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Junqueras prepara el divorcio de Puigdemont

Las mentiras del presidente de la Generalitat y la corrupción de Artur Mas fuerzan al líder de ERC a unas elecciones.

  • Oriol Junqueras durante su intervención en el acto celebrado ayer por ERC en Barcelona
    Oriol Junqueras durante su intervención en el acto celebrado ayer por ERC en Barcelona
Barcelona.

Tiempo de lectura 5 min.

05 de marzo de 2017. 20:04h

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Barcelona. 5/3/2017

Carles Puigdemont, el mentiroso. Artur Mas, el indeseado. Así definen en privado numerosos dirigentes de Esquerra Republicana a los dos inquilinos de La Generalitat, antes y ahora, en medio de una crisis sin precedentes entre ambos socios de un Gobierno que hace aguas por todas partes. El pulso entre Convergència y ERC es un clamor y el divorcio es un hecho. Según fuentes republicanas, los últimos escándalos de corrupción en Convergència, los documentos contra su ex tesorero, Andreu Viloca, las desafiantes comparecencias en el Supremo de Mas y Francesc Homs, y sobre todo el inicio del juicio sobre el «caso Palau», el mayor expolio de dinero desde la joya cultural barcelonesa al partido convergente, han colmado la paciencia de Oriol Junqueras. El líder de ERC y vicepresidente del Govern prepara con astucia un distanciamiento de CDC y trabaja en forzar unas elecciones autonómicas que, según las encuestas, le darían una clara victoria.

Semana negra de Convergencia

La semana negra de Convergència con las acusaciones Viloca, la comparecencia de Homs ante el Supremo con la petición fiscal de nueve años de inhabilitación, y el macro-juicio del Palau bajo la amenaza de «tirar de la manta» de su antiguo número dos, Jordi Montull, han encendido las alarmas en Esquerra. Las declaraciones en el banquillo de Félix Millet y Montull, máximos responsables del Palau, vaticinan un calvario para el PDeCAT del que los republicanos quieren alejarse. «Este marrón no es nuestro», aseguran en ERC.

Dirigentes de varios partidos catalanes coinciden en que a Junqueras le interesa un adelanto de autonómicas que encubra el referéndum ilegal. «Cuanto más tarde, peor para nosotros», admiten en ERC conscientes de que las encuestas les son favorables, pero con «el piso en los talones» de los Comunes de Ada Colau. Para Junqueras, el fracaso de la consulta siempre sería atribuible a Puigdemont, mientras él se erige en interlocutor válido con Madrid.

El líder republicano exhibe un talante mucho más moderado en sus apariciones públicas. «Por encima de ideologías somos personas educadas», asegura Sáenz de Santamaría, a propósito de su amable fotografía con Junqueras en el Mobile World de Barcelona. En círculos de ERC, pero también en sectores críticos de CDC, se critica sin reparos a Puigdemont: «Miente a todo el mundo y Junqueras es mucho más serio», afirman. Según su entorno, Junqueras está enormemente molesto con Puigdemont por haber ocultado su entrevista en La Moncloa con Rajoy.

Pero, al mismo tiempo, sabe que esto le debilita enormemente ante la CUP, que rechaza cualquier diálogo con Madrid. «La CUP está de uñas con Puigdemont y Junqueras lo aprovechará», advierten convergentes muy críticos con Puigdemont y Mas. A uno le censuran sus embustes y al otro, sus vínculos con la corrupción. Por ello, en la dirección del PDeCAT aflora con fuerza un movimiento que no quiere a Mas de candidato y apuesta por nombres limpios de turbios asuntos. Marta Pascal, coordinadora general del partido, y Mercé Conesa, presidenta de la Diputación de Barcelona, se perfilan como aspirantes, una vez que Neus Munté ha quedado tocada tras su patinazo con el desmentido del encuentro de Puigdemont con Rajoy. «Ni se enteró, ni está a la altura», dicen sus adversarios en Convergencia.

Desconfianza mutua

La desconfianza entre Puigdemont y Junqueras crece por momentos entre acusaciones mutuas de enturbiar «el procés». Y a nadie se le oculta la buena sintonía entre Junqueras y Sáenz de Santamaría, escenificada en Barcelona. En medios políticos y empresariales de Cataluña cunde cada vez más la idea de un adelanto electoral, que claramente beneficia al líder de Esquerra . Aunque antes, opinan muchos, Puigdemont y Mas se inmolen como mártires de la causa soberanista. Fuentes cercanas a ambos presidentes coinciden en su estrategia: agitar la calle, choque de trenes con Madrid y mantener a Mas como candidato aunque le inhabiliten, algo que siempre podrá recurrir ante el Supremo. De momento, Junqueras sigue como favorito en las encuestas, en una complicidad táctica con Colau, a quien ve a menudo en privado, y elabora con esmero su divorcio «sin retorno», de la antigua Convergencia.

El independentismo ha sufrido un duro revés con el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias, órgano consultivo de La Generalitat que vela por el cumplimiento de las leyes catalanas, el Estatuto y la Constitución, contra el referéndum. Pero mientras Puigdemont ha tenido una agria respuesta, desoye el aviso y proclama que convocará la consulta «por encima de todo», Junqueras ha sido más prudente al reafirmar su apoyo a que los catalanes voten su futuro, pero con el matiz de que «el Govern siempre estudia los dictámenes del Consejo de Garantías». La Mesa del Parlament, con mayoría de Junts pel Sí, decidirá el martes si habilita un plazo de tres días para presentar enmiendas al dictamen, algo que la CUP desprecia tajantemente. Para los antisistema es impensable «un paso atrás» y colocan de nuevo contra las cuerdas a Puigdemont bajo la amenaza de tumbar los Presupuestos de La Generalitat.

A ERC le preocupa el “Caso Palau”

Con todo, lo que más preocupa en ERC es la corrupción y lo que pueda salir del juicio del Palau, que esta semana promete ser de infarto con las declaraciones de Montull. La nueva dirección del PDeCAT considera «muy irresponsable» la gira internacional de Puigdemont y Mas para vender «el procés». El primero ya ha anunciado que no será candidato, pero Mas quiere serlo a toda costa.

De Puigdement, opinan que es «un funambulista en la cuerda floja». Y de Mas, lo tienen claro: «Está desatado». El ex presidente ha viajado ya a las Universidades de Oxford y Harvard para abanderar «el procés» e insultar gravemente al Gobierno de Rajoy. Algo que no ha gustado en sectores del PDeCAT ni en Esquerra Republicana, una formación no envuelta en asuntos sucios que apuesta por un adelanto electoral con las encuestas a favor. A día de hoy, la mayoría vaticina un Gobierno tripartito de izquierdas entre ERC, los Comunes y tal vez el PSC, presidido por Junqueras. En Convergéncia admiten con pesar los malos augurios electorales hasta «extirpar la fruta podrida». Y ello, añaden, «estropea la cosecha para volver a sembrar otro escenario político». Cataluña necesita viento fresco que sacuda las viejas ramas de la corrupción.

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