Una tensa e incierta calma en la frontera de Ceuta

La ciudad autónoma aguarda un prometido plan estratégico y la resolución del problema de los 360 menas que acoge desde mayo

Un grupo de jóvenes, en las inmediaciones de la frontera entre España y Marruecos en la ciudad autónoma de Ceuta en los días posteriores al asalto a la valla
Un grupo de jóvenes, en las inmediaciones de la frontera entre España y Marruecos en la ciudad autónoma de Ceuta en los días posteriores al asalto a la valla FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Camino de los ocho meses desde la «invasión» terrestre de Ceuta –al menos 10.000 personas, aunque se siguen esperando datos oficiales de las autoridades españolas, la mayoría de origen magrebí, entraron en la ciudad autónoma gracias a la connivencia de las fuerzas de seguridad marroquíes entre el 17 y 19 de mayo–, la situación en las fronteras con Marruecos está marcada en las últimas semanas por una tranquilidad relativa. No dejan de registrarse episodios de tensión de manera periódica, y en la ciudad autónoma la incertidumbre es la nota dominante en el ambiente. El futuro económico, con un Marruecos que se percibe cada vez más amenazante, preocupa.

En la última semana hasta siete inmigrantes subsaharianos lograron superar la frontera ceutí en saltos que se produjeron en pequeños grupos y de madrugada. Unos días antes, el 25 de diciembre, la Gendarmería marroquí abortaba en la localidad fronteriza de Fnideq (también conocida como Castillejos) un intento masivo de entrada –esta vez de marroquíes– a Ceuta a través del paso del Tarajal. Como ocurriera en mayo, detrás de la tentativa hubo grupos organizados que se encargaron de difundir bulos sobre una eventual apertura. Tres personas, dos hombres y una mujer, fueron detenidos, según publicaron medios marroquíes.

Como ha venido ocurriendo desde el episodio de mayo y la reprobación del Parlamento Europeo a Rabat el 10 de junio pasado, las fuerzas de seguridad marroquíes han dado muestras de eficacia al desbaratar la inmensa mayoría de tentativas en las distintas fronteras con Ceuta y Melilla. Desde el 7 de octubre no se registraba una tentativa de grandes dimensiones en el perímetro fronterizo.

Marruecos cerró el 12 de marzo de 2020 las fronteras con Ceuta y con Melilla por motivos sanitarios y, con el país magrebí aislado en estos momentos –Rabat ha cerrado su espacio aéreo al menos hasta el 31 de enero–, no se vislumbra el momento de una eventual reapertura. En agosto de 2018 Rabat había cerrado la aduana de Melilla y en octubre de 2019 acabó con el contrabando en Ceuta.

Unos 10.000 porteadores tuvieron que buscarse de la noche a la mañana otra manera de ganarse la vida. La pandemia no ha ayudado precisamente a su reacomodo en la economía del norte de Marruecos, fuertemente golpeada. Las autoridades marroquíes, conscientes del gran problema de desempleo juvenil, impulsan diversos proyectos de desarrollo en la región de Tánger-Tetuán. Recientemente terminaban las obras de la primera fase del gran polígono comercial que las autoridades marroquíes están construyendo en Fnideq. Otro grupo directamente afectado son los trabajadores transfronterizos –la mayoría empleadas del hogar, aunque hay todo tipo de empleos–, que continúan atrapados en la ciudad de Ceuta desde marzo de 2020. Esta misma semana una nueva concentración en la ciudad autónoma pedía una solución a las autoridades españolas.

Al menos verbalmente –pues siguen sin concretarse medidas–, el Gobierno de España pretende adaptar las dos ciudades a la nueva situación. Se da por hecho que el contrabando ha pasado ya a la historia. El pasado 15 de diciembre supimos por el secretario de Estado de Política Territorial que el Gobierno de España ha encargado a la empresa pública Tragsatec la elaboración de sendos planes estratégicos para Ceuta y Melilla que Pedro Sánchez prometió tras la crisis migratoria del pasado mes de mayo. Los documentos, que deberán estar terminados en junio, aspiran a «incentivar la creación de oportunidades, asegurar su viabilidad y progreso económico y reforzar su cohesión social» con la «prioridad» de formar parte de «zonas de prosperidad compartida».

Entretanto, en medio de un ambiente de preocupación que se prolonga ya muchos meses, sigue sin resolverse en Ceuta el futuro de 360 de los menores que permanecen en la ciudad autónoma acogidos por las autoridades locales desde la crisis de mayo. El Faro de Ceuta recogía el 31 de diciembre pasado que las autoridades marroquíes no han remitido aún ninguno de los más de 700 informes que le ha requerido la Delegación del Gobierno de Ceuta sobre la situación de los menores no acompañados que entraron en la ciudad entre los días 17 y 18 de mayo. Ello impide la incoación de ningún expediente de repatriación según lo estipulado en el Reglamento de la Ley de Extranjería.

El tiempo apenas ha matizado el profundo malestar de Rabat con Madrid, que comenzó a gestarse con la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno apoyado por grupos como Unidas Podemos o los nacionalistas, cuyas posiciones sobre la cuestión del Sáhara no son del agrado precisamente en Marruecos, y acabó de estallar con la estancia del líder del Frente Polisario Brahim Ghali en España, todo ello en el contexto del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre la excolonia española, que anunciara el ex presidente Donald Trump un 10 de diciembre de 2020 y la actual Administración no ha revertido.

A pesar de los cruces de palabras bienintencionadas entre las autoridades de los dos países, sobre todo salidas de Moncloa y Santa Cruz, lo cierto es que la crisis bilateral sigue enquistada. Desde la retirada el 20 de mayo pasado de Karima Benyaich, no hay embajador de Marruecos en Madrid; la XII Reunión de Alto Nivel Marruecos-España, prevista para inicialmente para diciembre de 2020, está suspendida sine die. Y sigue sin haber encuentro alguno entre miembros de los dos gobiernos. Tras vivir una situación similar, los recientes elogios de las autoridades alemanas al plan autonómico marroquí para el Sáhara parecen haber sido del agrado de Rabat, donde se da por superada la crisis con Berlín. Marruecos espera un gesto similar de sus vecinos españoles para poder sellar la normalización.