Génova trabaja por una lista única Ayuso-Almeida

Si no hay acuerdo sobre el futuro liderazgo del PP de Madrid, la presidenta tendrá que competir en el cónclave con el alcalde y puede que hasta con una tercera candidatura

Ayuso y Almeida se preparan para medir sus fuerzas por el futuro liderazgo del PP madrileño
Ayuso y Almeida se preparan para medir sus fuerzas por el futuro liderazgo del PP madrileñoVíctor LerenaEFE

Génova quiere una candidatura única entre Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida para el Congreso regional en el que se decidirá el liderazgo de los populares madrileños. Trabajan para este fin, bajo el fuego cruzado entre el equipo de Pablo Casado y el de la presidenta de la Comunidad de Madrid. En público miden las palabras y los pasos que dan, aunque cada vez disimulan menos las tensiones, pero fuentes de la dirección popular confirmaron ayer a LA RAZÓN que el objetivo debe ser que presidenta y alcalde lleguen a un acuerdo previo y se presenten con una única lista pactada, para evitar así el coste de competir los dos en el cónclave.

¿Quién sería entonces el presidente o la presidenta del PP de Madrid? Pues tendría que salir de ese acuerdo previo entre Ayuso y Almeida. Así Génova sigue manteniendo abierta la puerta a la tercera vía, que es la que quiere para una organización regional decisiva en el reparto de fuerzas territoriales interno.

Casado no quiere dejar el PP de Madrid en manos, no ya de Ayuso, sino, sobre todo, de «gente» del equipo de Ayuso. Las diferencias con su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, son radicales y esto es decisivo en la decisión de mantenerle el pulso a la presidenta.

El argumento de que como ha ganado las últimas elecciones autonómicas debe ser la lideresa del partido no vale en Génova. Responden que una cosa es ganar elecciones y otra, muy distinta, contar con el apoyo mayoritario de la organización regional.

De hecho, sus cálculos sobre el reparto de fuerzas entre Ayuso y Almeida son mucho más optimistas a favor del alcalde que los que hacen en otros círculos populares. Así, hay quienes hablan de que si se enfrentaran habría una división de 60-40 a favor de la presidenta, pero en la cúpula popular, sin embargo, proclaman que Almeida está en condiciones de «ganar ese Congreso».

Por supuesto, no quieren esa lucha, llena de riegos, pero si no hay acuerdo, tirarán hacia adelante. Almeida tiene el apoyo de todos los distritos, salvo uno, el que preside Carlos Díaz Pache, amigo personal, dicen, de Ayuso. También le adjudican en Génova el apoyo de los municipios del oeste, de Torrejón y de Majadahonda.

Y en liza entra otro nombre, el del exalcalde de Boadilla Antonio González Terol, vicesecretario de Política Territorial en el Comité de Dirección de Casado. Es decir, otro referente del «aparato» de Génova y que en la batalla congresual puede tener su influencia por su ascendencia en la organización madrileña. Con él sitúan a Boadilla y a Pozuelo, por ejemplo, a la hora de contar los apoyos que irían para un lado o para el otro. De llegar el caso, no se descarta que Terol pudiera también presentar su candidatura al Congreso regional, y dicen que ya hay quien le está animando a tomar esa decisión.

Por acuerdo de la Junta Directiva los congresos uniprovinciales del Partido Popular se celebrarán todos en el primer semestre del año. Queda mucho, por tanto, para la batalla por Madrid, pero la pelota ya la echó a rodar con mucha anticipación Ayuso al anunciar su candidatura sin que ni siquiera el cónclave estuviera convocado.

Esto molestó en Génova y desde entonces los movimientos públicos, y en el ámbito privado, no han dejado de aumentar la tensión, a pesar de que queden muchos meses para que se libre la batalla. El PP nacional descarta categóricamente que vaya adelantar el Congreso. Las fechas se cumplirán, y no aceptan tampoco que desde el entorno de Ayuso se diga que ella está dispuesta a aceptar sugerencias en su lista.

El liderazgo de Madrid ha acabado siempre convirtiéndose en un problema para el poder nacional. Lo fue Alberto Ruiz Gallardón para José María Aznar. Y también Esperanza Aguirre para Mariano Rajoy.

Casado no quiere reeditar errores, y, por eso, siempre han defendido la opción de la tercera vía, ahora representada por Pío García Escudero. En las demás organizaciones regionales es norma que el presidente de la comunidad autónoma sea, a la vez, el presidente del PP regional, pero en Madrid hay precedentes de esta tercera vía en etapas anteriores. Los resultados electorales de mayo la hicieron saltar por los aires por la fuerza que dieron a Ayuso.

Para Casado, controlar Madrid es fundamental en su carrera hacia La Moncloa. Y las malas lenguas incluso apuntan a que en juego lo que está es evitar que en el equipo de Ayuso utilicen el liderazgo del partido para trabajar por su liderazgo nacional.

No obstante, Casado tampoco puede permitirse una fractura en la organización madrileña a cuenta del Congreso regional y cuando los resultados electorales suman a su favor. Si se tantea al partido de Madrid, se constata que la mayoría no quiere líos y sí desea un Congreso de unidad en el que no se les obligue a elegir entre Ayuso o Almeida. Ésta es la razón que alegan en Génova para advertir de que la única solución posible es esa lista pactada entre los dos líderes.

Ayuso y Almeida fueron los dos «fichajes» sorpresa de Casado para las primeras elecciones autonómicas y municipales en las que estaba ya como presidente nacional. Pero la política les ha llevado por caminos distintos: la gestión de Ayuso y la fortaleza de su oposición a Pedro Sánchez la convirtieron también en una especie de alter ego de la dirección de su partido, mientras que Almeida, investido como portavoz nacional de Casado, es hoy un símbolo del «aparato» nacional. La presidenta madrileña gana de calle en apoyo popular a Casado. Es un fenómeno de masas. Si bien el alcalde está en condiciones, según en qué ámbitos, de competir con ella.

Pero la pelea orgánica no la deciden los electores, ni tampoco las bases, sino que está muy determinada por cómo respiran las estructuras. Fuera de Madrid, sin embargo, señalan que en estas circunstancias Génova tiene muy difícil quitarle el Congreso a Ayuso, salvo que hiciera una modificación de los Estatutos y de la regulación de las primarias, lo cual «sería un escándalo».