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“Jugar” la ida para ganar la vuelta

  • El presidente del tribunal Supremo, Manuel Marchena / Foto: Efe
    El presidente del tribunal Supremo, Manuel Marchena / Foto: Efe

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12 de junio de 2019. 21:47h

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“Notable alto”, se enorgullece un magistrado emérito del Tribunal Supremo. “Puño de hierro en guante de seda”, remacha otro veterano de la madrileña Plaza de la Villa de París para resumir el papel del magistrado Manuel Marchena, que este miércoles 12 de junio ha pronunciado el “visto para sentencia” más decisivo en la historia reciente del Poder Judicial en España.

Acaba el juicio del procés, del golpe de Estado 2.0 tan solo comparable al “tejerazo” del 23-F, y los elogios son unánimes, incluso en buena parte de los defensores de los acusados –casi todos en privado, eso sí- sobre su papel de conductor y guardián de la ejemplaridad durante la vista oral.

Y es que Marchena era consciente de que su papel resultaría mucho más determinante que el de un simple presidente del tribunal. Los golpistas sabían bien que las instituciones del Estado iban a garantizar la más exquisita neutralidad del juicio y han puesto todas sus expectativas en los magistrados “outsiders” de la Corte Penal Internacional con sede en Estrasburgo.

A lo largo de estos meses, Marchena ha desplegado el mejor catálogo del buen juez. Didáctico en ocasiones, irónico algunas veces, tajante ante los procesados o testigos con tentaciones de convertir la sala en un mitin político. Siempre guardián de la más exquisita neutralidad: ha abroncado por igual a los defensores de los golpistas que a los fiscales o a los letrados de la acusación popular.

Ha estado al quite, además, cuando los interrogadores parecían atrapados o superados por el marasmo de tantas y a veces tan tediosas horas de declaración. Como cuando, viendo que el mayor Trapero “quería y no podía...”, fue el propio Marchena quien le facilitó una declaración que ahora muchos prevén será decisiva: la de los secretos de la reunión clave de Puigdemont y Junqueras con la cúpula de los Mossos días antes del 1-O.

Marchena, su mano izquierda y su rigor han zanjado cualquier sospecha o suspicacia sobre las garantías de un juicio ejemplar que ahora concluye. Hasta la sentencia. Y que, nadie duda, se enseñará en los manuales de los futuros aspirantes a la carrera judicial.

Es el segundo legado de Manuel Marchena. El primero lo protagonizó hace unos meses cuando dio el portazo a la presidencia del Poder Judicial tras sentirse el epicentro del enésimo cambalache indigno de los partidos políticos españoles.

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