Sánchez ata el cordón sanitario contra PP y Vox en la reforma laboral

Fuentes de la coalición dicen que “no es precipitado” anticipar el acuerdo con los socios de investidura

El Gobierno mantiene abiertas las negociaciones con sus socios de investidura para aprobar en el Congreso la reforma laboral pactada con sindicatos y empresarios. Y el mensaje que trasciende por la vía no oficial es que “no es precipitado” ir adelantando que habrá acuerdo con los votos de PNV y ERC. Los socios se han colocado en el “no” y han marcado sus condiciones, que suponen introducir modificaciones en el contenido del pacto social.

Los mensajes que trascienden en el plano público alientan, precisamente, la sensación de que el pulso está muy abierto, y de que nacionalistas e independentistas no cederán si no es a cambio de importantes cesiones. Estas puestas en escena son, en todo caso, habituales en toda negociación en la que cada unas de las partes debe hacerse fuerte ante su parroquia.

Sin embargo, en el Gobierno apuestan a favor de que la reforma laboral saldrá adelante por una amplia mayoría, con retoques que permitan conjugar intereses y mantener, al mismo tiempo, a la patronal, fuertemente dividida, dentro del pacto. La foto que busca Moncloa es la de todo un arco parlamentario unido alrededor del acuerdo social, y con PP y Vox fuera de esa instantánea. “Ellos mismos se ponen su cordón sanitario”.

Las llamadas al principal partido de la oposición a que se una al acuerdo no deben llevar a confusión. A Pedro Sánchez le interesa mucho más que el pacto con el PP el esquema de mantener firme la mayoría de investidura, y está dispuesto a introducir los cambios que faciliten la supervivencia de la alianza con sus socios sin perder el apoyo de la CEOE. Los nacionalistas vascos, por ejemplo, ya han dicho que no darán su aval si no se reconoce la superioridad de los convenios autonómicos.

Los tambores de guerra en pleno proceso de negociación dan pábulo a la previsión de que el Gobierno no pueda sacar adelante el Real Decreto que recoge el acuerdo social, y que debe ser sometido a debate y votación en el Congreso de los Diputados. Ante estas amenazas, Ciudadanos (Cs) ha exhibido una posición dispuesta al entendimiento, si bien sus nueve escaños no son suficientes para aprobar el nuevo marco de relaciones laborales. Fuentes solventes anticipan que lo lógico es que las sinergias de la mayoría parlamentaria acaben funcionando porque es lo que más interesa a todas las partes. PNV y Bildu han establecido como línea roja que deben prevalecer los convenios autonómicos y el respeto al marco laboral propio. ERC comparte esta exigencia, y, al igual que Bildu, también creen que la redacción se queda corta en la revisión de la reforma laboral del Gobierno de Rajoy. Esta exigencia es difícil de acomodar sin colocar en una posición insostenible al líder de la CEOE, Antonio Garamendi.

La vía de salida es también la tramitación del decreto como proyecto de ley, lo que facilitaría a los grupos introducir enmiendas y negociar cambios incluso en otras iniciativas legislativas, como ocurrió con ERC y con su apoyo a los Presupuestos a cambio de obtener garantías en la protección de las lenguas cooficiales.

PNV y Bildu tienen sobre ellos la fuerza de los sindicatos mayoritarios en el País Vasco, que son ELA y LAB, y esto les libera de parte de la presión para que se sumen al acuerdo. ERC no está en esa misma posición, ya que en Cataluña CC OO y UGT sí tienen más margen de hacer valer su autoridad.

Elecciones en Castilla y León

En cuanto a Ciudadanos, su mano tendida, insuficiente, es consecuencia de la necesidad de buscar un asidero para dar utilidad a sus nueve escaños sin incurrir en graves contradicciones. Las elecciones de Castilla y León le plantean un doble problema. Por un lado, tienen que conseguir una representación suficiente como para ser parte de la política autonómica en la nueva Legislatura. Pero, además de serlo, su intención es ensayar la estrategia de negarse a seguir haciendo de muleta del PP. El mensaje con el que van a estas elecciones es que sus escaños no serán para consolidar una mayoría de centro-derecha, sino que, antes, pactarán con los socialistas. Este giro confunde al electorado y confirma, a su vez, el desconcierto con el que afrontan su futuro en la formación naranja.

La tensión dentro de la coalición de gobierno no ayuda tampoco a gestionar la negociación para sacar adelante el acuerdo social. No obstante, el liderazgo de la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se impone sobre las reticencias de Podemos, y los morados han tenido que tragarse el sapo de asumir como una ficción su promesa electoral de derogar la reforma laboral del PP. Para el Gobierno, esta negociación tiene un valor que va mucho más allá del contenido de una reforma imprescindible en el marco de la negociación con Bruselas sobre el reparto de los fondos europeos. Éste es un tema especialmente sensible, bandera durante su etapa en la oposición, y le va la vida en aglutinar a la mayoría de investidura alrededor del acuerdo. En todo caso, la bronca dentro de la coalición, y con los socios irá en escalada según avance el clima electoral, especialmente cuando se aproximen las próximas elecciones municipales. El PSOE dice que no teme a Podemos. “Tienen que aguantar porque no tienen alternativa. El caso de Garzón es el mejor empleo”. Por las desautorizaciones estruendosas que desde la parte socialista han hecho al ministro de Consumo por sus últimas declaraciones contra la macrogranjas.