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Rajoy arremete contra Sánchez por querer ser presidente «como sea» y debilitar a España

El presidente sale al ataque contra Sánchez por su utilización de la sentencia del «caso Gürtel» y por «debilitar» a España: «Su objetivo es llegar a ser presidente a cualquier precio. Su Gobierno sería inviable, pero le da igual».

  • El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
    El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

26 de mayo de 2018. 03:57h

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Carmen Morodo .  Madrid. 25/5/2018

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, vuelve a estar en manos del PNV. Su estrategia ante la moción de censura registrada por el PSOE pasa por sostener el pulso a Pedro Sánchez y también a Albert Rivera, que reclama una convocatoria de elecciones para no tener que votar junto con la izquierda un cambio de Gobierno. Sánchez no quiere elecciones, y las posibilidades de que el líder del PSOE y el presidente de Ciudadanos lleguen a un acuerdo, que cuente además con el factor Podemos, son mínimas. En el PP creen que ninguna. Ésta es la baza que le vuelve a quedar al Gobierno para enfrentarse al momento más complicado, en cuanto a su propia supervivencia, que ha tenido que gestionar Rajoy desde que llegó a La Moncloa.

El jefe del Ejecutivo salió ayer al ataque contra el PSOE y su utilización de la sentencia del «caso Gürtel», en la que Sánchez justifica su decisión, ahora sí, de ir hacia adelante con la moción. La preocupación en Moncloa es máxima, tanto que Rajoy ha suspendido su viaje a Kiev para asistir a la final de la Champion League y compareció en La Moncloa con el respaldo de sus ministros y el cierre de filas oficializado en Génova. Rajoy embistió contra Sánchez por anteponer su interés de gobernar sin ganar elecciones a costa de «debilitar a España». Es una moción que va contra la estabilidad y contra los ciudadanos, enfatizó, y que daña la recuperación económica, añadió, apelando a la primera reacción de los mercados. «Su Gobierno sería inviable, pero le da igual». En este duro alegato contra Sánchez, recordó que perdió las elecciones con 84 escaños, el peor resultado de la historia del PSOE. Y que desde entonces «busca su lugar en la política española porque su objetivo es llegar a ser presidente a cualquier precio y con quien sea, aunque para ello tenga que pactar con Bildu o con el partido de Puigdemont y de Torra».

Hay que señalar una diferencia sustancial con respecto a la moción de censura que llevó Podemos al Congreso. Aquella eran «fuegos de artificio», pero esta vez la dirección popular no descarta del todo, como sí hizo en el caso anterior, que lleguen a sumarse los votos necesarios para tumbar al Gobierno. No por la participación de Ciudadanos, que ayer negó que fuera a apoyar la iniciativa del PSOE, lo que no quiere decir que no rompa con el Gobierno pero según el plan que tácticamente considera que le puede dar más votos. De momento anunció que si no hay una convocatoria de elecciones (imposible una vez registrada la moción), presentará otra de carácter estrictamente instrumental para forzar ese adelanto electoral.

La preocupación en el PP es que la izquierda y el independentismo sí se unan esta vez, y esto hace que «la llave pueda volver a estar una vez más en el PNV». En Cataluña «ya hay cosas que están moviéndose» y los ojos están muy pendientes de las conversaciones que pueda activar el PSC. A la cúpula popular no le pasa por alto que en 2015 y 2016 Sánchez no tenía la libertad de maniobra de ahora frente a sus «barones», y, ante todo, con respecto a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. De hecho, la línea roja de la negociación para formar Gobierno que marcó su gestión tras las elecciones de diciembre no parece que considere que sigue estando en vigor, al hilo de lo que él mismo manifestó ayer en la rueda de prensa en la que explicó el sentido de su moción de censura.

En cuanto al movimiento de Rivera de exigir elecciones, cabe la lectura de que plantea la misma estrategia que ha seguido en las comunidades autónomas en las que ha conseguido forzar el relevo de su presidente, Murcia, o presidenta, Madrid, sin votar junto con la izquierda en el Parlamento. Pero Rajoy no puede convocar elecciones antes de que se vote la moción de censura ya registrada, y tampoco dará un paso al lado. Irá al Congreso a «verse las caras» con los demás partidos y que «cada uno se retrate» en la votación de la censura. Rajoy salió ayer al ataque, aunque la procesión va por dentro. Porque tanto en el Gobierno como en el PP hay preocupación por las consecuencias políticas e institucionales de esta crisis. El presidente del Gobierno compareció en Moncloa después de que su «número tres» en el partido, Fernando Martínez-Maíllo, acusara a Sánchez de dar ventaja a los independentistas. Rajoy también recordó que para que la moción salga adelante Sánchez necesita el apoyo de Podemos y Ciudadanos o bien echarse en brazos de los independentistas, incluidos ERC, el partido del fugado Carles Puigdemont y Bildu. Y esto en un momento en el que está en vigor el artículo 155 de la Constitución, apoyado por los socialistas.

Para el presidente del Gobierno, que la moción se justifique en la sentencia del «caso Gürtel» es sólo una «excusa» para esconder que lo que se está haciendo es colocar por delante «las necesidades políticas del señor Sánchez». Sobre esa sentencia recordó que no es firme y va a ser recurrida por el PP, que ningún miembro del Gobierno está condenado ni juzgado y que los hechos fueron «hace mucho tiempo», afectan a dos localidades concretas de Madrid, Pozuelo de Alarcón y Majadahonda, y no eran conocidos por la dirección del partido. En su análisis personal del fallo judicial, que da por acreditada la existencia de la «caja B» en el PP, Rajoy relativizó la relevancia de que cuestione la credibilidad de su testimonio. «¿En este país, quién da certificados de credibilidad?». Según él, los votantes, por lo que tiene menos credibilidad el presidente de un partido con sólo 84 escaños.

También recordó que ya ha pedido por dos veces perdón en sede parlamentaria por los casos de corrupción que afectan al PP y reiteró que no está dispuesto a convocar elecciones. «Haré todo lo posible y lo que esté en mi mano para agotar la Legislatura porque es bueno para España», explicó, antes de recordar que las competencias exclusivas del presidente del Gobierno son precisamente la disolución de las Cortes y el nombramiento de ministros. Y de ahí no se va a mover, según fuentes de Moncloa. No es él quien tiene que buscar un frente parlamentario para tumbar la moción, sino que tiene que ser Sánchez el que sume los votos necesarios para aprobarla.

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