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La manifestación contra la sentencia de “procés” reúne a 75.000 personas menos que en la última Diada

El independentismo se “agarra” al ruido porque no es capaz de reclutar más gente. En 2014, 1,8 millones de personas se echaron a la calle. 1,3 se han quedado en el camino.

  • Miles de personas que participan en las "Marchas por la libertad" entran en Barcelona por la Avenida Meridiana. EFE/Alejandro García
    Miles de personas que participan en las "Marchas por la libertad" entran en Barcelona por la Avenida Meridiana. EFE/Alejandro García

Tiempo de lectura 4 min.

18 de octubre de 2019. 21:52h

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Ángel Luis de Santos Madrid. 18/10/2019

En la Diada del pasado 11 de septiembre la Guardia Urbana de Barcelona cifraba en 600.000 los asistentes a la manifestación de Barcelona, una cifra que se consideró, pese a su importancia, un fracaso pues estaba muy lejos al millón de personas de un año antes, 2018, y a años luz de los 1,8 millones de participantes que llenaron las calles de la Ciudad Condal en 2014, dos meses antes de la consulta del 9-N, con Artur Mas ocupando la presidencia de la Generlitat.

Pues bien, pese a la convocatoria de huelga general de hoy, pese al cabreo de la sentencia del “procés” del pasado lunes, pese a que la maquinaria independentista ha puesto en marcha toda su parafernalia, la Guardia Urbana ha cifrado en 525.000 las personas que se han reunido hoy en el centro de Barcelona, llegadas desde los distintos puntos de Cataluña en las cinco marchas que había partido de otros tantos puntos.

Esto supone 75.000 personas menos. Y pese a que la cifra sigue siendo muy alta, altísima, parece claro que el independentismo pierde fuelle y, sin duda, no gana nuevos adeptos. Al final, siempre son los mismos los “movilizados”. Si parecía que durante la pasada Diada los manifestantes se estaban “reservando” para los actos posteriores a la sentencia, la cosa no parece dar más de sí.

El 18-O, por tanto, se ha convertido en síntoma y reflejo de la extrema división de los partidos independentistas y de la pérdida de apoyo social a la secesión. En guerra constante desde el 1-O, la batalla política se ha recrudecido con el ciclo electoral de la primavera. La victoria clara de ERC en las generales y las municipales, el descalabro de Junts per Catalunya y los pactos posteriores tensaron al máximo las costuras de dos partidos históricamente enfrentados.

También ha hecho mella la incapacidad de ambas formaciones de trazar una estrategia conjunta y consensuar una respuesta a las sentencias del «procés».

Y es que la Diada de 2019 ya se había convertido en una enmienda a los partidos, un órdago lanzado por la ANC y su presidenta, Elisenda Paluzie. En su discurso, el más enérgico de la tarde, la activista acusó al Govern y a los dirigentes políticos soberanistas de haber «desarmado» al movimiento independentista de la unilateralidad, la estrategia que defiende la entidad tras el 1-O.

«Vemos que, dos años más tarde, no solo no hemos avanzado, sino que se dan algunos pasos atrás. Se discute en público el reparto de migajas. Se deslegitima el referéndum que hicimos, y la única vía que nos ha permitido llegar a donde no habíamos llegado nunca, la unilateral, se desarma día a día. A nuestros dirigentes os pedimos que no nos desarméis», clamó.

«Hoy el presidente del Gobierno nos ha animado a celebrar la fiesta de este territorio. Ni nación ni país ni pueblo. Este es el reconocimiento que tendremos si continuamos en el Estado español», criticó Paluzie entre abucheos de los asistentes al escuchar el nombre del líder socialista, Pedro Sánchez.

Un guante que recogió el propio president Quim Torra en la misma concentración, a pie de calle. «La independencia estará a partir de ahora en el centro de la acción política», aseguró dejando claro que se dejará la «piel» para evitar la ruptura del soberanismo. Torra incluso amenazó con la desobediencia tras las sentencias, en la línea del lema «lo volveremos a hacer» que lleva repitiendo desde hace semanas: «Cualquier derecho que sea negado lo volveremos a ejercer», resumió.

El tono de Esquerra fue más sosegado y, sobre todo, muy distante con sus socios de Junts per Catalunya. Ambos partidos no coincidieron en la manifestación; los republicanos organizaron un acto propio a mediodía para reivindicarse y dejar claro que defienden la independencia desde su fundación; y solo compartieron los actos institucionales además del evento que organizó Òmnium Cultural y al que incluso fueron los «comunes».

De hecho, la desmoralización de la calle también la reflejaron las entidades secesionistas: ayer, la ANC organizó en solitario la manifestación al mantener diferencias estratégicas notables con Òmnium.

A la desmovilización social –vaticinada por muchas encuestas y palpable ayer en la manifestación– se le unieron los disturbios de la izquierda más radical a última hora de la tarde. Los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) rodearon el Parlament y protagonizaron varias escenas de tensión con los Mossos d’Esquadra. Por la mañana, las juventudes de la CUP quemaron fotos del Rey y de varios jueces en su manifestación.

«El entusiasmo de antes ya no está»

El independentismo civil se echó de nuevo ayer a la calle, aunque con mucha menor fuerza. El enfado generalizado de la calle con los líderes separatistas por los escasos avances hacia la ruptura y las permanentes luchas intestinas han desmoralizado a las bases, algo muy palpable. De hecho, entre los asistentes consultados por este diario, no había ninguno que no reprendiara a los políticos. «Cansado pero no puedo quedarme en casa», dijo, resignado un vecino de Sant Cugat (Barcelona), quien criticó la falta de unidad de los partidos. «El entusiasmo de antes ya no está, es la primera vez que vengo solo», agregó. «Venimos a reivindicar la independencia pero a protestar contra los políticos, que no están a la altura», se quejó una pareja de avanzada edad procedente de Berga (Barcelona), y exigía unidad y que «los políticos se definan». «No podemos entender que Puigdemont diga una cosa y Junqueras diga otra cosa», recriminó otra pareja de Molins de Rey (Barcelona). «Somos los de abajo los que tendremos que impulsar la independencia», añadió.

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