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Los militares españoles cercan a los piratas en Somalia

Los efectivos desplegados en la «operación Atalanta» son una pieza clave en la lucha contra los secuestros

  • La fragata Numancia hizo escala en Yibuti
    La fragata Numancia hizo escala en Yibuti / F. Cancio
Yibuti.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de julio de 2013. 04:42h

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Fernando Cancio - Enviado especial.  Yibuti. 8/7/2013

El calor es asfixiante y el aire quema. Y eso que apenas acaba de amanecer en Yibuti. Son poco más de las 7:00 y en un pequeño campamento se preparan los efectivos del «Destacamento Orión» español. La tripulación escucha atenta las palabras del teniente coronel Cuesta, jefe del Destacamento, y del brigada Ponce, quienes les explican qué van a tener que hacer durante las 8 horas que pasarán sobrevolando la costa de Somalia a bordo del «P-3 Orión». Su tarea: vigilar los campamentos piratas y controlar los cientos de buques y barcazas que atraviesan esa inmensa carretera marítima que surca el Índico. Su área de trabajo: una zona tan grande como Europa. Desde el aire graban vídeos y hacen fotografías, vitales para no perder detalle de cómo se mueven los piratas .

En esta jornada tendrán que «espiar» una quincena de campamentos y no perder de vista los dos únicos buques que permanecen secuestrados con 54 tripulantes y que están a unas 2 millas de la costa: el «Albedo» y el «Naham 3». Los piratas los mantienen unidos por un cable, pero el «Albedo» amenaza con hundirse y no se sabe cuántas personas hay en su interior ni cuántas han sido trasladadas a tierra, lo que dificulta cualquier rescate.

El «briefing» acaba y vuelta a la realidad: el ambiente quema aún más. Los 13 tripulantes suben a su oficina en el aire, dan los últimos retoques y comprueban el material, como el subteniente De León, encargado de tomar fotos a 3.000 pies de altitud. Se preparan antes de otra reunión, en la que, además de otro repaso, el comandante Delgado les recuerda aspectos como no olvidar el dinero. Dinero, sí, por si tuviesen que aterrizar en otro país.

Y a las 8:15, despegan. En tierra queda el resto del destacamento, que irá recibiendo la información que le envían desde el aire para analizarla. En total, en esta minúscula ciudad, que tiene, eso sí, calle Real, viven 56 militares.

Pero el «P-3 Orión» no es la única unidad española que lucha contra la piratería. No muy lejos, en el puerto, ha hecho escala la fragata «Numancia», que trata de frenar a estos delincuentes en el mar. Son los que se acercan a los buques sospechosos y los que tienen que escoltar a los barcos del Programa Mundial de Alimentos. Este buque se desplegó en «Atalanta» el 6 de abril y a bordo viajan 182 marinos y un equipo de protección de Infantería de Marina. Al mando está el capitán de fragata Luis Díaz-Bedia. Sus misiones suelen prolongarse unas dos semanas y en ellas tienen que escoltar barcos, investigar embarcaciones sospechosas, prestar auxilio a naves en apuros y enseñar a los pescadores y marineros cómo prevenir ataques.

Están preparados para todo y, aunque su principal misión es escoltar y vigilar, pueden tener que entrar en acción en cualquier momento. «No dejamos de ser un buque de guerra, aunque hagamos de coche de Policía», comenta el alférez de navío Rojas, quien recuerda la importancia de los dos helicópteros embarcados, con los que realizan escoltas y obtienen una valiosa información, algo que también logran con «visitas» amistosas a los buques. Gracias a ello, confirma el comandante, han comprobado que muchos piratas se han «reconvertido en vigilantes de seguridad» de las barcazas pesqueras.

De vuelta en el «Destacamento Orión», el avión acaba de aterrizar y toca analizar la información. Estudian al detalle las fotografías de los campamentos y observan si hay más vehículos o antenas de lo habitual, si hay movimiento o si hay personas armadas. Y son tan importantes las imágenes que puedan tomar que el piloto de este avión, capitán Navarro, asegura que «el grueso de la misión parte del fotógrafo», quien va indicando cómo moverse. Eso sí, reconoce que la tripulación «sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Podrían hacer las misiones sin hablar».

Y aunque sus misiones suelen ser tranquilas saben que al sobrevolar los campamentos han de ir con cuidado. En una ocasión alguien les disparó, sin daños, con una AK-47. «El del gatillo fácil» le llaman.

Más de un año sin asaltos

La situación en el Índico no es ni mucho menos la que había en 2009, cuando arrancó la «operación Atalanta». Ese año hubo 163 ataques y 46 secuestros y durante los dos años siguientes las cifras aumentaron hasta los 176 ataques y 25 secuestros de 2011. Pero a partir de ahí, todo cambió. En 2012 ya sólo se contabilizaban 35 asaltos y en 5 de ellos los piratas lograron su objetivo. Mientras, en lo que va de 2013 sólo se han registrado 3 ataques.

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