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«Cuando descubres que te han puesto en la diana y te quieren matar es un shock brutal»

La ex delegada de Antena 3 en el País Vasco recuerda en la Audiencia Nacional el atentado frustrado con paquete-bomba que sufrió en 2002: «Mi sobrina de tres años intentó abrirlo porque pensó que era un regalito». «Txeroki», ex jefe militar de ETA, se niega a declarar ante el tribunal

  •  La Audiencia Nacional juzga a Garikoitz Aspiazu Rubina, "Txeroki" (en la imagen), y a otros dos miembros del comando de ETA "K Olaia"
    La Audiencia Nacional juzga a Garikoitz Aspiazu Rubina, "Txeroki" (en la imagen), y a otros dos miembros del comando de ETA "K Olaia"

Tiempo de lectura 4 min.

02 de julio de 2018. 12:56h

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Ricardo Coarasa 2/7/2018

ETA no consiguió su objetivo ese 17 de enero de 2002, pero las secuelas psicológicas del intento de asesinato, mediante el envío de un paquete-bomba, de la entonces delegada de Antena 3 en el País Vasco, María Luisa Guerrero, todavía perduran. “Cuando descubres que alguien te ha puesto en la diana y te quiere matar es un shock brutal, una sorpresa mayúscula”, ha asegurado la periodista al tribunal de la Audiencia Nacional que ha juzgado por estos hechos al ex jefe “militar” de ETA, Garikoitz Aspiazu, “Txeroki”, para quien la Fiscalía pide 19 años de prisión por un delito de asesinato terrorista en grado de tentativa.

Pese al abandono de la violencia y la reciente disolución de la banda terrorista, “Txeroki” ha reproducido ante el tribunal el habitual patrón de los miembros de ETA a la hora de rendir cuentas ante la Justicia: negarse a declarar, rechazar su participación en los hechos y no reconocer al tribunal. “No voy a responder a ninguna pregunta. De estas actuaciones no sé nada y no tengo nada que decir ante este tribunal”, ha asegurado antes de regresar a la “pecera” (el compartimento blindado desde el que siguen la vista oral los terroristas en prisión) jaleado por cuatro incondicionales, uno de ellos equipado con una camiseta de fútbol de la antigua URSS. Aspiazu cumple condena en Francia y ha sido entregado a España de forma temporal por las autoridades del país vecino para que sea juzgado por varias causas.

Guerrero ha recordado que cuando le entregaron el paquete (constaba como remitente una patronal vasca) en el domicilio familiar de Leioa (Vizcaya) no se encontraba en casa y fue su madre la que lo recogió. Junto a ella estaban su hermana y sus dos hijas, una de tres años y otra de apenas unos meses a la que estaba dando el pecho. “Mi sobrina de tres años intentó abrirlo porque pensó que era un regalito”. Pero la madre sospechó –la periodista se encontraba entre los objetivos de ETA desde dos años antes y ya observaba “unas estrictas medidas de seguridad” – y llamó a su hija por teléfono. “Se me encendió una lucecita y le dije que se lo quitara con cuidado y salieran de casa”. Cuando llegó, se encontró a su familia “en estado de shock” en casa de unos vecinos porque el edificio había sido desalojado por la Ertzaintza, que consiguió explosionar el paquete-bomba, que contenía 230 gramos de dinamita-goma, en un jardín contiguo.

Según ha declarado un ertzaina de la unidad de desactivación de explosivos, teniendo en cuenta la carga que contenía el paquete “todo el que estuviera en un radio de dos a cinco metros estaría muerto al 100%” si hubiese estallado.

A raíz del atentado frustrado, ha asegurado Guerrero, su madre “entró en una depresión profunda que no superó hasta que murió seis años después”. Su hermana, como ella misma, también necesitó ayuda psicológica “pensando que su hija podía haber saltado por los aires”. La periodista vivió a partir de entonces “una especie de libertad vigilada”. La Fiscalía pide al tribunal que “Txeroki” indemnice con 100.000 euros a la periodista, a 50.000 a su hermana y con idéntica cantidad a los herederos de su madre por daños psicológicos.

“Empiezas a limitar tus movimientos y al final te asfixias. Mi vida dio un vuelco brutal. Era una auténtica pesadilla, aunque siempre tuve claro –ha recalcado– que nadie me iba a echar de mi tierra, y menos una banda de delincuentes. Había que resistir”.

Por estos mismos hechos ya fueron condenados a veinte años de prisión los etarras Asier Arzalluz e Idoia Mendizábal, también ex integrantes del “comando Olaia”.

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