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“El 28-A decidirá qué camino toma Cataluña”

La crisis política catalana seguirá condicionando y ocupando un lugar prioritario en la agenda del Gobierno que surja de las elecciones.

  • El próximo Gobierno deberá encontrar una salida al enrevesado y polarizado laberinto en el que Cataluña se encuentra inmersa / Miquel-Shooting
    El próximo Gobierno deberá encontrar una salida al enrevesado y polarizado laberinto en el que Cataluña se encuentra inmersa / Miquel-Shooting

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26 de abril de 2019. 17:23h

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J. Planes / J. Gallego.  26/4/2019

La crisis catalana seguirá estando muy presente en la agenda política española tras el domingo. El próximo Gobierno deberá destinar buena parte de sus esfuerzos a tratar de encontrarle una salida al enrevesado y polarizado laberinto en el que Cataluña se encuentra inmersa. Buena muestra de la magnitud del embrollo ha quedado reflejado en un debate que ha organizado LA RAZÓN con cuatro ciudadanos de a pie de distintas sensibilidades, en el que tras la intervención de cada uno de ellos, apenas se puede atisbar una solución consensuada y satisfactoria para todos a corto plazo, es decir, tras el 28-A.

De hecho, el menos optimista de todos es Miguel Raposo, constitucionalista y próximo a las tesis del PP, que predice que la situación actual no se desenredará hasta dentro de 20 o 30 años. «Socialmente es un problema que se alargará y hay que hacer ver a los independentistas que en España no ha ido tan mal», argumenta. Un horizonte temporal que Josep Soler, catalanista y afiliado a Lliures, espera que no se dé porque, asegura, el clima político «es inaguantable». En su caso, Josep Soler no alberga grandes esperanzas sobre las elecciones del domingo como vía para dar salida al «procés» y lo fía todo a la irrupción de una fuerza catalanista en los próximos comicios catalanes. A su juicio, es necesario un partido «ni unionista ni procesista» que acabe con la dinámica de bloques.

Lluís Tusell, independentista, no fija plazos, algo que estos años ha castigado mucho al separatismo. Tusell prioriza ampliar la base social mientras los políticos trabajan por acordar un referéndum con plenas garantías. Concepció Soler, progresista y favorable al derecho a decidir de Cataluña, no pone fechas pero alerta de que si la situación política sigue por los mismos derroteros, «nos haremos daño». Por tanto, aboga por un pacto que permita a los catalanes decidir. Su preferencia no es la independencia sino «la federación de federaciones».

Pero más allá del tiempo necesario, hay que alumbrar una solución. El referéndum, como salida al «procés», se convierte en el núcleo de la discusión: cuenta con dos detractores y dos partidarios. Sus dos detractores son Raposo y Soler. Un constitucionalista y un catalanista. El primero, que es abogado, desmonta el mantra que ha construido el independentismo en torno al referéndum y la democracia. «El referéndum no es la esencia de la democracia. Es una parte de la democracia, pero no lo soluciona todo. La democracia es el conjunto de leyes que nos damos y la forma en que se aplica», afirma Raposo, y añade que los referéndums «deben servir para corrobar decisiones tomadas». Una tesis con la que se alinea Josep Soler, economista, pero ahonda todavía más. «Aquí lo que se quiere es votar antes sin tener ni idea de cómo se tiene que llevar a cabo la independencia. Yo con el referéndum sería más duro, no es que no sea la esencia de la democracia, sino que es una herramienta perversa. En una democracia representativa, los ciudadanos escogen a sus representantes, que son quienes deberían asumir todas las decisiones», opina y lo compara con el caso del «Brexit», donde cree que el proceso «lógico» hubiera sido que «la decisión se hubiera tomado en el parlamento; la gestión y negociación hubiera racaido en el Gobierno; y, después se refrendara el acuerdo en un referéndum».

Tusell, profesional del sector de la comunicación, apuesta por el referéndum para la independencia y critica el uso que se hace del «Brexit». En este sentido, Tusell expresa su desacuerdo y considera que «los ingleses no discuten el hecho de haber votado» «La negoicación posterior es compleja, pero ellos han votado y no cuestionan resultado», concluye, un escenario que desea para Cataluña. Concepció Soler, ex técnica deportiva y ahora jubilada, sostiene que se debe desterrar la vía judicial, y defiende un referéndum, aunque sea la solución que sea, siempre debe ser «un proceso pactado». «La paz social está en el entendimiento», agrega.

No hay coincidencia en el referéndum, pero tampoco en el origen del «procés» ni, como, es natural, en el desenlace que debe tener. Raposo se muestra muy crítico con sus consecuencias en materia económica y social, denunciando una fragmentación que, en su caso, le ha costado amistades, y afirma que la raíz de todo se halla en la crisis económica y la estrategia de los líderes separatistas, que han apelado «a las pasiones en lugar de la razón». A su juicio, la mejor receta es convencer a los independentistas de que conviene seguir en España y mantener la firmeza ante los desafíos independentistas, usando el 155 como un arma política, aunque también precisa que «ojalá no se tuviera que aplicar». «Estas elecciones son decisivas para Cataluña porque decidirán qué camino toma el “procés”», zanja.

Por su parte, Josep Soler asegura que Cataluña se encuentra ahora en «un callejón sin salida, porque se ha priorizado un “procés” que buscaba la independencia y lo que ha generado hasta ahora es inestabilidad política, social y económica, con daños importantes». Por tanto, ahora, a su parecer, es vital aparcar los maximalismos y el referéndum porque «no se puede celebrar sin saber lo que se votaría» –en alusión a que se desconocen las consecuencias reales que tendría–. Concepció Soler considera que el «procés» estalló por el interés político «de un par de fuerzas» y desvela su deseo de que el próximo Gobierno sea de izquierdas con los independentistas. «Por la paz social, la fraternidad y la igualdad», asegura. Finalmente, Tusell rechaza que la crisis económica desatara el «procés».

A su juicio, el independentismo ha crecido más por errores de Madrid que por méritos propios porque, de ser así, «Junqueras, Mas o Puigdemont serían genios», extremo que pone en duda. Recuerda que cuando la base independentista creció más «fue en 2003, en la segunda legislatura de Aznar». A su juicio, la base debe seguir aumentando y, además, se muestra optimista, porque Albert Rivera o Pablo Casado están haciendo el «trabajo sucio». De seguir en esta dinámica, «se podría alcanzar dentro de poco el 60%», «suficiente» para forzar un referéndum acordado.

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