definitivo.

Además de cuestiones relacionadas con su personal temperamento, que fue evolucionando en una dirección determinada a medida que crecía en edad, ayuda a entender el devenir de Don Juan Carlos la existencia de un grupo de personas que rodeaban al Monarca y que no ayudaban precisamente a reconducir la situación. Para arrojar un poco de luz sobre este asunto es ilustrativo el caso de Álvaro de Orléans Borbón, pariente lejano –lejano en términos normales, relativamente cercano en una dinastía como la reinante en España– que aparece y desaparece recurrentemente siempre que se habla de las irregularidades fiscales en las que se ha visto irremediablemente mezclado el último tramo del reinado de Don Juan Carlos. El estudio de su caso es pertinente por cuanto ofrece un «retrato robot» del modus operandi que rodeó al artífice de la transición durante lustros y que ahora tantos quebraderos de cabeza está creando a la Corona.

Es conocido que Álvaro de Orléans-Borbón empleó la fundación Zagatka, con sede en Liechtenstein, para pagar a Don Juan Carlos vuelos en aviones privados por valor de varios millones de euros entre 2007 y 2018 en su vocación de ayudar a miembros de las casas reales que lo necesitasen. Es precisamente esta cantidad la que ha provocado, esta misma semana, que Don Juan Carlos haya realizado una segunda regularización fiscal por rentas no declaradas durante varios ejercicios que suman más de ocho millones de euros de pagos en especie, por los que ha abonado un total de 4.395.901,96 euros incluyendo intereses de demora y recargos según informó en un comunicado su abogado, Javier Sánchez-Junco, por expreso deseo del monarca. Este pariente de Don Juan Carlos reside en Mónaco y es biznieto de una hermana de Alfonso XII. Álvaro de Orléans-Borbón creó la Fundación Zagatka en 2003 con el objeto de seguir el legado de su padre y su abuelo de estar al servicio de las monarquías del continente con el patrimonio de la fundación. Para la gestión de la sociedad, contó con Dante Canónica y Arturo Fasana, administradores de la Fundación Lucum, la otra estructura opaca en la que Don Juan Carlos se apoyó para ingresar en una cuenta en Suiza la donación de 100 millones de dólares (65 millones de euros) que recibió de Arabia Saudí en 2008.

Al igual que a Canónica, a Fasana y Corinna Larsen, el fiscal suizo Yves Bertossa tomó en su día declaración a Alvaro Orléans-Borbón en lo que fue el inicio de los escándalos, y ha sido precisamente para protegerse de esta investigación por lo que la examiga de Don Juan Carlos ha realizado el constante goteo de declaraciones que tanto está desgastando a su figura. Algunas informaciones llegan incluso a afirmar que el padre del Rey ocultó en cuentas de Zagatka acciones de grandes empresas españolas que poseyó durante casi dos décadas y también le sirvió para ocultar el cobro de comisiones ilegales.

El «hombre de paja»

De Orléans-Borbón, de 73 años, siempre ha negado haber sido el testaferro de Juan Carlos I y que éste haya sido el beneficiario de la fundación, al sostener que él ha sido siempre el propietario de sus fondos.

Un momento decisivo llegó cuando el diario británico «The Telegraph» -tras una filtración, a todas luces, de lo abogados de Larsen, informó en marzo de 2020 de que Felipe VI figuraba como beneficiario tanto de la Fundación Zagatka como de Lucum, lo que le llevó a tomar la decisión de renunciar a la herencia de su padre, retirarle su asignación con cargo a los presupuestos y, eventualmente, propiciar que Don Juan Carlos abandonara España.

Al parecer, Don Juan Carlos acudió a su primo en 2007 para pedirle que le buscara una compañía privada para sus viajes privados, a lo que él accedió por la vocación de echar una mano a las familias reales que siempre se ha atribuido. La práctica se extendió hasta 2018 y en varios de esos vuelos viajó Corinna, quien definió a De Orléans-Borbón como «el hombre de paja» de Juan Carlos I.

El propio Álvaro de Orléans ha explicado a la prensa pormenores de su relación con Don Juan Carlos que arrojan mucha luz sobre aquellos años y aquel ambiente del que Felipe VI siempre se ha apartado escrupulosamente. El primo del anterior Jefe de Estado advirtió al padre del Rey del riesgo de la relación con Larsen, de la que dijo que le daba «escalofríos», también por «el dolor muy fuerte» que le causaba la situación de la Reina Sofía. «Había comprendido que se había involucrado en una pasión muy fuerte. Esto estaba teniendo algo de tóxico. Me di cuenta de que podía terminar muy mal. Lo conversé con otras personas y todas me decían lo mismo: es que no se le puede hablar», relató en el pódcast XRey. En este mismo espacio, Alvaro de Orleans reveló que fue él quien enseñó a usar el portátil a Juan Carlos I y a mandar correos electrónicos. «Le dije, ¿tú usas Internet y envías ‘email’? Me dijo que no. Volví una semana después de un viaje de trabajo de Estados Unidos y le compré un ordenador portátil, le hice una cuenta y le enseñé cómo se hace y todo. Cuando volví a casa me encontré con un email diciendo que era el primero que enviaba», relató.

Por amistad con el rey emérito, ayudó, como patrono a título personal, a impulsar la Fundación Cotec, dedicada al fomento de la innovación, en la que Don Juan Carlos estuvo especialmente volcado en la parte final de su reinado y cuando cedió el trono a su hijo.

Casado con Antonella Rendina en segundas nupcias, el Rey Emérito fue padrino de su hija Eulalia. Al igual que su abuelo, De Orléans-Borbón ha sido un avezado piloto de vuelo sin motor y ha ganado en varias ocasiones el campeonato de España de la modalidad. Además de sus negocios en Suiza con Zagatka, cuenta con propiedades y negocios turísticos en Cádiz, provincia sobre la que se extiende la alargada sombra del Peñón de Gibraltar.