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Los disidentes de ETA son ya 1.500 y disponen de 60 pistolas.

La “rendición” de los abogados de la banda hace temer un rebrote de la “kale borroka”

  • Los disidentes de ETA se llevaron las 60 pistolas antes de que la banda comunicara la localización de los zulos/Foto: Efe
    Los disidentes de ETA se llevaron las 60 pistolas antes de que la banda comunicara la localización de los zulos/Foto: Efe

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2019. 18:36h

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J.M.Zuloaga 21/9/2019

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Amnistia eta Askatasuna (ATA), el movimiento disidente de ETA que tiene en su poder 60 pistolas que “sustrajeron” a la banda en el proceso de “desarme, cuenta ya con 1.500 militantes, la mayoría jóvenes, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas.

Se trata de una amenaza potencial que, hasta ahora, no ha pasado de cometer actos de terrorismo callejero; convocar manifestaciones y emitir comunicados en los que se sube el tono progresivamente en el sentido de que “la lucha es el único camino”.

Pero en los últimos días se ha producido un hecho que ha “incendiado” las filas de los disidentes: el acuerdo al que llegaron los procesados por pertenecer el frente de apoyo a los presos de ETA para admitir las imputaciones, rebajar las penas y evitar el ingreso en prisión.

Este hecho se ha interiorizado entre los de ATA como una traición, ya que los que transmitían las consignas de la banda se quedan en la calle mientras los presos siguen en la cárcel. El asunto se ha agravado cuando se ha sabido que cuando se convocó una “macro manifestación” en Bilbao en favor de los procesados ya se había llegado al acuerdo con la Fiscalía y las acusaciones. “Ha sido una auténtica tomadura de pelo”, afirman los más moderados en el contexto de un malestar generalizado.

El propio Iñaki Gil de San Vicente, uno de los “ideólogos” tradicionales de la izquierda abertzale, no ha ocultado su “cabreo”: “una manifestación con 50.000 personas, organizada con muy poco tiempo, demuestra una gran capacidad de movilización. Por otro lado, está claro que la reacción posterior de muchísimas personas con las que he podido hablar, y la mía propia, es lógicamente de cabreo, al conocer un acuerdo que evidentemente ya estaba firmado y que se ocultó al pueblo al convocarlo para salir a la calle. Una práctica histórica de la izquierda abertzale, y en realidad de cualquier izquierda revolucionaria, es la de decir siempre la verdad. Obviamente, hay cosas que no se pueden comunicar, pero lo que es inadmisible es engañar al pueblo, movilizarlo para que luego vea que su movilización fue inútil porque ya había un pacto cerrado a sus espaldas”.

Las palabras del “ideólogo”, un individuo respetado dentro del entorno proetarra, no dejan lugar a dudas : “esto tiene que ver con una estrategia de adaptación al sistema que se ha ido imponiendo en los últimos años. Una estrategia que se orienta exclusivamente hacia la vía parlamentarista, evitando totalmente el enfrentamiento con el Estado y también con el Capital, y que se ha manifestado en todo el proceso de negociación, de entrega de las armas al Estado opresor, de disolución, etc. Esta vía implica también un rechazo explícito al derecho universal a la rebelión contra la injusticia, reconocido hasta por la Naciones Unidas desde 1948”. “Derecho de rebelión” invocado por Gil de San Vicente, algo a tener en cuenta en el futuro. Además, invoca la trayectoria de los comunistas vascos indepentistas del pasado siglo, que concluyeron en movimientos revolucionarios y violentos. Subraya que es fácil “imaginar que es lo que se avecina y seguir con ese camino de lucha”.

Sobre lo que puede ocurrir en el futuro, las fuentes consultadas no descartan que haya algún tipo de recrudecimiento de la “kale borroka” (terrorismo callejero), aunque ven más improbable que se haga uso de las pistolas que tienen en su poder.

El problema es que ATA es un fenómeno en crecimiento y cada vez más son los colectivos que se suman a esta corriente en contra de la oficial, que encabeza Sortu y Arnaldo Otegui.

El dirigente abertzale observa a los disidentes con aparente displicencia pero, según las citadas fuentes, en el seno del “oficialismo” que representa preocupa la incidencia que ATA pueda tener entre sectores de la juventud, en un momento en que se avecina una crisis económicas; y, sobre todo, entre los presos, un colectivo, aparentemente en calma, controlado mayoritariamente por Sortu, pero que está a la expectativa de los resultados de las próximas Elecciones Generales.

Un cambio en el actual panorama político, con el paso del PSOE a la oposición, supondría un revés para sus expectativas. Lo ocurrido en Navarra, con el protagonismo que el PSN ha concedido a EHBildu a cambio de su abstención, es un dato valorado positivamente por el “avance” que supone en la consolidación de parcelas de poder de la antigua Batasuna en la Comunidad Foral y en el País Vasco. Si las cosas cambian en Madrid, las expectativas de los reclusos se harían añicos y el terreno para ATA estaría abonado.

En el informe de la Fiscalía General del Estado correspondiente a 2018, no se descartaba la posibilidad de un rebrote del terrorismo independentista vasco, con “menor capacidad lesiva” y sólo circunscrito a País Vasco y Navarra, aupados por actos de grupos disidentes y radicalizados que han protagonizado algunos ataques de carácter leve en los últimos meses, como boicots a vías ferroviarias o ataques a bancos.

El pasado mes de agosto, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, reconoció que "hay opción de que a medio plazo rebrote el terrorismo" visto el "odio que aún existe" y la "cantidad de niños y chavales" que acuden a los últimos recibimientos a presos de ETA celebrados para "exaltar a los terroristas y legitimar su actividad sin una autocrítica". Se mostró pesimista sobre el futuro al ver este tipo de homenajes donde se recibe a los etarras a su salida de prisión "como si fueran campeones del cuatro y medio o del manomanista".

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